El reloj marcaba las seis de la tarde cuando Leah finalmente encontró un respiro. El hospital, que había estado relativamente tranquilo durante el día, ahora comenzaba a desacelerar su ritmo. Los pacientes que habían sido atendidos ya estaban en recuperación, y las emergencias no parecían tan inminentes. Sin embargo, en su mente, las cosas no estaban tan calmadas. La conversación con Iris seguía retumbando en su cabeza, mientras trataba de procesar la idea de que otra mujer, dentro del mismo hospital, se interesara en Rey.
Leah estaba acostumbrada a manejar situaciones difíciles, ya fuera en la sala de emergencias o en su vida personal, pero esto era distinto. Se trataba de sentimientos que, por más que quisiera controlar, escapaban de su alcance. Las dudas que tenía sobre lo que Rey sentía por ella se mezclaban ahora con el interés que Cam estaba mostrando en ella. Todo era confuso, y en medio de ese torbellino de emociones, su capacidad para mantenerse serena estaba tambaleando.
Sentada en su escritorio, Leah revisaba informes médicos, pero su mente seguía divagando. De repente, escuchó pasos acercándose por el pasillo. Levantó la vista y, como si el destino jugara una broma cruel, Rey y Cam se acercaban juntos, charlando de manera relajada. Los dos parecían estar en buenos términos, lo que solo aumentaba su confusión.
Rey levantó la mirada y, al verla, interrumpió la conversación, caminando hacia ella.
—¿Todo en orden por aquí? —preguntó, su voz baja pero cargada de algo que Leah no podía identificar.
Leah asintió, sin mucho entusiasmo.
—Sí, todo bien. Solo terminando algunos informes —respondió mientras fingía concentrarse en las hojas frente a ella.
Cam, notando la tensión en el aire, sonrió con su habitual carisma.
—Bueno, Leah, quería saber si tienes un momento para discutir algunos de los nuevos protocolos que Jacqueline mencionó. Creo que sería útil que trabajemos juntos en eso —dijo, sus ojos verdes centelleando.
Rey no dijo nada, pero Leah sintió su mirada. La incomodidad entre ellos crecía, pero Cam parecía ajeno a todo.
—Claro, podemos revisar eso ahora —dijo Leah, viendo cómo Rey se alejaba lentamente sin decir una palabra.
Mientras Cam y Leah se dirigían a la sala de reuniones, el silencio entre ellos era palpable. Cam, siempre atento, notó la incomodidad en Leah y decidió romper el hielo.
—Pareces un poco distraída hoy —comentó con una sonrisa amable—. Espero no haber sido yo el que te haya incomodado.
Leah lo miró sorprendida.
—¿Qué? No, no es eso —respondió rápidamente, sintiéndose algo culpable—. Solo… muchas cosas en la cabeza, ya sabes cómo es trabajar aquí.
Cam asintió, pero su expresión se suavizó un poco.
—Entiendo. Solo quería asegurarme de que estemos bien. Es importante para mí que podamos trabajar cómodamente juntos —dijo, su tono más serio.
Leah lo observó por un momento. Cam era un hombre atractivo y encantador, eso era innegable. Pero había algo más en su actitud que la hacía sentir un poco vulnerable. No estaba segura de si era su amabilidad genuina o su interés en ella lo que le hacía sentir así.
Finalmente, entraron en la sala de reuniones, donde los informes y protocolos estaban esparcidos por la mesa. Cam comenzó a explicar algunos detalles sobre las nuevas implementaciones que Jacqueline quería llevar a cabo, pero la mente de Leah seguía divagando, cada vez más alejada de la conversación. Mientras Cam hablaba, su atención se dirigía inevitablemente a Rey. ¿Qué estaría pensando él ahora?
De repente, la voz de Cam la trajo de vuelta a la realidad.
—Leah, ¿me escuchaste? —preguntó, levantando una ceja, claramente notando su distracción.
Leah parpadeó, sorprendida.
—Lo siento, ¿qué decías?
Cam soltó una pequeña risa.
