—j***r. ¿Puedes al menos disimular? —Oliver pasó junto a ella, susurrando cerca de su oído mientras soltaba una risita burlona. De cierta forma, quería burlarse de ella, pero al mismo tiempo le irritó que Mia estuviera tan embelesada con ese tipo, que si le preguntabas a él, no le veía nada de extraordinario. Parecía como cualquier otro—. Dejarás un charco de baba justo debajo de ti. —Siguió riendo hasta que pasó al frente, junto a Matt y el profesor, sin quitarle la mirada a su amiga, la cual ya se había repuesto.
Mia trató de mantener la compostura sin dejar de verlo embelesada. Silver miró a Green y ambos asintieron. No tenía nada en contra del tipo, no eran amigos, cada uno tenía roles diferentes en la escuela, aunque los dos tuvieran su popularidad. Se conocían de clases, pero tampoco eran rivales; solo era un juego amistoso que nadie quería perder, ya que el espíritu competitivo siempre estaría ahí a pesar de todo. Ambos empezaron a escoger a los compañeros que querían en su equipo, obviamente estratégicamente, por lo que Mia quedó casi al último. Nadie la quería en su equipo si solo sería una carga. Se mantuvo cabizbaja hasta que escuchó al profesor decir que había quedado en el equipo de Oliver. Ladeó su cabeza, inconforme; claramente, hubiera preferido estar en el de Matt, pero ¿qué podía hacer? Sin levantar la mirada, caminó hacia su lado izquierdo y se posicionó al lado de Ian, dedicándole una mirada suplicante. Su amigo no podía hacer nada por ambos, al menos habían quedado en el mismo equipo.
—Esto será una masacre, mantente detrás de mí. —Su amigo le ofreció ser su escudo. Aunque no quisiera, era lo más factible si quería sobrevivir a esa batalla, pero no creyó que fuera a servir de algo. Ian era hombre y menos torpe que ella, pero al fin y al cabo seguían siendo torpes en este tipo de juegos; eran malos cuando se trataba de mover el cuerpo.
Mia se quitó sus lentes y los guardó en la bolsa de su pantalón. Aun cuando lo hiciera así, terminaban destrozados y jamás había entendido por qué, pero eso no era lo peor de todo: veía borroso, apenas unos manchones que, por más que fruncía la mirada, no lograba ver nada. Esto apestaba, tenía que depender de sus demás sentidos para poder moverse en ese entorno, aunque eran casi igual de malos que los demás.
El juego empezó. Era increíble cómo Silver podía ser bueno para todo. No estaba en los demás clubes de deporte porque el tiempo no le alcanzaría, pero aún recordaba cuando los entrenadores de voleibol, natación y fútbol pelearon por él. Fue una locura porque jamás se había visto nada igual. Y como ahora lo era, nadie podía contra él. Las pelotas volaban de un lugar a otro, dejando escuchar gemidos de dolor y estruendos cuando el duro hule pegaba con fuerza en la frágil piel del perdedor, seguidos de las risas y gritos de satisfacción de aquellos que se alzaban como ganadores. Estaba corriendo sangre. Ian se mantuvo a la defensiva, había podido esquivar unos dos golpes y otro lo pudo atrapar, aunque también en el ataque era malo, hasta que no pudo ante el lanzamiento feroz de Kevin y cayó de bruces al suelo. Mia se asustó y miró a Ian en el piso. O al menos trató de verlo, preguntándole si estaba bien. Él respondió con un gemido, sobreviviría.
—Quemado, fuera, Ian —gritó el profesor. No tuvo más remedio que dejar a Mia sola.
—Cuídate —dijo al salir de la cancha.
