Capítulo 2

3330 Words
Julio 2010 Años Atrás.             — ¿Lista, Daniela? —Escucho la voz de papá detrás de la puerta del baño de mi habitación. —No. Cinco minutos. —Sonrío al recordar el hermoso fin de semana, una fiesta linda para mi hermana Sofía, quince años hermosos, todo lo más sencillo que puede querer una quinceañera solo amigos cercanos y familiares. Bufó a recordar que mis quinces serán en pocos meses y que la organización me trae de cabeza, unas dos planificadoras, casi seiscientos invitados la mayoría socios y a fines de papá, vestidos, zapatos, tortas y decoraciones que no me van a mí.  Pero no tengo derecho a quejarme cedí en esto con tal que papá le realizara a Sofí sus quinces, ese es el pago, dejarlo hacer los quinces de manera que quiera. La puerta del baño se abre y una Sofía hermosamente arreglada, se coloca en el umbral de la puerta, con su pelo n***o largo y liso, sus ojos marrones y su figura delgada es digna de admirar, es hermosa y vale como todo el oro del mundo, no somos hermanas de sangre, de hecho ella llego con su papá cuando tenía tres años su madre murió en un accidente. Augusto trabajaba para papá como jefe de seguridad, para ese entonces estaban cerrando mas negocios grandes en la compañía, en la elaboración de armamentos militares y él le recomendó aumentar la seguridad. Una tarde salíamos de la casa de campo, pero mamá se olvido de su bolso de mano y nos devolvimos, Sofía y yo tomadas de la mano caminamos con ella a la casa y papá al ver que nos tardábamos entró a buscarnos. Cuando Augusto enciendo la camioneta, Sofía madre, estaba esperando en el asiento trasero siempre viajaba adentro con nosotras y andaba como compañía de mamá y se ayudaban cuidándonos, mi madre siempre la trato como familia y papá adoraba a esa mujer que con cariños nos consentía a todos, cocinaba con mamá, limpiaban la casa juntas, creo que el alma gemela de mi madre era Sofía madre y no papá. Esto llevo a que nos relacionáramos como familia, así que siempre andábamos juntos y aunque augusto no dejaba  de cuidarnos formaba parte de la familia, y cuando se comienza a tener dinero en un mundo ambicioso, créanme que debes apreciar lo poco sincero y cercano que tienes. Mi madre nos contó que cuando salíamos, Sofía cayó de rodillas en la salida de la casa, Augusto corrió a socorrerla, papá igual desde adentro, pero cuando su madre quiso hacer lo mismo, la camioneta explotó.  Sí, así no más, explotó. Matando a la madre de Sofí, dejando a un Augusto totalmente cerrado en su dolor y odio, una pequeña Sofía sin mami y una familia sin un m*****o más. Todo fue una locura a partir de allí, las noches de sofí llorando por su mamá, la mudanza de ella a mi cuarto, la traída de mi hermano de seis años para ese momento de donde los abuelos, en definitiva , papá nos aseguro a todos dentro de la casa, cada uno tendría  dos guardias personal  y cuatro en traslados, se comenzó a contratar gente y allí llego él, ese maldito Malcom Rust, papá lo colocó de jefe de seguridad general y nuestro querido Augusto se encargaría del personal a nuestro cargo. Así que crecimos siendo hermanas, compartíamos la misma habitación, escuela, gustos en casi todo, aunque lo que no compartíamos era el amor por mi hermano mayor, yo lo amaba como mi hermano y ella como mujer, aun cuando solo éramos unas adolecentes ella estaba profundamente enamorada de él, pero mi hermano no le hacía caso y eso la dejaba sufriendo, no sé porque, él no la quería de esa manera siempre le repetía que ella también era su hermana y Sofía, lo único que lograba hacer era bajar la mirada y entristecerse, pero ella sí que lo sabia disimular muy bien. Estábamos en preparatoria. Así que ella estaba lista y yo aún no terminaba de salir del baño. —Odio los lunes, lo sabes verdad —le dije mientras seguí mirándome en el espejo mi cabello castaño liso, mi piel blanca aunque algo bronceada, con un dorado suave, y mi cuerpo delgado también, no con las hermosas curvas que ya estaban asomándose en el de ella, pero aun así siempre nos veíamos bien. —En realidad, odias la escuela. – suspira acercándose a mí, colocándose detrás levemente inclinada hacia mi lado derecho, mirándome fijamente como siempre que necesitaba apoyo o valor para realizar algo. — ¿Estamos convirtiendo esto en nuestro ritual de las mañanas? Ó es solo que estas pasando por un cambio hormonal de adolecente loca y no sabes cómo cubrir las espinillas que te han