Tras unas vacaciones inolvidables, el grupo regresó a la rutina, pero esta vez con una energía renovada. El hospital había cambiado, y con Jacqueline al mando, las cosas parecían más organizadas y prometedoras que nunca. Se respiraba un aire de optimismo en cada rincón. El equipo estaba listo para enfrentar nuevos desafíos, y todos sabían que la estabilidad y la dirección de Jacqueline eran el motor de ese cambio.
Leah, Rey, Camila, y el resto del equipo habían recibido los puestos que Jacqueline les había prometido. Leah estaba emocionada por comenzar en su nueva área de trabajo, ahora con más responsabilidad. Rey, aunque menos efusivo, también parecía entusiasmado por esta nueva etapa. Camila estaba feliz de volver a trabajar, pero lo que más la emocionaba era ver cómo el hospital había comenzado a florecer bajo el liderazgo de su amiga.
La mañana en el hospital comenzaba con energía. El personal revisaba el equipo, las agendas de pacientes, y se aseguraban de que todo estuviera en su lugar. Jacqueline, como directora, recorría los pasillos con paso firme, saludando a su equipo y asegurándose de que todo funcionara como debía.
—Es un nuevo día, chicos —dijo Jacqueline mientras pasaba por el área de descanso donde Leah y Rey estaban tomando un café—. Hoy empezamos oficialmente esta nueva etapa. Recuerden, este hospital es ahora nuestra casa, y cada uno de ustedes es una parte fundamental de lo que estamos construyendo.
Leah sonrió, sintiendo que algo especial se estaba gestando. No solo en el hospital, sino también en su relación con Rey. Aunque habían vuelto a la rutina, ambos sabían que algo había cambiado entre ellos. Sin embargo, el ambiente de trabajo a veces les dificultaba encontrar un espacio para hablar de ello.
De repente, una alarma sonó en el hospital, cortando cualquier conversación. Un código rojo. Una gran emergencia había sido recibida: un accidente múltiple en la autopista cercana al hospital. La sala de emergencias entró en caos organizado, y todos los presentes se pusieron en acción. Médicos, enfermeras y personal de apoyo corrieron hacia sus puestos, preparándose para la llegada de los heridos.
Leah y Rey intercambiaron una mirada de complicidad antes de separarse. Ambos sabían que en esos momentos había que dejar las emociones personales de lado y enfocarse en salvar vidas.
—¡Prepárense para recibir a los pacientes! —gritó Jacqueline desde la entrada, dirigiendo las operaciones con calma, pero con autoridad.
La primera ambulancia llegó con una familia que había sufrido un impacto lateral. Los paramédicos bajaron a un hombre inconsciente, con múltiples heridas. Rey, junto a otros médicos, corrió para ayudar.
—¡Laceraciones graves en el torso y fracturas múltiples! —anunció Rey mientras el equipo lo colocaba en una camilla y lo llevaban directamente a la sala de operaciones.
Leah estaba asignada a otro caso: una mujer con una fractura en el cráneo y posibles lesiones internas. Junto a ella, una enfermera nueva se movía con rapidez y precisión. Era Iris, una joven de cabello rubio casi blanco y una figura esbelta que trabajaba con destreza. Tenía la piel morena y sus movimientos denotaban experiencia y seguridad. Mientras ayudaba a estabilizar a la paciente, Leah no pudo evitar notar lo eficiente que era Iris en su trabajo.
—Mantén las compresiones —le dijo Leah, admirando la rapidez con la que la enfermera respondía a sus indicaciones.
Las ambulancias continuaban llegando y la tensión aumentaba. Mientras tanto, un doctor nuevo también había entrado en acción. Era Cam, un joven atractivo de piel clara, ojos verdes penetrantes y cabello color miel. Se movía con elegancia y precisión, y pronto llamó la atención de varios en el equipo. Cam era conocido por su habilidad en traumatología, y no perdió tiempo en demostrarlo.
—¡Fractura expuesta en la pierna izquierda! Necesitamos estabilizarlo antes de moverlo —ordenó Cam mientras dirigía al equipo, su voz firme y clara.
