Pov: Helen
Es alto, moreno como de un tono caramelo, cejas gruesas y negras, barba prolija, cabello igual de n***o que sus cejas, pequeños indicios de un pelo rizado muy característico de esa piel tan morena.
No recuerdo haberlo visto en las fotos que me mandó Joe.
Su ceja arqueada esperando algo de mí, cómo si yo le debiera, me molesta bastante, pero ante todo soy una persona con modales.
— Disculpe caballero, pero no tengo idea quien es usted y en caso que hace unos segundos haya causado algún mal con mi pequeño accidente, sepa entender que no fue adrede y me disculpo por aquello.
— No confíe en ella, no sabe disculparse y seguro entro a hurtadillas de la seguridad — abro mi boca asombrada por sus palabras al igual mis ojos se clavan en el con reclamo.
¿Por qué dice eso?
— ¡No es cierto! — mis modales quedan a un lado cuando él me está acusando deliberadamente sin siquiera conocerme.
—Sí, es cierto — su tranquilidad me enoja y soy buena para mantener el control de mi cuerpo pero no de mi lengua.
— No lo es caballero, deje de acusarme porque yo a usted no lo conozco para tener tal confianza, cierre su boca solo lo pisé y me acabo de disculpar — clavo mis ojos a los suyos de forma amenazante.
Sus ojos parecen casi negros perdiendo por completo el iris del ojo en su color, una mirada dura, firme y penetrante, pero no me intimida, no cuando me acusa de... ¿De qué me acusa?
De no ser confiable y yo si lo soy.
— Una disculpa muy mediocre.
— No debería hablarle así a la señorita, ella se ha disculpado — William Coleman interfiere y en vez de sentirme halagada me sentí ofendida.
Cómo si yo no supiera defenderme sola.
— Gracias por la ayudar caballero, pero soy capaz de defenderme de este patán.
— ¿Qué acaba de decir? — reclama el moreno mal humorado.
— La verdad en ciertas ocasiones suele ser ofensiva, pero siempre está en uno poder cambiar eso y que su verdad sea más amena de percibir — Se para frente a mí.
— Usted... usted debe volver a disculparse porque ayer también mientras huía de...
— Hel, al fin te encuentro, te me perdiste de vista — Joe me toma del brazo sacándome de esa situación. — Cinco segundos y ya te has metido en problemas, Helen. — Me quedo viendo al patán y descortés moreno idiota ese.
— No fue mi culpa en absoluto, él solo me acusó, me llamó poco confiable y encima quería que me disculpara por...
Ya comprendo, supongo que lo que llaman casualidades acaba de suceder, "Porque ayer también mientras huía", Al parecer está afectado porque fue golpeado dos veces por la misma persona.
De todos modos no tenía derecho a arruinar lo que estaba por conseguir, ahora ni siquiera podré tener de posible candidato a William Coleman, me mostré autosuficiente frente a él, descartado, no me querrá cerca.
— No importa Joe, ese tipo es... no puedo entender como pertenece a la alta sociedad — Joe se carcajea.
— Yo pertenezco a la alta sociedad y no lo parezco.
— Al menos tienes modales — Llegamos a una mesa donde veo a su padre hablando con otros hombre mayores.
— Solo quédate aquí, cuando termine la subasta los jóvenes se reunirán en el salón de juegos, ahí podrás buscar a tu candidato, solo se reúnen los hijos de las familias más ricas e influyentes y agradece que sea un Queen porque podremos entrar allí sin problema — Asiento y controlo mi semblante volviendo enfocada a lo que vine a hacer.
— De acuerdo.
Traen platos de aperitivos y copas de alcohol, el cual no bebo, yo no tomo alcohol seguido, no más de una copa, no necesito tener mi primera borrachera hoy.
..................
— Y entonces hablan de sus deprimentes vidas de ricos y de los autos deportivos que tienen llenos de polvo por no poder salir a hacer pendejadas y ocuparse de seguir millonarios, comprendo completamente.— mi ironía hace que Joe ruede los ojos.
— Es lógico que no comprendas, no es fácil esta vida y manejar o ser herederos principales de un imperio. — suspiro mirando a mi amigo.
— Lo siento, a veces no pienso al hablar es que... para mí es tan natural y es lo que haría sin siquiera afectarme el hecho de enfocarme en el trabajo.
