El rubio se encogió de hombros. Él no tenía nada que ver con todo eso; solo había ido a convencer a Mía de que aceptara su invitación a la fiesta. Que su hermana estuviera allí era algo que no había planeado. Suni siguió caminando hacia ellos con su característico andar y sonrió al encontrarse con sus ojos. Ambos podían ver que su visita era inesperada. El primer pensamiento de Mía fue que esa sonrisa no era para ella. Sabía de antemano lo que Suni le había dicho sobre acercarse a su hermano: le tenía prohibido hacerlo, o de lo contrario comenzaría con las amenazas, tal como lo había hecho cuando se sintió amenazada por Oliver. Mía no quería seguir lidiando con eso. Lo que no entendía era por qué Suni no parecía molesta. Sus ojos se veían pacíficos, incluso algo juguetones. No era como

