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Capítulo sesenta Muevo mi pie de un lado a otro mientras que le tiro un ojo a los papeles que tengo en la mano, pero a quien mierda quiero engañar cuando es más que evidente que no puedo dejar de pensar en la persona que no deja de rondar en mi mente. Desde que me acuesto hasta que me levanto lo tengo en la cabeza y es tedioso, porque no supero todo lo que me hizo y mi corazón solo lo ve y es ponerse de la manera en la que llegue justo al estar dentro de la oficina. Dios... ¡No es justo! Dejo los papeles a un lado posicionando mi cabeza sobre el escritorio y doy un largo suspiro recordando lo que me dijo justo antes de salir disparada del elevador. Sonrío sin poder evitarlo y niego sabiendo que esas son las pequeñas cosas que mueven mi corazón y que me enojan que haga en estos moment

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