El día siguiente amaneció más tranquilo en el hospital. El caos de la emergencia del día anterior había disminuido, pero el ambiente aún se sentía cargado de una energía sutil. Todos se estaban adaptando a sus nuevos roles, y el equipo comenzaba a funcionar con una precisión admirable. Sin embargo, entre los pasillos y las salas, las interacciones personales estaban lejos de ser claras o simples.
Leah llegó temprano, como siempre, lista para enfrentar su turno con determinación. Mientras recorría el hospital, revisando las salas y asegurándose de que todo estuviera en orden, no pudo evitar pensar en lo ocurrido el día anterior. La mirada de Iris hacia Rey, la conversación con Cam, y ese sentimiento incómodo que había comenzado a crecer en su interior. ¿Estaba exagerando? ¿O de verdad había algo más detrás de esas miradas e insinuaciones?
Con un suspiro, se dirigió a la sala de descanso, donde esperaba encontrar un momento de tranquilidad antes de que empezara el ajetreo del día. Sin embargo, apenas cruzó la puerta, encontró a Rey sentado en una esquina, con su usual taza de café en la mano, pero con una expresión que delataba que también estaba perdido en sus propios pensamientos.
—¿Todo bien? —preguntó Leah, tomando asiento a su lado, tratando de sonar casual, aunque sabía que las palabras entre ellos últimamente no eran del todo fluidas.
Rey levantó la vista y sonrió débilmente.
—Sí, solo… procesando todo lo de ayer. Fue un día intenso —respondió él, aunque su tono denotaba que había algo más que simplemente el estrés del trabajo.
Leah asintió, sabiendo que no era el momento para presionar. Ambos habían estado en una especie de danza incómoda desde que regresaron de las vacaciones. Habían compartido momentos íntimos y cercanos, pero Rey, fiel a su naturaleza, había comenzado a marcar cierta distancia. Y Leah no podía negar que eso le afectaba.
—Lo fue —dijo ella, mirando su café—. Pero lo manejamos bien.
Rey la observó por un momento antes de asentir.
—Sí, lo hicimos.
El silencio que siguió fue denso. Ambos sabían que había algo más que debían decir, pero ninguno se atrevía a dar el primer paso. Rey siempre había sido reacio a las relaciones serias, y aunque Leah sabía que él sentía algo por ella, también entendía que estaba luchando contra sus propios miedos e inseguridades.
Antes de que pudieran continuar la conversación, la puerta de la sala de descanso se abrió, y Cam entró con una sonrisa despreocupada. Su presencia parecía iluminar la habitación de inmediato, y no pasó mucho tiempo antes de que sus ojos verdes se posaran en Leah.
—Buenos días, equipo. Sineto no presentarme ayer soy Cam un gusto trabajar con ustedes —saludó con entusiasmo, tomando una taza de café y acercándose a la mesa donde estaban Leah y Rey—. ¿Listos para otro día de salvar vidas?
Leah sonrió, intentando ignorar la sensación de incomodidad anterior.
—Siempre listos —respondió ella, tratando de mantener la conversación ligera.
Rey, sin embargo, apenas levantó la vista de su café. Aunque su postura era relajada, Leah notó una ligera rigidez en sus hombros. Cam no parecía darse cuenta, o si lo hacía, no lo demostró.
—Me he enterado de que Jacqueline tiene algunos nuevos procedimientos que quiere implementar —comentó Cam, dirigiéndose tanto a Leah como a Rey—. Parece que quiere que el hospital sea un ejemplo en innovación médica.
—Es típico de Jacqueline —respondió Rey, sin mucho entusiasmo—. Siempre buscando maneras de mejorar todo.
Leah asintió, pero su atención estaba dividida. Sabía que había algo más detrás de esa tensión entre Rey y Cam. Aunque Rey no había dicho nada, ella podía sentir que la presencia de Cam le afectaba de alguna manera. Quizás era el hecho de que Cam, con su carisma y habilidades, parecía encajar perfectamente en el equipo, y que su interés en Leah no había pasado desapercibido.