La rubia asintió tragando fuerte y solo se quedó en el mismo lugar, esperando su inevitable muerte, cubriendo su cuerpo. Sabía que esto le iba a doler. Cuando Matt Green la vio totalmente vulnerable, sonrió malicioso. Era su oportunidad. Tomó fuerza y lanzó la pelota, apuntando justo al rostro de Mia. La pobre chica ni siquiera sabía qué pasaba cuando escuchó un estruendo cerca de ella y se asustó. Decidió ponerse los lentes rápidamente y, cuando vio a Oliver delante de ella, abrió la boca, anonadada.
—¿Estás bien? —Asintió, boba—. No te separes de mí. ¿Entendido? —Oliver la miró de soslayo, sin dejar de concentrarse al frente.
¿Qué estaba pasando ahí? ¿La iba a proteger? Green frunció el ceño, pero sonrió; le gustaban los juegos difíciles, se tornaban más divertidos. Ambos capitanes jugaron a muerte por el triunfo, pero al final solo uno salió vencedor, y Oliver alzó su mano, victorioso. Mia suspiró cuando el profesor sonó su silbato y dio por terminado el juego.
—Oliver... gracias... yo... —Tenía que agradecerle lo que había hecho por ella. Silver dio media vuelta y la miró serio.
—Teníamos que ganar, cubrirte fue una forma de hacerlo —sus amigos miraban y escuchaban la conversación desde atrás—. No tienes que agradecerme por eso. Sabes que odio perder.
Mia bajó la mirada y asintió en el momento en que el moreno se alejó junto a sus amigos.
—Es un idiota —Ian dijo llegando a su lado—. ¿Ese dice ser tu amigo? Cada vez que le hablas y él está con los neandertales de sus amigos, te trata mal.
Mia suspiró. Silver actuaba así por las apariencias, sabía que no quería despreciarla de verdad, o al menos eso quería pensar.
Ese día había cancelado la tarde de estudio con Oliver. Todo se debía a que Matt tocaría en el bar del centro de la ciudad. Estaba demasiado ansiosa, hacía más de tres meses Matt había prometido que daría un pequeño concierto; después de que se volviera solista, presentaría su nuevo disco. No podía dejarlo pasar, era el momento que tanto había esperado. Sería su primera vez presentándose como artista solitario, ya que tiempo atrás había empezado con su banda. ¿Quién lo diría? Que unos chicos normales cantando en su garaje se volverían tan populares por medio de las r************* , llegando incluso a firmar con una disquera. Nadie se lo imaginó, pero por motivos que todos desconocían, se tuvieron que separar, aunque corrían los rumores de que las diferencias entre él y su guitarrista fueron la causa de la disolución de la banda.
Fue una lástima, hasta que Matt dio la noticia de que continuaría como solista, y las esperanzas volvieron a resurgir. Como sea, ahora Green seguía su carrera en solitario y, como se veían las cosas, predecían muchos éxitos futuros. Mia estaba tan emocionada por verlo cantar en el escenario, sería una experiencia inigualable; ella lo había conocido desde que se creó la banda, pero jamás lo había escuchado en vivo, así que lo disfrutaría como nunca, estaba segura de eso. Los nervios no la dejaban en paz, y no era para menos, ya que esa noche se había decidido a saludarlo, por primera vez, a su amor platónico. Sí, lo pensó mucho un día antes, en realidad fue en la noche después de que Oliver saliera de su casa y los recuerdos llegaran a ella. Estaba decidida a que dejaría el pasado atrás y se concentraría más en su ahora, en la persona que quería para ella en el futuro, ese por quien estaba haciendo lo imposible para que la volteara a ver.
Aunque no estaba cambiada como ella quería, al menos tendría su primer acercamiento. Green era atrevido, merecía alguien de su nivel junto a él. Ella quería ser esa persona, pero lo había estado pensando mucho, ensayó mil veces frente al espejo diciendo una y otra vez lo que con tanto anhelo le escribió, dado el caso en que entrara en uno de sus ataques de pánico y no pudiera decírselo. Incluso había comprado un lindo ramo de flores para felicitarlo, nada más allá que palabras de aliento, pero que para ella lo eran todo.