Llevamos cuatro meses saliendo y hoy planeé invitarla al cine. Todavía recordaba con algo de pena lo pasado y sé que ella igual. Era tierna, cariñosa y detallista pero mantenía cierta distancia. Estaba luchando contra sus ganas de estar conmigo. No era mi intención castigarla, simplemente no me sentía lista. Supongo que eso lo sabría en mi corazón, no existe una ley de tiempo.
Sonó mi celular sacándome de mis pensamientos. Era Helena.
__ Juliana, ven a mi piso por favor. Me siento muy mal. Escucha, En tu bolso metí un juego de llaves hace un mes, no tardes.
Se oía bastante afligida. Me dí un baño y me dirigí hacia allá.
Cuando entré la encontré acostada, estaba roja. Toqué su frente y estaba ardiendo. Fiebre sin duda.
__ Helena vamos, ayúdame. Ven conmigo.
La tomé de un brazo y lo coloqué alrededor de mi cuello para intentar ponerla de pie. Tomé su cintura con mi mano libre y la llevé al baño. Le quité la dormilona que la cubría y la metí en la bañera.
__ Siéntate - Le ordené.
Abrí el grifo mientras tomé un paño pequeño que estaba colgado en la pared para mojarlo. Lo coloqué sobre su cabeza y lo exprimí suavemente, viendo como corría el agua y mojaba su cabello. Repetí esto varias veces, recordando cómo le bajaba la fiebre a mi primo Victor. Ella tenía los ojos cerrados. Pude ver a través del agua su silueta al natural y me ruboricé un par de veces.
Helena que era una chica pícara y fiel consiente de sus encantos, en otras circunstancias habría espetado alguna palabra que haría ruborizarse hasta al más extrovertido. Pero no era el caso y lejos de sentirse así, estaba avergonzada de su desnudez. No por no estarlo antes ante alguna conquista, sino porque esta vez era diferente.
Por mi parte, era la primera vez que veía algo así, tomando en cuenta que mi propio cuerpo no aplica. Y esto no se comparaba en nada con haber visto en ropa interior a una compañera de cuarto en un campamento hacía algunos veranos atrás. Esto era sencillamente... diferente.
__ Ven, te ayudo - le ofrecí rápidamente mi mano para que pudiera levantarse y le di su bata y una toalla, sabiendo que pondría fin a mi visión.
__ Ejem, gracias. Ya me estoy sintiendo mejor - contestó tímidamente.
La llevé a su habitación y siguiendo su instrucción, busqué ropa limpia en su clóset. Le di la espalda mientras se vistió y se acostó en su cama.
__ ¿Quieres que llame a tu doctor? - pregunté.
__ No, ya me siento mejor - respondió.
__ Me quedaré contigo ésta noche, si te parece bien - le propuse. Propuesta que simplemente salió de mi boca sin que lo halla meditado antes.
__ Me sentiría más tranquila, Juliana. Ponte algo cómodo, elige lo que te guste - puntualizó.
Tomé del clóset un mono y una franela. Me acosté a su lado. Giró dándome la espalda y tomó mi brazo para colocarlo alrededor de su cintura.
__ Buenas noches - dijo ella, moviendo su cuerpo hacia mí.
__ Buenas noches - respondí, respirando en su nuca y oliendo su cabello.
Susurró «gracias» y se quedó dormida.
...
Era nuestro sexto mes juntas y se ha portado super linda conmigo todo este tiempo. Me llama unas cuatro veces al día, me envía mensajitos y me da notitas cada vez que nos vemos. No pensé que llegaría a ser tan romántica y fue así como me enamoré perdidamente de ella. Y no había nada en la vida que deseara más que estar con ella, no había dudas. Simplemente mi corazón me dijo que ya estaba lista.
Aproveché que mamá saldría a Valladolid a visitar a la tía Celia, para planear la sorpresa que le daría a Helena. Decidí hacer los preparativos en casa para que no sospechara de mis intenciones. Mamá sabía que invitaría a una amiga a quedarse, sólo me recalcó la regla «Cero chicos y cero alcohol» y se marchó como a las nueve de la mañana. Llamé a Helena y le pedí que viniera como a las tres de la tarde y trajera algunas de sus películas. Admito que me aburren muchísimo, pero me complace compartir con ella algo que sé que le gusta.
