Ya han pasado un par de semanas desde mi conversación con Cris, a los pocos días le comenté que había hablado con Bruno del tema (no quería confesarle que él había escuchado toda la conversación) y que no tenía problema con todo aquello, que por nuestra parte todo iba bien, lo que es cierto.
No hemos vuelto a quedar para terminar la conversación, aunque se quedase un poco a medias, pero tampoco hace falta. La base de lo que teníamos que hablar ya la comentamos, hemos saltado de puntillas el tema de que nos escuchasen, a lo que volveremos en cuanto ambas estemos preparadas, supongo.
La relación entre Aitor y yo ha dado un salto considerable, pues trabaja de mantenimiento en mí misma empresa. La primera vez que coincidimos trabajando resultó una situación bastante ridícula, nos quedamos los dos mirándonos como pasmarotes mientras mis compañeras nos miraban con curiosidad. Nos quedamos unos segundos quietos hasta que él empezó a reírse de la situación, a lo que yo me uní enseguida. Luego explicamos a las compañeras que éramos vecinos y que nos conocíamos del tren sin saber que currábamos en la misma empresa. Hemos hecho buenas migas y cuando coincidimos turnos él suele ajustar su rato de descanso para que coincida con el mío y poder almorzar juntos. Obviamente eso ha provocado montón de comentarios picantes entre las compañeras, sobre lo bien que me lo puedo pasar con Bruno y con él a la vez; o que deje a los solteros guapos para las que no están casadas, que no lo acapare. Obviamente algunos de esos comentarios vienen provocados por celos, pues es bastante popular entre las compañeras, se que más de una ya ha intentado invitarlo a "tomar una copa y enseñarle la ciudad", aunque hasta ahora no ha aceptado la invitación de ninguna, que yo sepa.
Los viajes de vuelta en tren juntos muchas veces son nuestro rato de desahogo personal, él me escucha con paciencia cuando le cuento cosas de mi vida familiar (nada de tema s****l, me da una vergüenza terrible abordar un tema similar con alguien que no sea Cris o Bruno), y yo a él cuando me cuenta los problemas que tiene para arreglar su nueva casa (que aún no me ha dejado ir a ver, que hasta que no tenga el jardín y la planta inferior arreglada no tiene intención de que nadie entre en ella).
Evitamos tratar temas muy personales, las primeras veces intenté sacarle temas de pareja o similares, pero le vi tan incómodo que decidí que era mejor dejarlo hasta que él quisiera hablar del tema conmigo. Cuando llegó el día me sorprendió la reacción que tuve.
— ¿Conoces este restaurante? — Me preguntó en el tren mientras me enseñaba en el móvil la web de un restaurante de comida oriental de bastante nivel de la ciudad.
— He oído hablar de él, Bruno me ha comentado alguna vez de ir, pero como no soy especialmente aficionada a ese tipo de comida nunca nos hemos animado
— Te entra la duda de ir a un restaurante caro sin saber si vas a comerte todo lo que te pongan en el plato, ¿verdad? — Me contestó con media sonrisa.
— ¿Por qué lo preguntas?, ¿buscando restaurante para una cita? — En cuanto vi que la sonrisa desaparecía de su cara creí haber metido la pata hasta el fondo.
— No exactamente, hace poco conocí a una chica por una aplicación de estas de ligue, hemos quedado para cenar y me ha dicho de ir a ese sitio. El problema es que ni es mi tipo de comida ni mi tipo de sitio para salir, y estaba…
— Buscando información del sitio para encontrar alguna excusa para no ir a la cita, ¿me equivoco? — Terminé la frase con una sonrisa que intenté que no quedase demasiado falsa, ya que por dentro estaba hecha polvo, tenía un montón de celos de que él pudiera tener una cita. Algo estúpido pues no éramos nada, ni amantes, ni amigos con derecho a roce, ni pareja (y no había intención por mi parte de ser nada de ello), pero el ataque de celos estaba ahí.
