Cuando bajó al portal el taxi ya estaba esperando, con el motor encendido. Lena, con el corazón latiéndole a mil, se acercó al taxi, muy nerviosa. Él estaba dentro, con esa mirada que tanto recordaba. Abrió la puerta trasera pero cuando empezaba a subir él la frenó con una risa grave. —No, guapa. Hoy delante. Ven aquí—poniendo su mano en el asiento del copiloto. Lena obedeció, abrió la puerta de acompañante y se sentó al lado del hombre. Él no la miró y arrancó despacio, pero en vez de preguntar a dónde, metió la mano directa entre sus muslos, subiendo la falda de un tirón. Lena se quedó sin palabras, como hipnotizada. —Sin bragas, ¿eh? Buena chica. Sabía que vendrías preparada para que te trate como te mereces. El taxi ya se movía cuando el hombre, sin mediar palabra, acercó sus de

