Las extrañas rosas.

907 Words
Cuando me desperté, el dolor de cabeza era casi insoportable. Recordaba que había sido una noche larga y descontrolada, y la fiesta no había sido la excepción. Me levanté, me lavé la cara y me arreglé el cabello. Sentía un ligero mareo mientras caminaba por la casa. Al salir de la habitación, me topé inesperadamente con Matías. Él estaba saliendo de la ducha, con una bata que apenas cubría su cadera. El agua goteaba por su piel y su cabello estaba húmedo, dándole un aire despreocupado y atractivo que me hizo tragar saliva. —Julia, levanta la vista. —dijo Matías con una sonrisa traviesa—. O empezaré a pensar que te fascina tropezar conmigo. Mi cara se sonrojó de inmediato. Intenté mantener la compostura mientras me enderezaba. —No, no es eso. —respondí, evitando mirarlo directamente. Matías soltó una risa suave, sin dejar de mirar cómo me ruborizaba. Cuando me di la vuelta para alejarme, Matías me lanzó una última mirada con una sonrisa irónica. —¿Puedo irme o seguirás mirándome, rubia? —No te estaba mirando —respondí con desdén—. Y deberías tener un poco de respeto. No es apropiado andar por la casa en bata. —No estoy desnudo, pero podría quitarme la bata si lo deseas. —dijo él, con una sonrisa que me hizo sentir incómoda. —Eres un imbécil. —exclamé, sintiendo una mezcla de enfado y decepción—. Te recordaba como un hombre respetuoso, no como un patán. Es evidente que has cambiado. Con una última mirada de irritación, choqué su hombro y bajé las escaleras con prisa. Cuando llegué al jardín, Lucia estaba esperando con un desayuno dispuesto en la mesa. —Julia, buenos días. Se me parte la cabeza. ¿Desayunamos en el jardín? —Debo irme, Lucia. —dije, tratando de sonar lo más tranquila posible—. Aprovecha el desayuno. Matías no ha dejado de enviarme mensajes desde la fiesta, pero los he ignorado, al igual que a Rafael. La situación es incómoda y no sé cómo manejarla. Estoy en la universidad con Carla y Lucia, y Lucia sigue hablando sobre su amigo virtual. Me molesta que Carla converse con desconocidos; me preocupa que algo malo le pase. En medio de la conversación, Carla menciona que Matías no ha dejado de llamarme. —Matías no ha dejado de llamarme desde la fiesta —presume Carla—. Creo que me pedirá que sea su novia. Lucia, con un tono de desdén, responde: —No te hagas ilusiones, Carla. Mi hermano lo último que desea es una nueva novia. Carla no se deja desanimar: —No me subestimes. Mati me ha dicho que lo vuelvo loco. En ese momento, veo un auto n***o estacionarse frente a la universidad. Mi corazón se acelera cuando veo que es Matías, quien sale del vehículo con un ramo de rosas rojas en las manos. —Lo ves, Lucia —digo con voz tensa—. Ahí está Matías. Carla se acercó a Matías, pero él giró y se centró en mí. Me miró con una mezcla de expectativa y arrepentimiento. —Julia, sé que empezamos con el pie izquierdo. Fui un torpe y quiero disculparme. Me encantaría que volvamos a ser los mejores amigos de siempre. ¿Me perdonas? Lo miré de arriba a abajo, notando las rosas en su mano. —Primero que nada, esas rosas son raras —dije, con una sonrisa irónica. Él soltó una risa ligera. —Decidí traerte una rosa de cada ramo. No recordaba cuáles eran tus favoritas. Mi sonrisa se suavizó al ver la sinceridad en sus ojos. —Pues mis favoritas son este ramo a partir de hoy. Gracias —respondí, aceptando las flores. —También estoy aquí, Mati. Qué bueno que has llegado, así nos llevas a casa —bromeó Lucía, con una sonrisa traviesa. Matías la miró y soltó una risa. — Está bien las llevaré a ccasa.— Comenta él — Si deseas que Julia te perdone lleva mi mochila. — No te pases — Matías rodea los ojos. Cuando llegamos al coche, noté que Carla estaba claramente molesta. Sus ojos se clavaron en mí con una expresión que no dejaba lugar a dudas sobre sus sentimientos. Mientras Matías y yo nos preparábamos para irnos, Lucía se acercó a Carla, la tomó del brazo y le susurró algo al oído. Carla asintió, aunque seguía luciendo molesta, y se dirigió hacia el asiento trasero con una expresión de resignación. —Yo traje el coche, así que me encargaré de llevarlo de regreso más tarde. ¡Nos vemos chicas! —saludé a Carla y luego a Lucía con un abrazo, tratando de suavizar el ambiente. —No seas aburrida, Julia. Yo te llevo a casa y luego envío a mi chófer por tu coche. Además, tío Alex no me perdonaría que deje a su princesa conducir sola —dijo Matías con una sonrisa, encendiendo el motor del coche. —Reí—. Aún no está oscureciendo. —De todas formas, soy un caballero —añadió Matías mientras me miraba de reojo, con una sonrisa que intentaba aliviar la tensión. Finalmente, acepté su oferta y me subí al asiento de copiloto. Sentía un nudo en el estómago, la cercanía de Matías me ponía nerviosa, pero traté de mantener la calma. Lucía y Carla estaban en el asiento trasero, y Lucía parecía estar intentando suavizar la tensión charlando.
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