—No te culpo. No tuviste opción... —No quería irse así, necesitaba al menos saber que seguían siendo ellos. —Claro que la tuve, pude haber sido más fuerte y dejarte en tu casa e irme, pero no lo hice. —Seguía sin darle la cara, viendo a un punto fijo sobre la pared. —¿Y por qué no lo hiciste? —Mia rodeó su cuerpo y lo miró de frente—. Si no estabas tan ebrio como para no saber lo que hacías, ¿por qué no te detuviste? —Era curioso que quisiera saberlo igual. El azabache bajó la mirada, observando los pequeños y hermosos ojos azules de la rubia. Sabía que esperaba una respuesta sensata y se la dio. Claro que sí, cuando sin pensarlo rodeó su cintura y juntó sus labios, iniciando un beso profundo y exigente. Su mente se nubló y solo buscaba la inalcanzable sensación de sentirla suya. Mia se

