Capítulo II: El extraño y su propuesta rara.

1923 Words
Me quedo helada unos minutos mirándolo fijamente esperando que dijera que es una puta broma. Sin embargo, él se queda ahí parado con una sonrisa de «yo hice algo bien para humanidad». Comienzo a reírme finalmente. Él acomoda su cabello, la señora Lu, de los aros grandes y extravagante me mira extrañada de escucharme reír. Y el señor, Austin del perro salchicha también me mira sorprendido. Me dejo de reír y lo observo, tiene una sonrisa, pero no se está riendo—. ¿Me estás jodiendo? Niega con la cabeza—. Sabes…toda esta situación parece muy película de terror y si aceptáramos vivir contigo después terminaríamos sin cabeza o descubriendo secretos espeluznaste en tu sótano. —. No tengo sótano, lástima—me responde divertido. —. No sé qué decir…me dices…¿por qué? —. Admito que sonó totalmente mal lo que dije que de vivirían conmigo. Asiento totalmente de acuerdo.—. Pero, me refiero a que pueden quedarse en uno de mis hoteles por un tiempo. —. ¿Hoteles? ¿Es dueño de hoteles? Asiente—. ¿A cambio de qué?—le pregunto poniéndome seria, mucha amabilidad no me cierra por ningún lado. —. A cambio de que no me denuncie por casi atropellarla. Sonríe—. Noté que no está pasando por un buen momento. —. La mayoría de la gente en esta ciudad no esta pasando por un buen momento, usted va a cada persona y le regala unos días en su hotel. Él sonríe por lo bajo—. Creo que no. —. ¿A cambio de qué?—le vuelvo a preguntar. —. A cambio de que me deba un favor—me dice. Trago saliva—. No es nada pervertido ni un favor s****l, quédese tranquila, ni la voy a matar, también quédese tranquila por eso. Saca una tarjeta de su chaqueta y me la pone en el mostrador. La luz vuelve, y la gente aplaude, yo tomo la tarjeta de inmediato cuando se voltea a ver hacía los demás—. ¿Luke Liberman? —. Un placer—me vuelve a mirar y tiene unos ojos color caramelo. —. Joey…—le digo sin apellido ni nada, solamente soy Joey. —. Un placer—vuelve a repetir—. Bueno, parece que me voy…—me saluda con la cabeza y camina hasta la puerta. —. Luke—le digo fuerte y todos se voltean a verme—. Te llamaré. Él sonríe—. Espero que sí. —. ¿Sin secretos en el sótano? —. Sin sótano—me dice él y sale por la puerta. Me quedo mirando la tarjeta. Él perro salchicha ladra y su dueño aplaude. Miro a los clientes que le siguen la corriente. —. Era hora pequeña, Joey—me dice alto la señora de los aros gigantes—. Es momento de que piensen en tu felicidad. —. Ah, no es lo que piensan—le digo con una risa nerviosa y las mejillas rojas. —. No importa—dice el señor mientras le termina de dar el pan que sobra en su plato a su perro—. Eso de todas formas va a terminar bien. De regreso a casa con la tarjeta en la mano, me pregunto si fue suerte, “el destino” o alguna fuerza sobrenatural, un ser todopoderoso enviando el milagro que tanto imploré cuando supe que nos teníamos que ir. Dorothy está en la entrada de su casa evita cruzar mirada conmigo. Cruzo el portón de mi cabeza dirigiéndome hasta el fondo para entrar en esa choza que llamamos hogar. Entro, dejo mi campera colgada en el pechero al costado de la puerta, Nate corre a abrazarme. Lo alzo entre mis brazos y camino para buscar a Zoe que está haciendo su tarea en piso de la habitación. —. ¿Dónde está mamá?—le pregunto. Ella se sorprende al verme, y después agacha la cabeza—. Se fue. —. ¿No dijo a dónde? —. No, solo que no volvería. Frunzo el ceño—. ¿Cómo? —. Mamá se llevo toda su ropa, dijo que cuidarás bien a Nate. —. ¡Por Dios, ni una vez piensa en los niños!—me quejo. —. No soy una niña, hermana. Se hunde de hombros—. A parte ya sé que Dorothy te dijo que debíamos irnos. —. ¿Cómo lo sabes?—digo dejando a Nate en el suelo—. Eso no es verdad, nosotros nos iremos a un lugar más lindo, donde no llueva dentro de la casa. —. Hermana, Dorothy me lo dijo hoy cuando nos trajo una tarta para cenar, mamá ya se había ido. Ella guarda sus cosas en la mochila—. ¿Qué haremos? ¿Iremos con la tía Theo o Romma? Suspiro—. Ellas no están en la cuidad ahora, nos quedaremos en un hotel—le sonrío. —. ¿Tenemos para pagar uno? —. Claro. Asiento y me siento a su lado. Nate se sienta en mis piernas—. Yo tengo un amigo que nos ayudará, se llama Luke, él nos va a ayudar, pero tiene que hacer lo siguiente. Van a dormir, mañana vas a guardar tu ropa y la de Nate en una maleta, y cuando vuelva de trabajar nos iremos. Ella asiente—. Ahora, vayan a dormir. —. De acuerdo, hermana. Los acuesto y me tiro en el sillón, saco mi celular y marco el numero de mi madre. Después de cinco llamadas no correspondidas, por fin me atiende la llamada, se escucha música de fondo y puedo saber que tipo de ambiente es el que se encuentra. —. Mamá, ¿dónde estás? —. Me fui, Joey, no importa eso. Yo…volveré. —. ¿Cuándo? ¿Crees que pueda ser mañana? —. No. Me voy en unas vacaciones, tú sabes. —. Yo sé, mamá—suspiro—. Pero, no puedo hacer esto sola. —. Claro que puedes, lo has hecho sola toda tu vida. Las lágrimas se me acumulan en los ojos—. Volveré si la vida así lo quiere, dentro de poco. Quizás, un mes. —. Mamá, ya no vamos a estar aquí. Se ríe.