Capítulo 3

3151 Words
—Llego la hora de bajarse y dejar de secretear —la voz de Rust nos devuelve a la realidad, volteamos hacia él, y vemos que tiene apuntado a Jhonny ¿Por qué, no me sorprende? —Lo sabía, eres un sucio traidor – le escupe Sofía con todo el odio que puede sentir, arruga la cara y se prepara para responderle a sofí lo sé. — ¡Cállate Maldita aparecida! Tú ni si quieras eres parte de esta familia, pero andas de un lado a otro con esta estúpida, cuidándola, que buen trabajo cierto, fingir ser amiga, de una de las culpables de la muerte de tu Madre —incluso para él  decirle eso fue bajo. Pues… Yo puedo ser lo que tú quieras pero no soy una cobarde como tú —le responde muy enojada, para nada afectada por sus palabras y culminando se lanza sobre él, comenzando a golpearlo. Veo como Sofía y Deivis luchan dándose manotazos es cuestión de minutos, pero yo lo veo como si fueran horas.Tengo miedo mi cuerpo tiembla, mi estomago está totalmente cerrado no logro pensar y ver cuál sería la solución. Jhonny comienza a interceder y trata de llegar a Deivis que con la pistola en la mano izquierda forcejea aún con Sofía, esta grita miles de insultos hacia él, con odio y demás. Pero no hay manera de que Jhonny llegue libremente hacia ella, porque están algo enredados y no se sabe como separar uno del otro, estos minutos son eternos y de repente todo se queda en silencio, no escucho los gritos de Sofí, ni a Jhonny gruñir, volteo hacia mi ventana y veo que uno de los hombres que está más cerca intenta abrir la puerta de nuestro lado mientras los demás se acercan. Y así Todo transcurre en cámara lenta, el sonido del primer disparo origina el silencio presente, todos congelados sin moverse, los hombres de afuera corriendo hacia la camioneta, Sofía y Deivis con el arma en sus manos y Jhonny cayendo hacia atrás en el puesto del conductor, Sofí grita y yo vuelvo a la realidad, y cada sonido se hace presente, todos mis sentidos vuelven a estar activos en mi cuerpo. Volteo rápidamente hacia Jhonny quien esta tapándose el pecho mientras la sangre comienza a correrle y con una mano sostiene la herida. **************   Tenemos un buen tiempo sentadas en el desnudo colchón, no sabíamos que tanto había pasado nos habíamos levantado dos veces cada una para usar el baño y tomar agua, del grifo pero no teníamos mas opción y el estar con muchos nervios solo aumentaba la sequedad en nuestras bocas. Escuchamos unos pasos y la puerta perder las cerraduras que nos mantenían dentro de esta oscura habitación, hasta el día de hoy no me daba miedo la oscuridad, pero realmente eso cambiaria. —Arriba niñas, hay alguien que quiere conocerlas — hablo uno de los hombres de los que entraron, eran cuatro altos con cuerpo gruesos, para nuestra corta edad eran inmensos nos daban miedo, y ¿Cómo no? dos niñas con tantos hombres con mentes malvadas, ya nos habían secuestrado y golpeado como no temerles desde el principio. —Llévenlas abajo y llámenlo, díganle que están aquí, que empezaremos con el interrogatorio. — ¡Sí, señor! —contestó el chico con el pasamontaña que nos jaló de la camioneta a Jhonny y a mí. —Caminen princesas que las esperan ansiosamente. Caminamos en silencio nos hicieron bajar unas escaleras estábamos en una casa grande pero muy oscura y estaba segura que aun no anochecía para que estuviera en tanta oscuridad la casa entera, llegando abajo habían varias sillas era un espacio totalmente vacío y con varias ventanas pequeñas que daban a un patio. Un hombre moreno de contextura delgada estaba cerca de unos estantes de metal; grises donde había varios objetos, frascos, toallas, tobos grandes y muchos objetos conocidos y  otros extraños. Asustada era poco, con el miedo que recorría mi cuerpo en este momento, no podía sentir mis piernas, mis manos cada vez se helaban más, y las lágrimas infinitas corrían por mi cara sin si quiera yo las notara, no había llanto solo salían. Terror eso es lo que realmente definiría lo que estaba adueñado de mi cuerpo, podría pelear, manejar un arma, conocer las mejores formas de escapar o quizás intentar de poner el juego a mi favor con persuasión, pero de nada servía en este momento. Solo somos dos niñas con extremos conocimientos, que en este puto mal momento no podemos poner en práctica o por lo menos no teníamos pensado en cómo hacerlo. Fuimos sentadas cada una en una