La pelirroja 8

1355 Words

Lena había sucumbido. Después de haberlo aclarado con el taxista se sentía confiada, como si ahora sí controlara lo que pudiera pasar si seguía viéndole. Aquella noche expuesta, sintiéndose el centro de deseo de aquellos hombres pero inalcanzable le había encantado. Eso del dogging, como le explicó luego él que era lo que habían hecho, había entrado en el ranking de cosas a repetir. No aguantó mucho más por tanto en volver a llamar a su amante. Una semana después del dogging, que la había dejado temblando de morbo y adrenalina, le escribió al taxista: “Quiero algo nuevo, pero que yo controle, ya sabes”. Él respondió rápido: “Hoy no puedo pero si quieres te recojo mañana noche. Confía”. Quedaron sobre las diez de la noche y ella subió al coche con esa sonrisa nerviosa. Lena iba con un

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