Los días siguientes fueron un infierno para Lena. Trataba de que nadie notara nada: llegaba al curro, sonreía a los compañeros, contestaba correos, preparaba informes... pero por dentro era un torbellino. Cada vez que veía su reflejo en algún espejo, ya fuera en su casa o en un escaparate de la calle podía imagina las marcas en su piel, el sudor, su culo forzado, abierto, manos por todas partes, sometida por esos tres hombres. Y el calor su coño, el dolor que se transmitía a sus duros pezones, sus ganas de que pararan y … siguieran, que la tomaran como ellos quisieran. Eso la ponía cachonda en dos segundos. Se odiaba por eso. Ese sentimiento de culpa, odio, asco y placer total la tenía loca, nerviosa. En la ducha se tocaba pensando en las pollas negras restregándose por su cara, en c