—. ¿Y dónde van a ir, Joey? ¡No seas ridícula! Esa es su maldita casa, y van a quedarse ahí y me van a esperar. —. No, mamá, no estás entendiendo. No podemos quedarnos aquí. —. Claro que puedes, Joey, son mis hijos. Vas a esperar que yo vuelva y punto, no te vas a llevar a tus hermanos a ningún lado. Lo que falta, que quieras irte con ellos. No son tus hijos. Si quieres hacer tu vida y desligarte de nosotros, vete. Pero, ellos se quedan ahí. —. No me estás entendiendo—intento explicarle, pero corta la llamada. He pasado por tantas cosas desde chica que a veces ni siquiera se siente completamente el dolor, solo es un estrés apoderándose de mi cuerpo, que me grita que por favor lo alivie. Que me quite la mochila, pero esta mochila nadie me la puede quitar. Marco el número del desconocido de hoy. Al tercer timbre atiende. —. Disculpe la hora, soy Joey—le hablo. —. Hola, Joey… ¿Te encuentras bien? —. Sí, yo…acepto la propuesta. Acepto deberle el favor. Se escuchan murmullo de fondo, supongo que debe estar con su familia, su esposa e hijos, no le pregunte cuantos años tiene. ¿Tendrá esposa? —. ¿Cuándo quieres mudarte? —. ¿Mañana le parece bien? —. Claro. Anota la dirección, dejaré asentado a nombre de ¿Joey…? —. Peterson—le digo. El día siguiente espere con la poca esperanza que me quedaba a que mi madre entrará por la puerta, arme las valijas, preparé a los niños para lo que se avecina. Me despedí con tristeza de los muebles que nunca fueron nuestros, uno por uno como si tuvieran vida. Me despedí del sillón que por años fue mi cama con un dolor en el pecho y nos fuimos de ahí. Y así comienza un nuevo capítulo en la historia de mi vida. Como yo, Joey Peterson, paso de vivir en una pequeña casita a…¡Carajo! —. ¿Estás segura hermana que la dirección es la correcta?—me pregunta Zoe. Estamos los tres frente a un enorme edificio blanco. ¿Cuántos piso tiene este lugar? Asiento. Pasamos la puerta giratoria y nos encontramos con un lujoso living. Trago saliva, y dejo a Nate en el suelo.—. Quiero que se porten bien, voy a hablar con el señor. —. ¡Buenas noches! Estoy buscando al señor Liberman. —. ¡Buenas tardes, señorita! ¿Hijo o padre? —. Luke Liberman—especifico. —. Ah…¿es usted la señorita Joey Peterson?—lee en su registro. —. Sí. —. Él señor, Luke dejo asentado que vendría, pero no me especifico cuando son. —. ¡Somos tres! Mis hermanos y yo. Solo los tres. —. ¡Excelente! Dejen sus maletas con el botones. Miro al sujeto a un costado parado como soldado. Asiento—. Número 2. Y me entrega la llave electrónica, la agarro. —. Disculpe, ¿dónde puedo encontrar un lugar para comer? Es que sinceramente la comida aquí parece ser muy cara. Se ríe—. Puede cocinar ahí. —. ¿En la habitación?—pregunto. —. Usted no estará en las habitaciones, vivirá en el departamento de abajo. Eso es lo que se me dejo estipulado. —. ¿Cómo? ¿Un departamento?—pregunto confundida. —. Sí, normalmente las personas viven ahí. Abro la boca y luego la cierro. —. ¿Y por qué le dicen hotel? —. Porque es un hotel. —. Pero… —. Él señor Luke, vive en departamento 1, la señorita Nancy vivió en el 4 y el Señor Steven a veces viene a quedarse en el 3. Son los hermanos Liberman, ¿acaso no es usted una amiga de la Universidad de Luke? —. Sí. —. Pues, bienvenida, verá muchas personas entrar y salir, pero no se preocupe no tendrá que sociabilizar con nadie si así usted lo desea. —. Pensé que solo iba a tener una habitación, no traje muebles. Miro a mis hermanos que me miran confundidos. —. Ya viene amueblado. —. No entiendo. ¿Dejo dicho cuánto tiempo me tengo que quedar? —. Vivirá en el hotel. Es lo que se me dejo dicho. —. Oh, claro—hago seña para irme confundida. —. La acompañan. Me quedo confundida. El botones nos acompaña, bajamos unas escaleras a lo que parece el subsuelo del hotel, allí todo iluminado con luces brillantes y flores por todo el pasillo, las paredes de un color beige y la alfombra roja con detalles n***o bajo nuestros pies, pasamos una puerta de roble con el número 1, después de un largo trecho, la puerta número 2. Paso la llave electrónica en el aparato a un costado y se abre. Hago pasar a los niños y insisto en meter las maletas por mi cuenta. ¡No lo puedo creer!
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