El sol comenzaba a asomarse por el horizonte, derramando sus cálidos rayos a través de las cortinas de la habitación del resort. Leah parpadeó lentamente, sintiendo que su mente aún estaba sumida en una neblina de confusión. Al intentar incorporarse, se dio cuenta de que estaba acurrucada en los brazos de Rey. Su corazón dio un vuelco, pero una sensación de inquietud la invadió al notar que llevaba puesta una pijama corta y que él no tenía camisa.
Leah se quedó quieta por un momento, tratando de recordar lo que había ocurrido la noche anterior. Sus recuerdos eran vagos y difusos, llenos de risas y música, pero había un gran vacío que la hacía sentir incómoda. Finalmente, Rey despertó al sentir que ella se movía y sus ojos se abrieron lentamente, llenos de sorpresa.
—¿Qué pasó anoche? —preguntó Leah, sintiendo un ligero rubor en sus mejillas mientras se alejaba un poco, intentando mantener una distancia prudente.
—No estoy seguro... —respondió Rey, frotándose la cabeza en un gesto de confusión—. La última vez que lo recuerdo, estábamos bailando y luego... no sé.
Ambos intercambiaron miradas, la tensión en el aire era palpable. A medida que la incomodidad aumentaba, Rey sintió que la decisión de mantener las cosas ligeras y divertidas se tambaleaba. No estaba preparado para involucrarse emocionalmente, y la cercanía de la noche anterior lo hacía cuestionar su postura.
—Creo que necesito un poco de aire —dijo Rey, levantándose rápidamente de la cama y dirigiéndose hacia la terraza—. Voy a dar una vuelta.
Leah lo vio alejarse, sintiéndose confundida y algo herida. ¿Había arruinado todo entre ellos? Se sintió sola, a pesar de la compañía de Rey.
Mientras tanto, en la habitación de al lado, Jacqueline y Camila despertaron con resaca. El sol brillaba intensamente y sus cabezas palpitaban, llenas de un extraño malestar.
—¿Dónde está el agua? —murmuró Jacqueline, levantándose de la cama con dificultad y frotándose las sienes.
—No tengo idea, pero creo que necesito un café... o un milagro —respondió Camila, tratando de recordar los eventos de la noche anterior mientras se pasaba una mano por el cabello desordenado.
Ambas chicas se miraron, unidas en su estado lamentable, y decidieron que era hora de salir a buscar a Leah y Rey. Al abrir la puerta, se encontraron con Rey, que parecía perdido en sus pensamientos, dando vueltas en el pasillo.
—¿Todo bien, Rey? —preguntó Jacqueline, notando el cambio en su expresión.
—Sí, solo... necesito un poco de tiempo a solas. —Rey se despidió con una leve sonrisa, aunque su mirada reflejaba la inquietud que sentía por dentro.
Camila y Jacqueline se miraron, preocupadas por la actitud de Rey.
—Algo está pasando —dijo Camila—. Deberíamos hablar con Leah.
Entraron en la habitación de Leah, donde la encontraron sentada en la cama, con la mirada perdida y un aire de preocupación que no pasaba desapercibido.
—¿Leah? —preguntó Jacqueline, con un tono suave y reconfortante—. ¿Estás bien?
Leah levantó la vista, intentando sonreír, pero no podía ocultar la tristeza que sentía.
—No lo sé. Creo que anoche… no sé qué pasó realmente entre Rey y yo.
Las chicas se acercaron y se sentaron a su lado, dispuestas a ofrecer apoyo.
—¿Quieres hablar de ello? —sugirió Camila, con un gesto comprensivo.
Leah suspiró, sintiendo que la carga que llevaba se aligeraba al poder compartir lo que había en su corazón.
—La verdad es que siento algo especial por Rey, pero no estoy segura de cómo se siente él. Anoche fue increíble, pero ahora todo se siente confuso. A veces creo que le gusto, y otras veces, como ahora, siento que está retrocediendo.
Jacqueline frunció el ceño al escuchar las palabras de Leah.
—Puede que tenga miedo de comprometerse. Algunos chicos piensan que estar en una relación significa perder su libertad.
Leah asintió, sintiéndose comprendida, pero también ansiosa.
—Exacto. Me gusta que él sea divertido y espontáneo, pero... ¿y si eso significa que no quiere algo serio?
Camila se inclinó hacia adelante, con una mirada de empatía en su rostro.
—Leah, si realmente te gusta, deberías decírselo. No hay nada de malo en ser honesta con tus sentimientos. La comunicación es clave.
Leah respiró hondo, sintiendo un poco más de claridad al escuchar las palabras de su amiga. Pero también sabía que abrirse podía ser un riesgo.