salido esta mañana —culmina sonriéndome, sé que me quiere animar, pero sobre todos los otros días siento ganas de quedarme en casa y no salir de mi cama. —No. sólo, no sé qué me pasa, quiero quedarme en casa y no salir  —suspiro mientras me volteo enfrentándola y buscando en ella una repuesta para mi incertidumbre. —Sabes que en menos de cinco minuto el idiota de Deivis, comenzara a tumbarnos la puerta y eso nos amargará muy pronto la mañana, sólo no seas malcriada y coges tus cosas y larguémonos. Caminamos hasta el escritorio doble de la habitación y tomamos los bolsos. —Está bien, solo hoy no estoy teniendo un buen día —suspiro con resignación y camino hacia la puerta, no llegamos abrirla cuando el idiota comienza a tocar con insistencia y a gritarnos desde el lado de afuera. —Chicas, necesito que estén en un minuto fuera de la habitación y listas en las camioneta, ¿Podremos, lograr un día no atrasar a los que sí tenemos que justificar nuestro tiempo? —Que exagerado, cualquiera diría que es muy trabajador, no puedo con su insoportable existencia. Ruedo los ojos mientras Sofí se acerca a la puerta y la abre, para dejar a la vista a un Deivis, sudando y rojo como tomate en un traje gris, que para que negarlo se le ve muy bien, pero sería el último ser con el nos relacionaríamos cualquiera de las dos, porque es un burro con piernas, se cree muy importante y es un chismoso de primera fila de lo que hacemos en la escuela. — ¿Listas?—dice entre los dientes, sabe que no puede hablarnos así, el no es más que nuestro líder de guardas, pero un empleado al fin y por muy sobrino del maldito de Malcom que sea, sigue siendo un empleado. — ¡Uf! Que estrés, sinceramente no sé a qué se debe tu atosigamiento, déjanos en paz y limítate a realizar tu trabajo Rust, que para eso se te paga. —Sofía le espeta con un tono bajo amenazante, sé que eso lo hace que la odie más. Su cara denota el enfado inmenso que tiene, pero aun así Sofí a dado en el blanco, y sólo logra hacerlo morder el suelo. —Vamos Dani, nos esperan en el auto —la tomo de la mano y bajamos corriendo al carro, nos subimos y esperamos dentro con las ventanillas bajas. Mi padre sale de la casa, también está en salida a la oficina, y no pierdo la ocasión de hacerle molestar más al idiota de Deivis, volteo a ver a sofí y esta sonríe asintiendo, se levanta y pasa sobre el chofer y toca la corneta, yo saco medio cuerpo por mi ventanilla y le grito a Deivis que está saliendo de la casa. — ¡Deivis! ¿Por qué tardas tanto? ¡Vamos a llegar tarde, Apúrate! —mi grito hace que papá voltee y camine raudo, denotando molestia hacia él, quien palidece un poco. Mi padre gesticula algunas palabras, y Rust se queda en silencio, baja la cabeza, asiente y camina hasta la camioneta. Entra lazando la puerta un poco fuerte y le ordena al chofer que se que muere de risa y disimula, que arranque, los otros dos autos se colocan en marcha unos minutos después que el de nosotras. —No diste la alerta de marcha, Deivis sabes que Augusto no le gusta que se rompa el protocolo —le digo viendo fijamente mi celular, levanto mi vista y sé que el ya esta mirándome con cara de mandarme a la mierda, pero no lo hará. —Que no vuelva a ocurrir ¿Entendido? —inquiero, con mi gesto muy serio, él sabe que no estoy jugando puedo ser una adolecente, pero tengo muy claro cuáles son sus funciones y hasta donde debo permitirle que se crea con poder.  Augusto el padre de Sofía, nos ha entrenado en las tarde desde que tenemos seis años.  Cada tarde hacemos las actividades de la escuela y luego nos vamos con él a practicar, nos ha enseñado  Karate, boxeo, defensa personal, técnica asimilación de situaciones de riesgo, secuestros, uso de armas y más. No quiere que nos pueda pasar algo y no sepamos hacerle frente, el nos dice que la teoría es algo, que la práctica es diferente y que la situación es la que dictara la manera de actuar, pero que debemos ser capaces de poder resguardarnos. Así que sé, cual es mi lugar y aunque muchas veces los hombres son más fuertes que las mujeres, las mujeres somos más intelectuales, la fuerza física siempre te lleva a fallar, la intelectual ah actuar. Seguimos el camino tradicional y vamos hablando de los exámenes que tenemos química y literatura. —Informa. —dice Deivis a su auricular, por lo que dejamos de estudiar y prestamos atención a lo que está respondiendo. —Enterado, tomaremos un atajo. Por allí adelantaremos la tranca y