La semana estaba transcurriendo más o menos normal, si por normal podía pasar el estar caliente casi las 24 horas del día. Le costaba concentrarse, desviar la atención a las rutinas que siempre la acompañaban. El miércoles por la mañana Lena se disponía a salir de casa con prisas, ya que llegaba tarde al curro. Bajó al portal, ajustándose aun la blusa y al salir a la calle se quedó de piedra. Él estaba allí, esperándola. El taxi parado justo enfrente, con él asomado por la ventanilla, esa sonrisa pícara y los ojos clavados en ella. —Sube, pelirroja. Ahora —dijo él con voz grave, sin saludar ni nada, como si fuera lo más normal del mundo. Lena se paró en seco, el corazón le dio un vuelco. —¿Qué coño…? ¿qué haces aquí? —protestó, mirando alrededor por si alguien los veía. Estaba sorpren