silla colocadas frente de la otra, nos ataron las muñecas con unas correas de cuero, tobillos y torso obtuvieron el mismo procedimiento, atado con correas de cuero. Sofía, me hizo señas de que me mantuviera callada, eso debía decir que pase lo que pase no debíamos decir nada sobre nada. Mudas esa era la manera que debíamos permanecer o intentarlo. —A ver, señoritas permítanme presentarmes — comenzó a decir el hombre, con un acento algo raro, parecía que le colocaba eses en algunas palabras. —Yo, soy Devirs. Y seré sus entrevistadors —nos dijo mientras se acercaba a nosotras con las manos en su espalda. —Verán, necesitos ciertas información ques unas dos ustedes conoces, asi ques si queres mantener esas hermosas rostros deberans ser muys habladoras ¿Han entendidos? Con algo de dificultad entendimos lo que nos dijo, pero aunque su voz y expresiones nos asustaban no respondimos. —Dije, que sís ¿Han entendidos? —gritó fuerte cerca de la dos con la cara roja y la saliva saliendo de su boca por el grito.             Ambas brincamos en las sillas, creía que me desmallaría, una vez Augusto nos estaba enseñando las posibles torturas que ejercían sobres los secuestrados, que todo dependía del país donde sea originario el torturador, hay cosas que se creen solo salen en películas, pero la maldad del mundo es infinita la mente humana es extensa y de esta pueden salir los más perversos y macabros pensamientos, de eso no hay dudas y ese día aunque por mala suerte una más que la otra, nosotras nos dimos cuenta que era cierto. —Biens ya que no van hablars, comenzare a decirles comos nos comunicaremos —continuó al ver que no decíamos absolutamente nada. Coloco sus manos hacia delante para que pudiéramos verlas, en cada una tenía una cajita roja, parecían unos cofres pequeños y estaban forradas en terciopelo. —Ellas son mis amigas, son mis cofres des aflojars lenguas cerradas, como sus bocas. Tocó cada una por un lado con sus pulgares y se abrieron mostrando muchos alfileres, por lo que podíamos ver. Un escalofrío recorrió mi cuerpo instantáneamente, levante la vista hacia Sofía y su respiración era más rápida, su pecho subía y baja constantemente y sus ojos estaban llenos de lágrimas, que fallaron al igual que las mías en permanecer dentro. —Oh. Empecemos, estoys emocionados. —Tomó cada cofre y lo colocó frente de cada una, saco un tubito delgado como un pitillo pero en hierro, por la parte de arriba introdujo varios alfileres, mientras sonreía y tarareaba algo que me parecía conocido pero que obviamente no logre identificar la melodía. —Estos se llama… comos se dices,Mmm… abejón, cada puntas dan un piquete que no importas por ser pequeños, pero cien piquetes duelen muchos y cuandos caen en venas sangran pocos o muchos no sé, no fijars en ese puntos. Se dio vuelta y jalo una silla se coloco entre las dos y sitúo el pitillo en su boca y soplo en mi dirección, un sonido suave en el aire y los tres alfileres golpearon mi cuello, por la impresión me tense en la silla y ahogue un grito, pero el dolor que realmente debería sentir no llego aunque sentía una ligera presión en mi piel, el hombre me miró fijo a los ojos, mientras recargaba el pitillo. —Así ques, aún nos queres hablars, son fuertes, rudas, duras ¿Ciertos? Mi respiración estaba agitada, rápida y escasa; el miedo aumentaba y maldecía internamente a Rust, imploraba que Jhonny estuviera vivo y que Augusto nos encontrara, vomitaría eso era lo más seguro, estaba en aumento de angustia y sentía que el cuerpo se me dormía del terror. El idiota volteo y disparo a Sofí quien ahogo un grito por la impresión, como me paso a mí, cada disparo lo frustraba más, no gritábamos, ni nos quejábamos de dolor lo que lo ponía peor cada vez, pero la sangre en pequeños hilos se hizo presente. Se levanto de la silla con frustración preparado para hablar. —Buenos veo ques están muys bien resguardadas, toleran el dolors, pero ¿Cuántos pueden aguantars? Camino hasta el estante y saco varias cosas, tomo una mesa y la coloco en el lugar donde había estado la silla momentos antes. —Bien, quieros saber ¿Quién es Danielas? Levante mis ojos y mire los de Sofía y esta los cerro y negó con la cabeza, seguía diciéndome que no hablara, que nos mantuviéramos en silencio. —Mientras más tarden paras mí mejors, placenteros, me gusta la angustias, el miedos que veos en sus ojos. —De