Leah lo observó por un momento, impresionada por su confianza y liderazgo. Cam se manejaba con una tranquilidad y una seguridad que pocas veces había visto en alguien nuevo. Aunque estaba centrada en su propio paciente, no podía evitar sentir cierta curiosidad por el nuevo doctor.
Las horas pasaron en un frenesí de actividad. La mayoría de los pacientes fueron estabilizados y enviados a cirugía o a cuidados intensivos. Al final de la emergencia, el equipo se reunió brevemente para evaluar la situación. La tensión comenzaba a desvanecerse, pero el cansancio se hacía evidente en los rostros de todos.
Leah se apoyó contra una pared, tratando de recuperar el aliento. A lo lejos, vio a Rey conversando con Iris, la nueva enfermera. Iris reía mientras hablaba, y sus ojos no se apartaban de Rey. Algo en la forma en que lo miraba hizo que Leah sintiera una punzada de incomodidad.
Rey, por su parte, parecía relajado, aunque no demasiado comprometido en la conversación. Leah lo conocía lo suficiente como para saber que Rey no era de los que se dejaban impresionar fácilmente, pero aún así, no pudo evitar sentir un leve toque de celos al ver cómo Iris lo miraba.
Mientras trataba de apartar esos pensamientos, sintió una presencia a su lado. Era Cam, el nuevo doctor, quien se había acercado después de notar su mirada perdida.
—Ha sido un día intenso, ¿verdad? —dijo él, con una sonrisa suave.
Leah asintió, aún con la mente en Rey e Iris.
—Sí, ha sido un caos, pero al menos hemos podido estabilizar a la mayoría —respondió, forzando una sonrisa.
Cam se quedó en silencio por un momento, como si estuviera evaluando la situación. Luego, con un tono más serio, dijo:
—Es impresionante lo bien que trabajas bajo presión. Vi cómo manejaste esa fractura craneal. No es algo fácil de tratar.
Leah se sintió halagada, pero también notó una leve insinuación en la manera en que Cam la miraba. Había admiración en sus ojos, pero también algo más. Algo que la hizo sentir un poco incómoda, pero al mismo tiempo intrigada.
—Gracias, tú también estuviste increíble en trauma. Parece que te adaptaste muy rápido al equipo —respondió, tratando de mantener la conversación ligera.
—Bueno, este hospital tiene un ambiente único —dijo Cam, su sonrisa volviendo a suavizarse—. Y parece que las personas aquí son bastante excepcionales.
Leah se rió, pero no pudo evitar notar que la mirada de Cam no se apartaba de ella. Había algo en la forma en que la observaba que la hacía sentir que él estaba interesado en algo más que una simple conversación de trabajo. Era una sensación extraña, pero no del todo desagradable.
Antes de que pudiera responder, una voz interrumpió su momento. Era Jacqueline, quien se acercó al grupo para dar las gracias y felicitar a todos por su trabajo.
—Han sido increíbles hoy —dijo, con un tono de admiración en su voz—. No podría estar más orgullosa de cómo manejaron la situación. El hospital está en buenas manos con todos ustedes aquí.
Leah agradeció el cumplido y vio cómo Rey se acercaba al grupo. Él y Cam intercambiaron un saludo cordial, pero Leah no pudo evitar sentir cierta tensión en el aire. Tal vez era solo su imaginación, pero había algo en la mirada de Rey que no había visto antes. ¿Era posible que también hubiera notado la atención de Cam hacia ella?
Después de unas palabras más de Jacqueline, el grupo comenzó a dispersarse. Leah sintió que había sido un día largo y agotador, pero no podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido. Desde la mirada de Iris hacia Rey hasta el interés de Cam en ella, algo parecía estar cambiando en su vida personal, justo cuando todo en el trabajo comenzaba a estabilizarse.
A medida que salía del hospital para regresar a casa, no pudo evitar preguntarse qué significaba todo esto. Había sido un día de nuevos comienzos en muchos sentidos. Pero también sabía que las complejidades de las relaciones humanas no serían tan fáciles de manejar como cualquier emergencia médica.