— Algo así, creo que ella intenta dárselas de interesante y de tener pasta llevándome a ese sitio, lo que no termina de convencerme
— No le des tantas vueltas — Él me miró con duda — Si ella tiene un curro que le de dinero probablemente sea uno de sus restaurantes preferidos y querrá que lo conozcas pensando que no te gusta ese tipo de sitios porque nunca has estado en uno tan bueno como ese. No intentes buscar tres pies al gato. ¿No será más bien que te pone nervioso tener una cita en un lugar fuera de tu ambiente?
— Creo que tienes razón, que estoy imaginando cosas, esta noche le mando un mensaje para aceptar la cita
— Mándaselo ahora — Le solté — Si esperas a la noche te volverán a entrar las dudas y no aceptarás la cita — No quería que aceptara la cita, quería que abriera la aplicación a ver si podía cotillear su perfil.
— Tienes razón, ¿no te importa que me ponga con el móvil un par de minutillos?
— Bueno, si no queda más remedio — Le puse una cara tristona mientras le contestaba, una mueca que terminó con un guiño y una sonrisa — Aunque no prometo no cotillear mientras escribes.
— Si prometes no cotillear la conversación mientras escribo te dejo que cotillees mi perfil —
— Parece un buen trato — Contesté encantada, ahora podía ver que tenía en esa aplicación.
Tras un momento escribiendo un mensaje, me acercó el móvil cumpliendo su palabra. Como no tengo ni idea de cómo funcionan estas aplicaciones de ligue estuve trasteando un rato hasta que encontré lo que buscaba, fotos de él. Solo con la primera me quedé paralizada.
Era una foto bastante buena, casi profesional, pero lo que me impactó no fue la calidad de la foto, si no lo que se veía en ella. Ahí estaba Aitor tirado boca arriba en la cama, los brazos detrás de la cabeza marcando todos los músculos del pecho. Sólo se lo veía de cintura para arriba, por lo que no se veía que había fuera de la foto, pero yo me lo imaginé completamente desnudo, lo que me hizo ponerme cachonda y avergonzada a partes iguales y de golpe. Le devolví el móvil sin saber dónde meterme, era mucho más de lo que esperaba encontrar.
— Ostras — Dijo él al ver la foto — Creo que debía haberte avisado antes de que vieras las fotos, ya lo siento
— No pasa nada — Contesté mientras la cabeza me bailaba con lo que acababa de ver.
— No, de verdad, lo siento. El amigo que me comentó que me hiciera perfil en esta red social me explicó que lo que se vende sobre todo es ver carne, que con una foto de perfil más modosita no me comería ni un rosco, así que aproveché unas fotos que me hizo una amiga fotógrafa para un trabajo de clase y las subí, no esperaba que te afectase tanto
— A ver, me esperaba una foto sexy o provocativa, pero tanto… — En el momento que dije eso me di cuenta que acababa de meter la pata.
— Así que lo que querías era ver fotos sexys mías, no me esperaba eso de ti — Me lo dijo con una sonrisa tan pícara que me subieran los colores de golpe. Justo después de eso empezó a reír sonoramente, solo paró cuando el tren llegó a nuestra parada.
Ahí hizo algo que me descolocó del todo, se bajó del vagón y me ofreció la mano para ayudarme a bajar. No pareció darle más importancia a ello, solo un gesto caballeroso para ayudarme, pero en cuanto agarré su mano me subieron las pulsaciones, como si fuera una quinceañera que le da la mano a su novio, se la solté en cuanto bajé a tierra, intentando no hacerlo de forma demasiado brusca, no lo conseguí, pero el entendió mal mi gesto brusco.
— Perdona que me riera de ti antes, pero la cara que se te ha quedado… tendría que haberte hecho una foto — Me sonrió sin malicia.
— No es eso, es que me había descolocado la imagen. La verdad que si lo que quieres es vender carne, la foto lo consigue, hasta parece que estés desnudo en ella —
— Y ahí llega la pregunta del millón — Me dijo mientras le miraba sin comprender.
— ¿Qué pregunta?
— Que si estoy desnudo de verdad o no en la foto. Es la pregunta que más me han hecho desde que la subí
— Y la respuesta es… — Sabía por el tono de voz juguetón que tenía que no iba a recibir respuesta, pero tenía que intentarlo.