Tras un par de minutos más de conversación, Leah se levantó.
—Creo que voy a revisar algunos informes antes de que comencemos el día —dijo, despidiéndose de ambos.
Mientras se alejaba, no pudo evitar sentir los ojos de Cam siguiéndola. Era una sensación extraña, como si él estuviera tratando de conocerla mejor, pero de una manera que no la hacía sentir del todo cómoda.
El día transcurrió sin incidentes importantes, lo que era una rareza en el hospital. Las salas estaban tranquilas y el equipo se manejaba con eficacia. Sin embargo, Leah no podía quitarse de la cabeza las tensiones silenciosas que se cernían sobre ella. Rey seguía actuando de manera distante, y Cam, aunque encantador y profesional, parecía estar más interesado en su vida personal de lo que ella esperaba.
Hacia el final del día, mientras Leah revisaba algunos informes en su estación, Iris, la enfermera de cabello rubio platinado, se le acercó. Era una mujer que siempre irradiaba confianza, y Leah apreciaba lo bien que trabajaba bajo presión. Sin embargo, había algo en la forma en que interactuaba con Rey que la hacía sentirse alerta.
—Leah, hola nos conocimos ayer, soy Iris… pero ¿puedo preguntarte algo? Siento la imprudencia —dijo Iris, con su sonrisa fácil y encantadora.
—Claro, un gusto conocerte, dime —respondió Leah, cerrando los informes y dirigiendo toda su atención a la enfermera.
Iris se apoyó ligeramente en la mesa, como si lo que iba a decir no tuviera demasiada importancia, pero Leah supo de inmediato que se trataba de algo más.
—Es sobre Rey —comenzó Iris, y Leah sintió que su cuerpo se tensaba ante la mención de su nombre—. Parece un tipo genial, y… bueno, estaba pensando en invitarlo a un café, me parece interesante.
Leah parpadeó, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. No podía decir que estaba sorprendida, Iris había mostrado interés en Rey desde el primer día. Pero escucharla decirlo directamente removió algo en su interior que no esperaba.
—Oh… —fue todo lo que pudo decir en un primer momento—. Bueno, Rey es… genial, sí.
Iris rió suavemente, probablemente interpretando la incomodidad de Leah como una simple sorpresa.
—No es que sea algo serio —continuó Iris—. Solo pensé que sería divertido conocerlo fuera del hospital.
Leah sintió cómo su corazón se aceleraba. Aunque compartieron momentos cercanos y parecía haber una conexión especial, Rey había sido algo distante desde que volvieron, puede ser por el hospital y su rutina diaria o su miedo a comprometerse con alguien.
—Bueno, a él no le gusta las relaciones serias… —respondió Leah con una sonrisa tensa—. Es un buen compañero de trabajo.
Iris asintió, satisfecha con la respuesta, aunque Leah sintió que algo en ella se rompía. Después de unos segundos de charla ligera, Iris se despidió y volvió a su trabajo. Leah se quedó allí, luchando con sus pensamientos. ¿Por qué le dolía tanto la idea de que Iris invitara a salir a Rey, no se supone que comenzarían una relación?
Justo en ese momento, Rey apareció por el pasillo, dirigiéndose hacia ella. Leah intentó actuar con normalidad, pero la conversación con Iris aún resonaba en su cabeza.
—¿Todo bien? —preguntó Rey, notando su expresión.
Leah asintió rápidamente.
—Sí, todo bien. Solo… un poco cansada —mintió.
Rey la miró por un momento, como si supiera que no estaba diciendo toda la verdad, pero no presionó. Él tampoco parecía estar en el mejor de los ánimos, lo que solo aumentaba la tensión entre ambos.
Antes de que pudieran seguir hablando, Cam apareció al final del pasillo, llamando a Leah para revisar algunos informes pendientes. Mientras se alejaba con Cam, Leah sintió los ojos de Rey sobre ella, y no pudo evitar preguntarse si él también sentía ese mismo conflicto interno que la atormentaba a ella.