Al día siguiente, el sol de Nueva York brillaba en todo su esplendor, pero Leah apenas lo notaba. Estaba nerviosa por la conversación pendiente con Rey. Tras la noche de pijamadas con Camila y Jacqueline, se sentía más segura, pero la incertidumbre todavía la mantenía en tensión. No podía evitar pensar en todas las posibilidades: ¿y si Rey no quería lo mismo que ella? ¿Y si esa conexión que había sentido no era suficiente para él?
Leah estaba en la habitación de Camila, frente al espejo, preparándose para el día. Camila y Jacqueline estaban terminando su desayuno, hablando sobre los planes del día, pero Leah apenas prestaba atención. Su mente estaba en otra parte.
—Hey, ¿estás bien? —preguntó Camila, notando el aire pensativo de Leah.
—Sí, solo estoy nerviosa. Hoy voy a hablar con Rey, y no sé qué va a pasar —admitió Leah mientras recogía su cabello en una coleta baja.
—Es natural estar nerviosa, pero ya sabes lo que dijimos anoche —respondió Jacqueline con una sonrisa reconfortante—. Ser honesta contigo misma y con él es lo más importante. Sea cual sea el resultado, sabrás que diste lo mejor de ti.
Leah asintió. Sabía que sus amigas tenían razón, pero eso no hacía que la situación fuera menos aterradora.
—Bueno, cuando lo veas, solo sé tú misma —añadió Camila—. Si las cosas están destinadas a funcionar, lo harán.
Leah tomó aire profundamente y decidió que era hora. Rey había salido temprano esa mañana, probablemente buscando despejar su mente, pero ella sabía dónde encontrarlo. Habían pasado tanto tiempo juntos en esos días que conocía sus rutinas. Era probable que estuviera en la playa, aprovechando la tranquilidad del mar antes de que el resto del grupo se uniera para las actividades del día.
Se despidió de sus amigas, quienes la animaron con gestos de aliento, y salió del resort, dirigiéndose hacia la playa. Mientras caminaba, sentía la brisa marina jugar con su cabello y el sonido de las olas la tranquilizaba un poco. A lo lejos, vio a Rey sentado en la arena, observando el horizonte. Su corazón latió más rápido, pero siguió avanzando.
Rey estaba absorto en sus pensamientos, mirando el vaivén del agua. No se percató de la llegada de Leah hasta que ella estuvo a su lado.
—¿Te molesto si me siento? —preguntó Leah, con una sonrisa suave.
Rey levantó la vista, sorprendido pero aliviado de verla.
—No, claro que no —respondió, haciendo espacio en la arena.
Leah se sentó a su lado, en silencio por un momento, ambos mirando el océano. La calma del entorno contrastaba con la tormenta de emociones que Leah sentía dentro de sí. Finalmente, decidió romper el silencio.
—Anoche fue… increíble. Pero siento que algo cambió esta mañana. —Su voz era suave, pero decidida.
Rey suspiró, sabiendo exactamente a qué se refería. Había pasado la mañana pensando en ello, preguntándose cómo manejar la situación. No quería perder la conexión que había desarrollado con Leah, pero el miedo a comprometerse lo detenía.
—Sí, anoche fue genial —comenzó, eligiendo sus palabras cuidadosamente—. Pero también me hizo darme cuenta de algunas cosas.
Leah lo miró, su corazón latiendo con fuerza mientras esperaba que él continuara.
—No sé cómo decir esto sin sonar como un idiota, pero no estoy seguro de estar listo para algo serio, Leah. —Rey desvió la mirada, fijándola en el agua—. Lo último que quiero es herirte, pero tengo que ser honesto contigo. He estado evitando las relaciones serias porque no quiero atarme. Me gusta la libertad que tengo, pero cuando estoy contigo… todo se siente diferente, y eso me asusta.
Leah sintió un nudo en el estómago. Sabía que Rey era reacio a las relaciones serias, pero escucharlo decirlo en voz alta dolía más de lo que había anticipado.
—Lo entiendo, Rey —dijo, tratando de sonar tranquila—. También tengo miedo, pero no podemos seguir fingiendo que no hay algo entre nosotros. No estoy pidiéndote que cambies todo por mí, pero no quiero seguir sintiéndome en esta incertidumbre. Si no estás listo para algo más, dímelo. Pero si crees que vale la pena intentarlo, entonces quiero saberlo.
Rey se quedó en silencio, sintiendo la presión de la decisión. Sabía que Leah tenía razón. Había una conexión innegable entre ellos, algo que no podía ignorar, pero el miedo seguía presente.