Fui al kiosko de la esquina y compré algunas rosas rojas y blancas. También una docena de velas aromáticas, una Coca Cola grande y algunas golosinas de su gusto. Mamá me dejó suficiente comida para mí y mi invitada, no tendría, sino que calentar y ya.
Llegué a casa, guardé las cosas en la alacena y me fui al cuarto a decorarlo. Imaginé que nunca nadie tuvo un detalle así y a mí me sobraban las ganas de ser linda con ella. Deshojé las rosas blancas y rojas y las esparcí por los lados de la cama y sobre ella. Las velas las coloqué en el suelo de forma paralela a la cama, pero a cierta distancia.
__ Hola amor – me saludó Helena cuando abrí la puerta. La invité a pasar y a sentarse.
__ Esto es para ti. Feliz aniversario – le dije, entregándole una rosa roja.
__ Qué curioso, te traje lo mismo – bromeó, sacando una rosa roja de su bolso.
__ Vamos a almorzar, mamá me dejó suficiente comida como para un batallón.
La tomé de la mano y la conduje hacia el comedor.
Horas más tarde estábamos en la sala viendo una de sus películas, eligió una de Resident Evil y a cada momento saltaba sobre mí. Me resultaba gracioso y enternecedor al mismo tiempo. Al terminar, le pedí que me esperara un momento allí. Fui al cuarto a encender las velas. Volví, la tomé de la mano y le dije
__ Cierra los ojos y ven conmigo.
__ Juliana Vargas, ¿Qué estás tramando? – me dijo riendo y caminando a ciegas.
__ Ya puedes mirar – le dije. Su cara de estupefacción fue tremenda.
__ Esto es… es… hermoso. ¿Eso significa que…? ¿Estás completamente segura?
__ Justo eso significa, Helena - le dije - Vamos, toma mi mano.
Nos metimos bajo la cobija, nos miramos y sólo faltaba que alguna de las dos diera el primer paso. Obviamente quería que Helena lo hiciera, yo no tenía ni idea de cómo. Se colocó encima de mí y me besó. «Soy de las que besa primero» fue un recuerdo que se me vino a la mente cuando la conocí y me causó gracia.
__ Hazme saber si voy muy de prisa o si algo te incomoda ¿De acuerdo? – me dijo, su voz titubeaba y sus manos temblaban incluso más que las mías.
__ Me enamoré de ti ¿Sabes? Y confío que no harás nada que me lastime - le dije, acariciando su mejilla.
Me miró fijamente y volvió a besarme. Simultáneamente fue acariciándome y quitándome la ropa. No dejaba de mirarme mientras se desvestía, su piel entraba en contacto con la mía. Esta vez no me sentí acorralada, estaba decidida a entregarme a ella por completo. Sus manos iban y venían con suavidad, era increíble la sensación que me producía. Mi cuerpo estaba totalmente erizado y mi respiración se acortaba cada vez. No aguanté más y me rendí, ella me tomó en sus brazos.
__ Te amo, Juliana Vargas – su voz se quebraba mientras me llenaba de besos – este es el mejor momento de mi vida. Luego recobrando la compostura, sonrió diciendo: __ Cuéntame preciosa, ¿Cómo te sientes? ¿Ha sido de tu agrado?
__ Fue mejor de lo que esperaba – murmuré - Nunca me he sentido mejor. Gracias por esperar, no quería tomar esta primera vez a la ligera.
__ Nuestra primera vez, mi amor. Lo ha sido para mí también.
Ahora pensaba en como compensar a mi chica. Me moví para quedar sobre ella. No tenía ni idea de lo que tenía que hacer. Ella vio la angustia en mis ojos y me dijo al oído.
__ Sólo piensa en lo que sientes por mí en este momento y deja que todo fluya. Tócame donde quieras, soy completamente tuya.
Me besó y encendió el fuego otra vez. Tocarla era sencillamente mágico y el roce que hacía mi cuerpo con el suyo era indescriptible. Continué moviéndome hasta que me apretó fuertemente y en un gemido ahogado se dejó venir. Nunca creí que fuera capaz de lograr eso sin ningún tipo de preparación.
__ ¿Estás cómoda? - preguntó en tono juguetón.
__ Sí, mucho. Podría quedarme así por siempre - le dije mientras seguía sobre su cuerpo.