saldremos delante de esta y continuaremos camino —culmina y voltea a Jhonny que es el chofer de nuestro vehículo. —Jhon. Desvíate a la derecha, el tráfico está detenido más adelante, rodearemos el tramo cerrado y nos reincorporaremos justo delante de este. —Mmm… Bien, entendido —le responde Johnny, no lo puedo culpar para fines de trabajo Deivis es su jefe inmediato y solo obedece ordenes. —No puedes cambiar la ruta, sin autorización de Augusto—le digo a pocos minutos de él indicarle a Jhonny por donde debe ir. —No hay paso, tomaremos otra vía, no la cambio por mi gusto, es una emergencia y como tal, tengo el poder de decidir. — ¡No! Lo sabes debes avisar antes —Sofía le contesta. — ¿Qué haces que no estás llamándolo?—le digo un poco molesta. —Cállense niñas, me tienen harto, yo estoy a cargo, es solo un desvío para adelantar una tranca, si no hubieran perdido el tiempo como todos los días, hubiéramos alcanzo a llegar sin contratiempos. —No. No me vengas con tus excusas, quiero que llames de una jodida vez a papá y le digas que ruta estas tomando y porque ¡Y es ahora! —Sofía lo está penetrando con la mirada y Él no se mueve, su cara enrojece y estoy segura que gritara más fuerte aun. — ¡Tú!—Dice mientras la apunta con su dedo índice —No me dices que tengo que hacer. Se suelta su cinturón y voltea por completo hacia atrás donde estamos. —Solo eres una recogida, no eres dueña de nada, así que lo digas me da una puta mierda de importancia, así que cállate y quédate sentadita que te vez mejor.   —Oye, tú, no tienes porque hablare así, ella puede opinar y tiene mucho más derecho que tú. Llama de una jodida vez y no es una consulta ¡Es una orden! —grito en su dirección, este chico ya me colmo. — ¡No lo hare! ¡Ya les dije que no es un cambio de Ruta! –Me grita tanto que puedo ver como su voz se ausenta por el grito tan fuerte. — ¡Basta! –Grito de vuelta, tomo mi celular y comienzo a marcar a papá, se que aunque este ocupado me contestara. —Oye ¿Que se supone que haces? –Grita —Estoy llamando a papá, me canse de ti. Hasta hoy te quedas en mi grupo. Eres un idiota. —Le grito, mientras lo veo levantarse del asiento y acercarse para quitarme mi celular. —Déjame ¿Qué te pasa, estás loco? —mientras forcejeo para alejarme de él, veo que Sofía ya se ha quitado su cinturón de seguridad y comienza a empujarlo lejos de mi. Se golpea la cabeza con la parte superior de la puerta y maldice.  Sofía se coloca en el espacio queda a los puestos delanteros pero es empujada por él. Cuelgo la llamada papá no me responde, pero le marco a Augusto, mientras timbra me desabrocho el cinturón. Jhonny continúa manejando, y Sofía golpea a Rust quien le devuelve los golpes, yo me muevo en el poco espacio, mi teléfono sigue timbrando y no me atienden la llamada, el auto se detiene de repente y caemos en el hueco entre los espacios de los asientos delanteros y los traseros. —Jhon. ¿Qué… mierda, frenas así? — ¿Qué pasa? —Levanto mi cabeza mientras jalo a Sofí que estaba aun abajo —Maldición.  Maldición,  Deivis… ¡Arranca Jhonny! —grita Sofía mientras ve delante de nuestra camioneta, que  hay tres SUV negras, vidrios ahumados y como quince hombres con uniformes de comandos y mas armamento que en asalto. — ¡Vamos! ¡Vamos, Jhon, mierda! —grita Deivis mientras toma el radio portátil dentro de la camioneta y empieza a manióbralo. —Te lo dije Maldito, no debiste cambiar la ruta. Debimos quedarnos en la jodida tranca, pero en una vía principal —grita Sofía hacia Rust, mientras yo remarco el número de Augusto. —Atiende. Atiende… Por favor. Por favor. Dios. —voy murmurando mientras siento como Sofía me jala y me coloca el cinturón de seguridad, saca su celular del bolso, mientras Jhonny arranca de retroceso muy rápido, Sofí cae de nuevo al piso de la camioneta  y se levanta dando tropiezos de un lado a otro. — ¡Siéntate Sofía, De una vez!—ya hemos vistos que cuando se acercan tipos de este manera no es para nada bueno, así que ella debe tener su cinturón para evitar algún daño mayor. Ella se sienta con dificulta y yo la ayudo abrocharse. Vamos dando movimientos brusco, pues Jhonny sigue de retroceso mientras los tipos suben a sus camionetas, Jhonny gira rápidamente la camioneta y quedamos nuevamente de frente y acelera lo mas que puede, es bueno manejando es una suerte que Zack, no se haya presentado hoy, porque ya nos hubieran atrapado, es el peor conductor que hemos visto. Johnny es raudo, acertado y seguro, no ha reflejado ni un solo  movimiento en falso. Vamos lo más rápido que da la camioneta. —Cuelga. —me dice Sofía, mientras me quita el celular de la mano. ¿Qué?