El humo aún no se había despejado de la muralla cuando el segundo cuerno del alba resonó sobre el valle. Pero esta vez no anunciaba guerra. Anunciaba juicio. —La druida ha sido convocada —susurraron las mujeres en el patio, como quien menciona a un espíritu y teme que aparezca. La noticia corrió más rápido que el fuego. Los hombres dejaron las armas a un lado, los ancianos descendieron de la torre apoyándose en sus bastones, y hasta los niños se quedaron inmóviles, mirando cómo los guardias abrían paso entre la multitud. Yo permanecí cerca del portón norte, aún con el escudo manchado de polvo. Pero al escuchar su nombre, algo en mí se despertó… algo antiguo, visceral, que siempre me había perseguido. Mi madre de crianza se acercó y tomó mi brazo. —Hijo… —susurró— será hoy. No pr