— Es un secreto profesional entre fotógrafa y modelo, no puedo dar esa información, además de que se estropearía la gracia de la foto, el dejar que quien la mire se imagine lo que más le guste
— Buena respuesta — Contesté un poco mosqueada, aunque evité que se notase en mi respuesta — Me hubiera gustado saber la verdad.
— Quizá algún día que vengas a tomar café te enseñe las fotos y puedas ver por ti misma como estaba
— Pues termina de arreglar la casa pronto para invitarme a tomar café y ver las fotos, ya llevaré algo para que te puedas llevar a la boca mientras las veo
Él se acercó más a mí y me dijo bajito al oído:
— Creo que es la forma más sutil en la que nadie se me ha insinuado, acepto tu invitación
No había tono de burla en su voz, no podía creer que hubiera tomado mi comentario como una insinuación, y menos aún que lo hubiera aceptado, sabiendo que soy una mujer casada. Mi cara enrojeció, mis pezones se pusieron tan duros debajo del sujetador que casi dolían, empecé a mojarme entre las piernas y no podía quitar mis ojos de los suyos. Tenía ganas de cerrar la invitación con un beso, y que pasase lo que tuviera que pasar, pero en el último momento vi que una sonrisa empezaba a aparecer en su rostro serio.
¡El muy mamón lo había dicho para reírse de mí! Había aprovechado el doble sentido de mi frase para tomarme el pelo. Le sacudí en el hombro dos o tres puñetazos mientras le insultaba.
— Cabrón, que mal rato me has hecho pasar — Le volví a pegar — Creía que te habías tomado mi comentario como una insinuación de verdad
Él no contestó, solo aceptó mis golpes mientras me calmaba, y una vez me tranquilicé me pidió disculpas.
— Lo siento, de verdad, me ha salido sin pensar. En mi tierra tuve a alguna conocida que no hacía más que soltarme frases con doble sentido, y automaticé esa forma de contestar como defensa contra sus puyas — Puso los brazos en alto con las palmas hacia mi, haciendo como que se rendía — Si dejas de pegarme prometo que te compensaré por el mal rato que te he hecho pasar.
— Más te vale que sea una buena forma de compensarme — Dije yo con la cabeza dando vueltas. La verdad que tenía ganas de tirarme a su cuello, en parte para estrangularlo y en parte para plantarle un beso en los morros.
— Serás la primera que entre en mi casa una vez estén terminadas las obras, nadie más verá la casa hasta que tu le des el visto bueno — Dijo con solemnidad — ¿Es suficiente?
— De acuerdo, me parece suficiente — Le ofrecí la mano como para cerrar el trato — ¿Y para cuándo ocurrirá dicho milagro? ¿El año que viene?
— Si todo va como debiera con la obra y no hay más retrasos, pensaba organizar una cena de inauguración el mes que viene. Era una sorpresa que me guardaba para invitarte a ti, tu marido y a unos pocos del trabajo, pero para que veas lo que me importa compensarte, te descubro el secreto antes que a nadie — Dijo mientras se paraba en seco.
Estábamos en la puerta de mi casa, no me había dado cuenta que ya habíamos llegado. Se despidió con un par de besos y esperó a que entrase, como hacía siempre que me acompañaba. Noté algo distinto en la forma de darme los besos, pero no tenía claro dónde había cambiado la cosa, o si solo eran imaginaciones mías.
Despedí a la canguro y me tomé algo de fruta para cenar, tenía en la cabeza demasiado presente que había estado a punto de plantarle un beso en los morros (o intentarlo, seguramente lo hubiera evitado… ¿o no?), y llevaba una calentura más que notable y algo de enfado porque se lo había pasado bien a mi costa.
Subí al cuarto mientras me desnudaba, tenía claro que me iba a masturbar para quitarme el calentón, pero no lo iba a hacer sola. Saqué el palo de selfies y lo puse en modo trípode para exhibirme mientras me masturbaba, quería que alguien me viera. Bruno estaba trabajando, Aitor no era una opción (por mucho que me apeteciera), Cris y su marido seguro que no me dirían que no, pero ese era un paso que no estaba dispuesta a dar.
