Después de su último encuentro Lena trató de que pasaran unos días más y tratar de volver a la rutina, recuperar algo del control dentro de esa nube de deseo que la perseguí: curro, casa, amigos y tocarse cuando ella lo deseara, pensando en la polla del taxista, en cómo era capaz de sacar lo más oscuro de ella y hacer que se corriera una y otra vez, el sabor de su semen en la boca, en quedarse sin aire cuando la llenaba. Estaba enganchada, pero se había obligado a no escribirle, ver qué podía pasar de él y no dar imagen de desesperada. Quería ver si él daba el paso otra vez. Y lo dio. Era viernes de noche, Lena estaba en pijama viendo una serie aburrida en su casa, cuando sonó el telefonillo. Miró la hora: las once y media. “¿Quién coño…?”, pensó. —¿Hola? ¿Quién es? — preguntó casi pr