—Pero, ¿y si eso lo asusta? ¿Y si se aleja aún más? —preguntó, sintiendo un nudo en su garganta.
—Eso es parte del riesgo de abrirse. Pero también podría acercarlos más —dijo Jacqueline, dándole un toque reconfortante en el hombro—. Y si él realmente no está interesado en algo más, entonces al menos sabrás dónde estás parada.
Leah respiró hondo una vez más, sintiendo un torbellino de emociones en su interior. Sabía que tenía que hablar con Rey, pero no podía evitar sentirse nerviosa ante la perspectiva de la conversación.
—Tal vez tienen razón. Necesito hablar con él. —Se sintió más decidida, pero también un poco ansiosa.
Jacqueline y Camila sonrieron, aliviadas de ver que Leah estaba dispuesta a dar el siguiente paso.
—Pero antes de eso, ¿qué tal si tenemos una noche de pijamadas en mi habitación? —propuso Camila, sonriendo de oreja a oreja—. Podemos relajarnos, hablar de chicos y hacer lo que hacemos mejor.
Leah sonrió, sintiéndose reconfortada por la idea de pasar tiempo con sus amigas.
—Me encantaría eso. Necesito un poco de tiempo con ustedes.
Las chicas comenzaron a planear su noche de pijamadas, riendo y bromeando sobre las aventuras pasadas. Al mismo tiempo, Leah se sentía agradecida por tener amigas que la apoyaban. Sabía que la conversación con Rey no sería fácil, pero al menos no tendría que enfrentarse a ello sola.
Mientras tanto, Rey caminaba por la playa, sintiendo la brisa marina en su rostro. La belleza del paisaje no podía distraerlo de sus pensamientos. Recordaba cada risa, cada mirada entre él y Leah. Había algo especial en ella, algo que lo atraía con fuerza. Sin embargo, también había una voz en su interior que le advertía sobre el peligro de acercarse demasiado.
“Es solo diversión”, se decía a sí mismo, tratando de convencerse de que no había necesidad de complicar las cosas. Pero cada vez que pensaba en Leah, su corazón latía más rápido, y eso le hacía dudar de su resolución. ¿Era posible que quisiera algo más que una simple aventura?
Mientras Rey se perdía en sus pensamientos, Leah y sus amigas comenzaron a prepararse para la noche de pijamadas. Se pusieron cómodas, cambiándose a sus pijamas y arreglándose el cabello. El ambiente era ligero y divertido, lleno de risas y anécdotas sobre sus experiencias en la playa.
Al llegar la noche, las chicas se instalaron en la habitación de Camila. Tenían almohadas, mantas y una variedad de bocadillos. La música suave de fondo creaba un ambiente acogedor.
—¡Noche de pijamadas! —anunció Camila, levantando un paquete de galletas—. Esto va a ser épico.
Leah sonrió, sintiéndose más relajada. Las chicas se acomodaron en el suelo, formando un círculo, y comenzaron a compartir historias y chismes. Sin embargo, la conversación eventualmente se volvió hacia Leah.
—¿Así que... ¿qué está pasando entre tú y Rey? —preguntó Jacqueline, mirándola con curiosidad.
Leah se sonrojó, sintiéndose un poco expuesta, pero sabía que no podía ocultar lo que sentía.
—No lo sé. Ayer fue increíble, pero ahora no sé qué pensar. —Se detuvo, tratando de encontrar las palabras adecuadas—. Creo que me estoy enamorando de él.
Camila la miró con sorpresa y emoción.
—¡Eso es genial! Pero, ¿estás segura de que él siente lo mismo?
Leah suspiró, sintiendo el peso de la incertidumbre.
—Esa es la cuestión. A veces parece que sí, pero en otras ocasiones se siente distante. Me preocupa que no esté listo para algo serio.
Jacqueline la miró con empatía.
—Es normal tener dudas. Las relaciones son complicadas. Pero tienes que recordar que no puedes controlar cómo se siente él. Lo mejor que puedes hacer es ser honesta contigo misma y con él.
—¿Y si eso significa que se aleja? —preguntó Leah, sintiendo una punzada en su corazón.
—Esa es una posibilidad —respondió Camila—. Pero también puede acercarlos más. Si él realmente te quiere, querrá saber cómo te sientes.
Leah asintió, sabiendo que tenían razón. Era hora de enfrentar sus sentimientos y hablar con Rey. Estaba nerviosa, pero sabía que era necesario para saber dónde se encontraban ambos.
Esa noche, mientras las chicas seguían compartiendo risas y secretos, Leah decidió que al día siguiente hablaría con Rey. Tenía miedo de lo que pudiera suceder, pero también sabía que no podía seguir viviendo con la duda. La verdad era que estaba dispuesta a arriesgarse por él, porque lo que sentía era real.