— Es porque tú eres como un robot, amiga mía — aprieto mis labios completamente inexpresiva.
— Probablemente ese sea el secreto de mi triunfo — un resoplido divertido sale de la boca de Joe.
— No tienes remedio, vamos a ver si seguimos con tu locura — entramos a un salón con paredes aterciopeladas color bordo.
Se puede visualizar una mesa central redonda donde hombres y mujeres no mayores a 30 o 35 años como mucho hablan, son pocos los de nuestra edad, puedo notarlo.
Beben y fuman riendo, un ambiente bastante nuevo para mí.
— Buenas noches — Joe saluda y yo hago eco a sus palabras porque está claro que hablar por mí misma es todo un problema, lo cual nunca llegaré a comprender.
La honestidad es muy buena, pero supongo que mi pasiva-agresiva forma de ser con las personas no es buena para hacer amigos, ser una tonta es más fácil. Decepcionante que hoy en día las mujeres tontas aún sean atractivas, supongo que los hombres de poder no necesitan a una mujer inteligente a su lado, si está tiene malas intenciones le robaría su dinero y si está es buena... supongo que nunca lo sabrán si siguen evitándolas.
En fin no es tan importante, siendo una mujer pensante e inteligente sé que no necesito a nadie.
Mantengo mi impecable sonrisa todo el tiempo observando a los hombres en la mesa, me gano varías miradas, ahora solo debería elegir a cuál acercarme.
— Mi padre me dio 4 meses para encontrar esposa, sino me deshereda — claramente tú... Gale Reave no eres mi candidato, está más necesitado él que yo.
— Y mejor que sea una de buena familia, ya me imagino las exigencias del señor Reave — comenta fastidiado... Castaño, ojos miel... sí, Felix Campbell.
— Las exigencias suben cada vez más muchachos y no solo para elecciones de Damas sino también de caballeros.
— Es que se busca mantener el mismo nivel adquisitivo de ambas familias y de esa forma terminamos con matrimonios infelices, cuando se den cuenta que podrían haber logrado más con otros métodos será tarde y muchas generaciones pasarán teniendo una mediocre felicidad — mientras digo todo eso que salió como vómito de mis labios, noto una figura llegar a la mesa y sentarse a un costado.
No me giro a mirar porque sería darle demasiada importancia a algo que solo llamó mi atención sin saber la razón.
— Pero a la vez ¿Quién no quiere experimentar el primer amor? Dicen que de los matrimonios arreglados salen muchas parejas que se aman — trato de arreglar lo que dije que no fue para nada conveniente, diciendo todo esto que me da ganas de vomitar de pensarlo.
— ¿Entonces usted cree señorita que lo mejor son los matrimonios arreglados? — guío mis ojos para encontrarme con esos ojos tan oscuros que me dan rabia.
Sí, tenía que ser él.
— No sé si es lo mejor, pero supongo que nuestros padres quieren lo mejor para nosotros — no puedo ahora mismo espantar a todos en la mesa así que me trago mi opinión.
— Hel… — Joe susurra — Mi padre está arreglando unos negocios y aprovecharé que quiere que lo acompañe, te conseguiré una entrevista con alguien importante, si no funciona aquí, iré a garantizar un plan b — lo miro confusa — Te vendré a buscar en breve. — Señores me marcho un momento, fue un gusto pasar el rato aquí — Joe se marcha y me quedo sin saber qué hacer.
Yo... soy peligrosa sin supervisión.
— ¿Sales con Joe? — Pregunta un rubio a mi lado, lo miro bien.... George Harper.
— No, solo... solo somos amigos, estudiamos juntos y... me trajo aquí...
— Para pisar personas — me giro clavando mis ojos que deben verse encendidos por la molestia que acaba de ocasionar ese sujeto.
Su risa burlona mientras se toma el atrevimiento de acotar en una conversación que nadie lo invito.
— ¿Disculpe? ¿Acaso usted está interrumpiendo una conversación ajena? No tiene cinco años para hacerlo — me mira sin ningún ápice de vergüenza.
— No he mentido, usted me pisó y me empujó, en dos ocasiones, en dos días — trato de mantener mi papel.
— La primera vez no lo vi y yo...
— Huía de la seguridad porque no tenía su invitación — quiero hablar pero es cierto lo que dice.