—Leah, no quiero perderte —dijo finalmente, mirándola a los ojos—. Pero tampoco quiero hacerte daño. Estoy atrapado entre lo que siento por ti y lo que creo que es mejor para mí.
—¿Y qué crees que es mejor para ti? —preguntó Leah, sus ojos buscando respuestas en los de él.
Rey se tomó un momento para pensar. El viejo Rey habría dicho que lo mejor era seguir con su vida despreocupada, sin ataduras. Pero el Rey que estaba sentado junto a Leah en ese momento ya no estaba tan seguro de eso.
—No lo sé. Pero lo que sí sé es que estar contigo me hace sentir algo que no había sentido antes. —Su voz bajó un poco, casi como si le costara admitirlo—. Y eso me asusta. Mucho.
Leah lo miró, sintiendo una mezcla de alivio y frustración.
—Rey, yo tampoco tengo todas las respuestas, pero no podemos seguir así. Si te importa lo que tenemos, necesitamos ser sinceros. No me importa que tengas miedo, yo también lo tengo. Pero prefiero enfrentar ese miedo contigo que seguir huyendo.
Rey suspiró, pasándose una mano por el cabello. Sabía que Leah tenía razón. Huir ya no era una opción, no si realmente le importaba ella. Miró a Leah, viendo la honestidad en sus ojos, y sintió que algo dentro de él comenzaba a cambiar.
—Tienes razón —dijo finalmente—. No quiero seguir huyendo. Me importas demasiado como para hacerlo.
Leah sintió que su corazón daba un vuelco. Las palabras de Rey, aunque llenas de dudas, eran sinceras. Sabía que no sería fácil, pero estaba dispuesta a intentarlo.
—Entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó ella, su voz más suave ahora, más esperanzada.
—Supongo que intentamos descubrirlo juntos —respondió Rey, mirándola con una sonrisa leve—. No prometo que será fácil, pero estoy dispuesto a intentarlo, si tú también lo estás.
Leah sonrió, sintiendo que una gran carga se aligeraba de sus hombros. Tal vez no tenían todas las respuestas, pero al menos estaban dispuestos a encontrar un camino juntos.
—Estoy dispuesta —dijo, tomando su mano—. No tiene que ser perfecto, solo tiene que ser real.
Rey apretó su mano suavemente, asintiendo. Se inclinó hacia ella y, con un gesto lento pero seguro, la besó suavemente en los labios. El beso fue breve, pero lleno de significado. No era solo un gesto romántico; era una promesa de que, a pesar de sus miedos, estaban dispuestos a intentarlo.
Después del beso, se quedaron en silencio, disfrutando de la cercanía y del sonido de las olas rompiendo en la orilla. No sabían qué les deparaba el futuro, pero en ese momento, solo importaba el presente.
Leah apoyó la cabeza en el hombro de Rey mientras ambos miraban el océano, sabiendo que este era solo el comienzo de algo nuevo. Tal vez no tenían todas las respuestas, pero lo que sí sabían es que estaban dispuestos a enfrentarlo juntos, paso a paso.
Más tarde, al regresar al resort, las chicas estaban ansiosas por saber qué había pasado. Leah entró en la habitación de Camila con una gran sonrisa en su rostro, y antes de que pudiera decir algo, ambas la rodearon.
—¡Cuéntanos todo! —exclamó Jacqueline, llena de curiosidad.
Leah se rió, sentándose en la cama mientras las miraba con emoción.
—Hablamos, y bueno… no tenemos todas las respuestas, pero estamos dispuestos a intentarlo. —Se sonrojó ligeramente al recordar el beso en la playa—. No será fácil, pero creo que realmente vale la pena.
Camila y Jacqueline se miraron emocionadas y se lanzaron sobre Leah, abrazándola con fuerza.
—¡Sabíamos que iba a funcionar! —dijo Camila, riendo—. ¡Ahora, celebremos como es debido!
Jacqueline asintió con entusiasmo, y las tres comenzaron a planear una pequeña celebración, sabiendo que había mucho más por venir en esas vacaciones. Pero lo más importante era que, por primera vez en mucho tiempo, Leah sentía que estaba exactamente donde debía estar: rodeada de amigas y dispuesta a explorar lo que el futuro le deparaba con Rey.
Mientras el día se desarrollaba, la alegría del grupo era palpable. Aunque no sabían lo que el mañana les traería, por ahora, todo parecía estar en su lugar.