repente tomo un cuchillo muy fino o era una hojilla no lo sé, porque enseguida de su movimiento mis ojos empezaron a llorar muy rápidamente, el maldito había enterrado en mis muslo derecho el mismo cuchillo que tenía antes en las manos y aunque la presión era lo único que sentía, la impresión de tener enterrado en mi piel que se envolvía en un rojo fuerte y rápido me daban ganas de gritar, con la boca abierta, boqueaba por aire y mi cuerpo temblaba en aumento. Diablos eso debería doler mucho, algo insoportable, a pesar que no me dolía, la constante contracción de la pierna era un total infierno en sensación. Un Grito ahogado me devolvió fuera de mi perturbación, era Sofí y estaba roja seguro más molesta que cualquier cosa, su carácter siempre fue asi. Busque rápidamente a Devirs y estaba de espalda buscando en el armario, seguía con la cancioncita. Mientras él estaba distraído, el cuchillo de Sofía estaba en su hombro y mi corazón latía más fuerte. Su sangre corría finamente por su camisa clara. —Sofía. —Susurre, evitando que me oyera el demente de Devirs— ¿Qué haremos? ¿Por qué Agus, no ha llegado? Tengo miedo Sofí. Ella me miro con sus ojos húmedos. Y sonrío, sé que me quiere dar ánimo o fuerzas, lo que sea que su loca cabecita este maquinando, pero lo cierto es que estábamos solas, y expuestas a la maldad de estos hombres.   —Tranquila Dani, él vendrá solo hay que darle tiempo, seguro no ha pasado mucho desde que nos detuvieron, solo debemos resistir, ¿Te duele algo? —Me susurró en respuesta. —No. Solo siento presión en las partes lastimadas, y… y no quiero morir Sofía —murmuré para ella en respuesta, la humedad cubría mi vista y mi rostro estaba tan frío y mojado como el de ella. — ¿Quién es Daniela? —De nuevo Devirs preguntó y la repuesta fue la misma. Ahora tenía en sus manos unas pinzas con dientes, eran alargadas, de acero y puedo jurar que lo que sea que haría, con sedantes o no dolería. — ¿Quién es Daniela? —No contestamos. Pregunto tres veces, y a la tercera coloco en nuestros pechos una pinza por sobre nuestras ropas. —Saluden a mis amigos Caimans, los tendrán mordiendo en sus hermosos cuerpos. —Bien. Cambiemos las preguntas. ¿Con quien firmará Richard el nuevo proyecto de las empresas? Silencio, sollozos y ahogados gritos era lo que obtenía de nosotras. Teníamos varias piezas de caimán en nuestro cuerpo, si seguía torturándonos terminaríamos realmente muertas. Esto no era por dinero, era por la empresa, no era secuestro para recompensa,así que si no le éramos útiles seriamos plan de segunda y nos matarían.  Cuando Devirs se acercó a colocar un caimán en la oreja de Sofía esta le mordió fuertemente la muñeca, lo que la hizo ganarse un buen par de cachetadas y su boca ya rota comenzó a sangrar, esta escupió la sangre y le sostuvo la mirada sin demostrar por primera vez desde que estábamos a su merced temor. —Entonces, son unas perras duras. No tienes dolor y aguantas muchos; veamos a tu amiguita. Solo sentí el fuerte golpe, mi cabeza voltear y mi cuello resentirse, solté el aire y mi boca sangraba. —Maldito, Cobarde, solo somos unas niñas. —Le dijo entre dientes Sofía quien me miraba con dolor en la cara— No sabemos nada, ¿por qué deberíamos? Devirs se acercó a un teléfono en la pared y hablo bajo, al parecer discutía. —Perdóname. —giré mi cara y Sofía me miraba con dolor. —Shhh. Cállate, saldremos de esta tranquila. Nuestro torturador volvió junto a nosotras, justo en ese momento se abrió la puerta, el hombre hermoso que habíamos visto en la emboscada llego, vestía el mismo traje de combate, botas y el pasamontañas sobre su cabeza. Su porte es de arrogancia, su cuerpo bien ejercitado, alto. Un hombre en toda definición, no creo que pase de los treinta y cinco años. —Me han dicho, que son unas niñas muy malas y por lo que veo —se detiene y nos mira de arriba abajo para escrutarnos, estamos golpeadas, cortadas, mordidas y sangrando, y su sonrisa demuestra que le gusta—El perro de Augusto se volverá loco cuando logre verlas — dice sonriendo. —Como veo que son algo duras y que aparte de llorar y saber aguantar no dirán más nada, aquí le va mi proposición. —Dice levantando su dedo índice derecho— una de ustedes peleará conmigo, veo que sabrán hacerlo, cada golpe a favor de ustedes es un punto para irse, cada golpe en contra es una repuesta que me darán, si al final estoy satisfecho con las repuestas les dejare irse… puede que con vida. —Ahora díganme ¿Quién Peleara conmigo?           ¡Oh Jhonny! Dime ¿Como estas? Por favor. Por favor no te mueras. —le suplico mientras mis lagrimas corren y manos tiemblan, el frío recorre mi cuerpo y a los lejos oigo como siguen forcejeando por el arma. Esta cae hacia atrás y comienzan una lucha por encontrarla, se escuchan los golpes de los hombres indicándole a Rust que abra las puertas. Uno de ellos saca un arma y apunta a la manilla de la puerta del piloto. ¡Jhonny cuidado! —le grito mientras trato de apartarlo de la puerta donde se encuentra recostado tratando de asimilar el dolor y de respirar. Otro disparo suena y la puerta cede, es abierta rápidamente y Jhon es jalado hacia afuera y tirado en el piso, el tipo vuelve a entrar y asoma medio cuerpo trata de agárrame pero me agacho y veo el arma, la tomo sin pensarlo y me dirijo a Sofía. Hey, el arma; tómala  — y se la lanzo en un movimiento corto.             Ella la toma y sin ningún miramiento apunta a Deivis, quien abre la puerta y trata de salir de la camioneta, pero no le da tiempo cuando Sofía dispara en contra de él tres veces, quedo tan congelada que soy poco consiente, cuando soy sacada de la camioneta y arrastrada por mi cabello cerca de Jhonny, he tragado tierra y siento el dolor en mi cabeza, estoy sorda y no escucho nada de lo que dicen y gritan,tampoco lo que Jhonny me pregunta. Veo desde el otra lado de la camioneta como el cuerpo de Deivis Rust está en el piso y el liquido escarlata recorre parte del piso, no puedo decir que este muerto pero herido si, mínimo inconsciente. De repente siento que algo me golpea y veo a Sofía con lágrimas en todo el rostro, un su boca está rota una mano se marca en su mejilla y esta al igual que yo llena de tierra y algo desconcertada, sus manos tiemblan y en la derecha tiene un quemado con circulo, no tengo la menor idea como se hizo eso en tan poco tiempo o quien lo habrá hecho. Me toco mi oreja derecha y siento algo caliente salir de mi oído, tengo el tímpano reventado y me está sangrando. Somos levantadas del suelo y un hombre muy hermoso se nos acerca, ordena que se lleven a Jhonny quien ya se encuentra desmayado o por lo menos eso quiero pensar y toma por la barbilla a Sofí, le dice algunas palabras pero ella solo ve hacia delante. Escucho un pitido que va disminuyendo su sonido, se nos acercan dos hombres y nos colocan unas vendas en los ojos, esposas y nos jalan hacia donde ellos quieran pues no vemos  por donde vamos. Subidas a un auto, allí vamos solo moviéndonos y puedo decir que por cómo se siente los movimientos del auto van rápido. Muy rápido, agregándole de estar chocando con cada parte del carro que existe en la maleta. El carro frena y somos enviadas contra a lo que deduzco es el asiento trasero, una encima de la otra, mis oídos ya están activos o por lo menos el izquierdo, logro escuchar como las otras camionetas frenan, las puertas abriéndose, escucho un quejido varonil y quiero pensar que es Jhonny, ruego por que sea él. Nos sacan del maletero, y vamos caminando se que estamos juntas porque vamos una al lado de  la otra, el dolor de mi cabeza, el oído y los aporreos en el auto no son perceptibles en este momento, puede que la pastilla que me dio Sofí, esté funcionando. Nos detenemos abruptamente y somos despojadas de las vendas, esposas y empujadas en un cuarto oscuro con colchones; una puerta donde se ve un baño, por lo poco ajustada que esta mi visión en estos momentos puedo ver algo borroso lo deduzco como baño, hay unos tragaluz a la orilla del techo donde termina la pared, la poca luz que dejan pasar da un poco de visibilidad. Este es su cuarto, aquí pasaran un buen rato princesas, así que instálense —dice el chico que nos llevo hasta allí, tiene un pasamontaña en la cara por lo que no le vemos el rostro. Dicho esto se va cierra la puerta y se escucha varias cerraduras y luego el silencio. Miro a Sofía y esta abre los brazos, camino rápidamente hasta ella y nos abrazamos. —Vamos al baño, aprovechemos estos minutos ven. Luego de hacer uso del baño, habernos aseado lo más posible y tragado agua del chorro que estaba helada. Nos hemos sentados en el colchón. A esperar a que Augusto llegue, o que lo peor pase.                        
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