Capítulo 4. Enfrentamiento. Su acento ruso es indescriptible, pero esa manera en la que intenta hablar en italiano es única. Se lanza hacia mí: patada y puños constantes. Los detengo todos, cada movimiento, mientras me hago hacia atrás, quedando acorralada contra la pared. Rápidamente me volteo, esquivando la patada que me lanza y, sin perder tiempo, contraataco con dos patadas que él esquiva. Intenta sujetar mi pierna; yo lo detengo con una patada que lo hace retroceder. Él suspira, me mira fijamente y yo sonrío, dándole una señal para que se acerque. Aún no le hablo; creo que todavía no cae en la conclusión de que soy una mujer, por lo que no retrocedo. Me voy sobre él: patada, puño, patada, puño y termino con una bofetada que lo enfurece aún más. “Blyad’…” (¡Joder!) Me acerco aú