— Tuve un percance y no tenía mi invitación es cierto, no sé qué quiere que le diga — abro mis ojos mostrando mi agresividad pero a la vez trato de no salirme de lo que debo hacer.
— Que se disculpe simplemente — con su mano al frente detiene mi hablar — Tiene razón, es infantil lo que pido, mejor lo olvido — puedo percibir cinismo en su hablar pero llevarle la contraría me haría quedar mal a mí.
— Ya se solucionó, no creo que sea bueno que una dama discuta con un caballero — miro a George pensando la idiotez que acaba de decir. — ¿Jugamos al billar? — Mira al moreno que tanto me exaspera — Tú puedes ser árbitro — Lo observo pensando que soy excelente jugando billar, si acepto ser árbitro podría hacer de George mi candidato para la tesis, lo correcto sería hacer eso.
Sí, es lo correcto.
— Me encantaría — sonrío mostrándome complaciente con él.
— El billar no es fácil, pero ya que eres atenta serás una buena árbitro — acota el moreno parándose con mucha tranquilidad.
¡Qué sujeto más molesto!
— Listo para la revancha, Reave — observo como el moreno habla con Gale Reave.
Lo mejor es ser árbitro, Helen… me repito para mí misma.
— Esta vez no apostaré porque estoy seguro que haces trampa — se queja Gale.
— Juego limpio, habilidad innata.
— Oponentes fáciles — se me escapa sin pensar y sé que de nuevo mi boca me juega una mala pasada cuando unos ojos negros y penetrante me observan.
— ¿Usted cree? ¿Alguna vez jugó billar? — Me enderezo.
— Soy excelente jugando billar, diría que la mejor ¿Usted es buen perdedor? — enarco una ceja acentuando mi pregunta.
Debía callar, pero no pude y ahora es mi orgullo lo que está en juego.
— ¿Lo es usted? — sonrío apretando los dientes.
— Yo pregunté.
No va a desviar mi pregunta, este hombre es exasperante.
— Soy buen perdedor, porque nunca pierdo — una pequeña risa burlona sale de mis labios.
Es un engreído.
— No creo que sea bueno.
— ¿En qué?
— En el billar, ni perdiendo, como dije antes, oponentes fáciles.
— ¿Eso piensa?
Eso es lo que pienso, no es que sea engreída, solo que de verdad soy buena en el billar, si de algo no sé yo solo me quedo callada.
— En síntesis.
Su risa ronca y fuerte resuena.
— Creo que usted es pésima perdedora.
— ¿Quiere averiguarlo?.
Joe espero que tu Plan B siga en pie porque arruinaré todo aquí, tarde para pensar y replantearme mantener la boca cerrada.
— Sería humillarla y no sé si eso es caballeroso.
— ¿Teme perder?
Lo supuse, no jugaría con una mujer.
— ¿Qué gano? ¿Me dará la disculpa si pierde? — ruedo mis ojos.
— ¿Seguirá con eso?
— No, pero ¿Qué otra cosa podría pedir si gano? — me escanea y frunzo el ceño. — ¿Qué podría pedirle?
— No se pase, porque mi lengua no es lo único que sé usar para defenderme — una sonrisa divertida se dibuja en sus labios.
— Ya lo sé — su sonrisa no se borra y me fastidia.
— ¿Qué? ¿Qué quiere si gana?
— Un día — arqueo una ceja sin comprender.
— ¿Un día? ¿Un día para qué? — una risa corta y sarcástica sale de él.
— Un día donde usted deberá pasarlo conmigo — se acerca más a mi haciendo que levante un poco mi cuello para verlo a la cara — Eso quiero si gano señorita, que usted pase un día completo conmigo.
— ¿Es un acosador o algo así? ¿Un pervertido? — se carcajea.
— No, solo quiero descubrir que esconde debajo de ese carácter e inteligencia, llámele curiosidad — se ve tranquilo y no parece que mintiera.
Cómo me fastidia este tipo.
— ¿Qué quiere usted?
— No verlo más, ni volver a cruzármelo nunca más para evitarme la molestia de soportar su sola presencia — escupo enojada por lo mucho que él me altera.
— De acuerdo, tenemos un trato señorita — su sonrisa de satisfacción es...
Cómo me molesta su sola presencia.
¡Ash!
— Así es — expreso tajante, tenemos una apuesta que no pienso perder.