—Parece que alguien tiene muchas cosas en mente. Estaba diciendo que podríamos revisar estos cambios juntos en otro momento, si hoy no es buen día para ti.
Leah sonrió, agradecida por su comprensión.
—Gracias, sí, creo que es lo mejor.
Justo cuando Leah se preparaba para levantarse, la puerta se abrió de golpe. Era Iris, con una sonrisa radiante en el rostro.
—¡Leah, Cam! —saludó alegremente—. Estaba buscando a Rey, ¿lo han visto? Quería invitarlo a tomar algo después del turno.
Leah sintió un nudo en el estómago. No podía evitarlo; la idea de que Iris se acercara tanto a Rey le incomodaba más de lo que quería admitir. Pero trató de mantener la calma.
—Creo que está en la sala de descanso —respondió Leah, intentando que su voz sonara neutral.
Iris asintió, aparentemente sin notar el conflicto interno de Leah.
—Perfecto, gracias. Nos vemos luego —dijo, saliendo de la sala tan rápido como había entrado.
Cam miró a Leah de reojo, y aunque no dijo nada, Leah supo que él había captado la tensión en el aire.
—Parece que Iris tiene bastante interés en Rey —comentó Cam, con un tono que pretendía ser despreocupado, pero que Leah notó estaba lleno de curiosidad.
Leah se encogió de hombros, intentando no mostrar demasiada emoción.
—Parece que sí —respondió, evitando la mirada de Cam.
Cam la observó por un momento, como si estuviera analizando cada uno de sus gestos.
—Y tú, ¿qué piensas de eso? —preguntó, su tono más directo de lo habitual.
Leah lo miró, sorprendida por su pregunta. No estaba acostumbrada a que alguien fuera tan directo en temas personales, pero sabía que Cam tenía esa habilidad para hacerla sentir cómoda y vulnerable al mismo tiempo.
—No es asunto mío —respondió Leah finalmente, intentando sonar convincente—. Rey puede hacer lo que quiera.
Cam asintió, pero no parecía del todo convencido.
—Bueno, si alguna vez necesitas hablar de lo que sea, aquí estoy —dijo con una sonrisa cálida—. Y si no es sobre trabajo, también está bien.
Leah sonrió, agradecida por su amabilidad, pero sabiendo que había cosas que necesitaba resolver por sí misma.
—Gracias, lo tendré en cuenta.
Mientras salía de la sala de reuniones, Leah sintió que el aire en el hospital estaba más pesado de lo habitual. La conversación con Cam la había dejado más confundida de lo que ya estaba, y la presencia de Iris no ayudaba a calmar sus emociones.
Se dirigió a la sala de descanso, donde efectivamente encontró a Rey, sentado solo con una taza de café. Parecía absorto en sus pensamientos, pero al verla, levantó la mirada y sonrió débilmente.
—Te vi hablando con Cam —comentó Rey, su tono tranquilo, pero con una chispa de algo que Leah no podía descifrar.
—Sí, estábamos revisando algunos protocolos —respondió Leah, sentándose frente a él.
El silencio que siguió fue incómodo, pero ninguno parecía dispuesto a romperlo.
—¿Estás bien, Leah? —preguntó Rey de repente, su mirada fija en ella.
Leah se quedó en silencio por un momento, sopesando si debía ser honesta o seguir ocultando lo que realmente sentía.
—No lo sé, Rey —respondió finalmente—. ¿Tú lo estás?
Rey la miró, sorprendido por su franqueza, pero antes de que pudiera responder, la puerta se abrió de nuevo, y Iris entró, su sonrisa radiante y sus ojos brillando de emoción.
—¡Rey! —exclamó ella—. Justo te estaba buscando. ¿Te gustaría salir a tomar algo después del turno?
Leah sintió cómo todo su cuerpo se tensaba, y aunque trató de mantenerse neutral, no pudo evitar sentir que ese era el punto de inflexión que tanto había temido.
Rey, atrapado entre la mirada expectante de Iris y la silenciosa tensión de Leah, se quedó sin saber qué responder.