El primer tío que me pilló abierta de piernas masturbándome parecía ser un hombre no mucho mayor que yo, tenía un cuerpo fuerte y un rabo más que aceptable. En cuanto empezamos a masturbarnos empecé a ver similitudes entre el cuerpo que veía y lo que había visto en la foto del perfil de Aitor. Mi cabeza empezó a imaginar por su cuenta y cada vez veía más similitudes entre mi compañero de videollamada y mi compañero de trabajo.
Me imaginé a Aitor masturbándose conmigo, y eso hizo que tuviera un orgasmo brutal. Al chico que tenía enfrente le debió encantar el espectáculo, porque no tardó en correrse abundantemente.
Normalmente cuando alguien se corre en esta web suele desconectar al momento, pero él me mandó un mensaje por el chat antes de desconectarse, lo que me resultó curioso. Me acababa de mandar su perfil de usuario de telegram, y me invitaba a hablar con él cuando quisiera, sobre todo si quería repetir algún día.
Sin pensarlo copié el nombre del usuario y me fui a telegram, abrí una conversación y me dispuse a saludarle, en ese momento me quedé quieta. Bruno no es celoso y me deja mucha libertad, pero hablar con alguien con quien me había masturbado era ya un poco pasarse de la raya. Tendría que hablar con él antes de hacer ningún movimiento más.
Si tenía suerte lo podría pillar en su momento de descanso, así que le mandé un w******p a ver si había suerte y podíamos hablar un momento por teléfono.
Enseguida me llegó una llamada al móvil.
— Hola preciosa, ¿Todo bien? — Me dijo en cuanto descolgué.
— Si, tranquilo, es solo que tengo una cosa que preguntarte
— Si que debe ser importante para no poder esperar a mañana
— Importante no es — Dudé, no sabía cómo abordar el tema.
— No es importante, ¿pero no podía esperar a mañana?
— Podría haber esperado, supongo — Me moría de vergüenza, no sabía explicarle que le había llamado para contactar con un tío por internet con el que me acababa de masturbar sin que reaccionara mal.
— ¿Es algo s****l? — No me esperaba esa pregunta, la verdad.
— ¿Por qué lo preguntas? — Notaba como mis mejillas se habían puesto coloradas y se me agitaba la respiración, parecía una niña pequeña a la que habían pillado haciendo algo que no debía.
— Quieres hablar de un tema por teléfono mientras estoy trabajando, pero no es algo urgente y llevas un buen rato evitando decirme lo que quiera que sea, por lo tanto, te da vergüenza el tema, así que debe ser algo s****l
— Si — Admití. Hay veces que odio que me conozca tan bien y que pueda leerme como un libro abierto, pero hoy lo agradecí — Hoy me he conectado para exhibirme mientras me masturbaba, y el chico que me ha estado viendo… — Volví a dudar como explicarlo.
— ¿Te ha dado su número para que le llames? — No noté nota de enfado en su voz, lo que hizo que me relajara por fin.
— Su usuario de Telegram
— Y tú quieres hablar con él por Telegram a ver qué tal, pero te da miedo que yo me enfade por ello — Su tono de voz cambió, pero no a enfado, sino a burla.
— No te rías de mí — Le amenace.
— Nunca lo haría — Volvió el tono de burla — Por una parte, me parece bien si quieres hablar con alguien por internet, Telegram es más discreto que dar el número de móvil. Lo único que preferiría estar ahí mientras habláis, pero no va a poder ser, me conformaré con ver la conversación mañana si no la borra el otro al terminar —
— Podrías ponerte mi perfil en tu móvil, así puedes ver la conversación mientras hablo con él, si sacas un rato de tiempo en el trabajo — Sabía que para eso ya sacaría tiempo, estoy segura que le encantaba la idea de espiarme mientras flirteo con uno por internet.
— Suena bien, así me aseguro que no te propasas con el pobrecito
— ¿De verdad que no te importa?
CONTINUARÁ...