—la miro incrédula, ella sabe que debemos avisar lo antes posible. —No te atenderán, nuestras llamadas están siendo direccionada al vacio —la veo sacar de su escote un celular pequeño de eso de solo llamadas, lo enciende, espera un momento y comienza a marcar un número. —Esa cosa, ¿Qué es? Tan si quiera funciona.  — ¡Cállate! —Me dice mientras me hace una seña con la mano, indicándome silencio y de repente habla. —Papá. Si, no sé estamos desviadas de la vía del colegio, si el idiota de Rust, nos saco del camino y no sé donde estamos, No. No tenemos celular. Bien. Si. Ok. Lo dejo debajo del asiento. Si. Toma mi mano derecha y la levanta mirando mi pulsera, la que me dieron hace años ella y su papá de regalo por mis cuatro años, desde entonces la dos tenemos la misma pulsera solo que los nombres cambian.   —Ok. Si. Bien doce horas. —Habla muy rápido y palabras cortas me hace perder la conversación—Ok. Si lo tengo, y papá… Te amo. Te espero. ¿Qué ha sido todo eso?—le pregunto mientras la veo quitarse su pulsera y cambiarla con la mía. —No. Espera, dime que sucede. ¡Sofía!—le grito esta automática, haciendo, moviendo y buscando dentro de su bolso y no entiendo que es lo que tanto arregla y eso me pone másnerviosa. —Mierda—decimos al unísono, cuando escuchamos algunos disparos. Los vidrios son protegidos pero aguantaran cierto tiempo. —Ven. Me indica nos movemos limitadas por los cinturones. Abre una parte de su bolso y saca una tira de cuero algo gruesa, pero plana la separa y allí hay varias capsulas como las de medicamentos, saca tres que son de metal, acero o plomo no logro diferenciarlas por los movimientos en la camioneta. —Toma, trágate esto—mis ojos se abren plenamente ¿Es enserio? — ¿Por qué? Maldición Sofía, dime ¿Quéestás haciendo? —se suelta del cinturón y se acerca a mí y toma mi cara con ambas manos y me habla bajito en el oído. —Trágatela, es un GPS,así mi papá sabrá donde estaremos, no te hará daño. —Okay —digo mientras asiento y abro la boca, trago con dificulta la capsula, es fría, pesa y sabe a metal. Ella se acerca a Johnny, mientras Deivis esta cubriéndose la cabeza debajo de la guantera de la camioneta, este abre la boca y traga una como la de nosotras,  ella se voltea y se toma la suya. — ¿Qué vamos hacer?  —pregunto mientras nos tapamos un poco los disparos son más cada minuto y más cerca. —Jhonny. ¿Por qué diablos, están tan cerca de nosotros?—le digo mientras miro por la ventana trasera de la camioneta. —Lo siento, señorita voy lo más rápido que me permite el vehículo —me responde con la voz alta por la bulla de afuera y adentro. Uno de los vidrios cede y se estilla, con un ruido fuerte , ambas gritamos , mientras Jhonny maldice y derrapa, delante tres camionetas más nos cierran el paso, las otras frenan llegando  cerca mientras el tiempo se queda como detenido Sofí toma su bolso y saca de la tira dos capsulas más , me da una directo a la boca . —Trágala – me dice se acerca a Jhonny y le mete una en la boca mientras lo disimula para que Rust no se de cuenta, no sé, que son, ni por qué debemos tomarlas, así que me decido preguntarle. — ¿Qué son? Sofía. —Nos ayudaran, podrás estar consiente pero no sentirás dolor, debemos esperar treinta minutos para que surja efecto, dura doce horas, aquí tienes otras dos solo cuando comiences a sentir algún dolor trata de tómatela, bien sea engañándolos para que ellos mismos te la den si estas atada, mi papá ya viene pero ellos son muchos y estamos solo con Jhonny, no debemos arriesgarnos, no respondas nada, y Dani…  —hace una pausa y me mira a los ojos—sólo hay un objetivo —culmina — ¿Cuál? —mi cuerpo tiembla y siento miedo. —Rust y debe ser antes que nos lleven —asiento y la veo a los ojos sus manos tiemblan al igual que las mías, pero aunque tengamos el corazón a reventar, sabemos bien que un objetivo significa su vida o la nuestra. Escuchamos las puertas cerrar de las otras camionetas, es decir que los hombres están acercándose. —Te Amo —me susurra mientras me aprieta las manos, no me he dado cuenta en qué momento nuestras lágrimas se han hecho presente, pero somos adolecentes esta situación nos sobrepasa por muchas práctica, charlas e instrucción de Augusto. —Y yo más, hermana.      
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