Episodio 14

1491 Words
El sol se alzaba en el cielo, proyectando sus cálidos rayos sobre la playa de Nueva York. La brisa marina traía consigo un aroma fresco y salado que hacía que todos se sintieran aún más vivos. Leah se despertó con una sonrisa, sintiéndose emocionada por el segundo día de su escapada. Tras un rápido desayuno, el grupo se reunió en el vestíbulo del resort, listos para un día lleno de diversión. —¡Hoy es el día de las actividades acuáticas! —anunció Jacqueline, mientras ajustaba sus gafas de sol con una sonrisa radiante—. ¿Quién está listo para la diversión? —Yo estoy listo para hacer un poco de kayak y luego tal vez un poco de paddle surf —dijo Rey, sonriendo y lanzando una mirada desafiante a Leah—. Pero creo que necesito un compañero que no me haga hundirme. Leah se rió, sintiendo esa chispa entre ellos crecer. —¡Oh, por favor! Si alguien se hunde, serás tú. No tengo intenciones de que me hagas caer al agua —respondió, poniendo las manos en las caderas con un gesto juguetón. Camila intervino, entusiasmada. —¡Vamos! Esto es lo que necesitamos: competencia amistosa en el agua. Yo me apunto para ver cómo ambos se hunden —bromeó, haciendo un gesto con su mano como si estuviera atrapando algo en el aire. La risa del grupo resonó mientras se dirigían a la playa, donde los esperaban las tablas de paddle y los kayaks. Mientras se preparaban, Rey y Leah compartían pequeñas bromas sobre la falta de habilidades de cada uno en el agua. —Recuerda, si caes al agua, intenta no asustar a los peces —dijo Rey, guiñándole un ojo a Leah mientras se subía a su kayak. —Lo tendré en cuenta. Pero, sinceramente, no estoy segura de que ellos estén preparados para mí —respondió ella, riendo. Después de unas cuantas instrucciones y un par de intentos fallidos de equilibrar las tablas, el grupo finalmente se lanzó al agua. Leah y Rey compartieron un kayak, y su cercanía era palpable. Se empujaban uno al otro mientras intentaban navegar, y cada vez que Rey hacía un movimiento brusco, Leah soltaba un grito que se transformaba en risa. —¡Estás intentando volcarme! —gritó Leah entre risas. —No estoy haciendo nada, simplemente tienes que equilibrarte mejor —respondió Rey, burlándose de ella mientras remaba. Mientras tanto, Camila y Jacqueline competían en una tabla de paddle, tratando de mantener el equilibrio mientras lanzaban comentarios graciosos a los dos. —¡Vamos, Rey! ¡Leah, no te dejes vencer por el niño grande! —gritó Jacqueline, riendo mientras casi perdían el equilibrio en su propia tabla. —¡Soy más que un niño grande! —protestó Rey—. ¡Soy un verdadero aventurero! Las horas pasaron entre risas, salpicaduras de agua y un juego amistoso de "quién puede hacer la mejor bomba". Al final de la sesión de actividades acuáticas, todos estaban empapados, pero el ambiente era de pura alegría. Después de un breve descanso en el resort, el grupo decidió dirigirse a la playa una vez más para relajarse y disfrutar del sol. Leah y Rey se acomodaron en tumbonas cercanas, mientras Camila y Jacqueline se aventuraban a explorar más a fondo la zona. —Creo que este lugar tiene el mejor ambiente de vacaciones que he experimentado —dijo Leah, mientras se acomodaba en su tumbona, sintiendo la calidez del sol sobre su piel. —Definitivamente, especialmente porque no hay pacientes gritando por atención médica —respondió Rey, riendo—. Pero tienes que admitir que estar aquí es aún mejor porque tienes a la mejor compañía. Leah se sonrojó levemente y sintió que la tensión entre ellos se intensificaba. —¿Así que ahora soy la mejor compañía? —preguntó, tratando de sonar despreocupada. —Por supuesto —dijo Rey, mirándola a los ojos—. Con quien más podría hacer un espectáculo de agua como el de hoy. Leah se rió y, en un impulso, lanzó un poco de agua hacia él. Rey, sorprendido, rápidamente tomó su botella de agua y le devolvió el favor, lo que provocó que ambos estallaran en carcajadas. Sus risas llenaban el aire, creando una atmósfera de felicidad que rodeaba a todo el grupo. Después de un tiempo, el sol comenzó a descender en el horizonte, y el ambiente se tornó aún más mágico. El grupo decidió que era hora de prepararse para la noche. Se dirigieron al bar del resort, donde la música animada resonaba y las luces parpadeaban, creando una atmósfera festiva. —¡Bienvenidos al bar de la playa! —anunció Jacqueline, mientras pedía una ronda de cócteles de frutas tropicales—. Hoy vamos a disfrutar. —Y de la mejor manera: bailando hasta caer —agregó Camila, con una sonrisa desafiante. Una vez que recibieron sus bebidas, el grupo se dirigió a la pista de baile. Camila y Jacqueline se lanzaron a la pista, moviéndose al ritmo de la música y disfrutando de cada momento. Sus risas resonaban mientras hacían sus mejores movimientos de baile, y pronto, la pista se llenó de energía. —¡Vamos, Rey! ¡No seas un aguafiestas! —gritó Leah, mientras miraba a Rey que dudaba. —No soy un aguafiestas, solo estoy siendo cauteloso —dijo Rey, aunque su expresión indicaba que estaba más que dispuesto a unirse a la diversión. Finalmente, Leah tomó su mano y lo arrastró hacia la pista. La música se intensificó, y ambos comenzaron a moverse al ritmo, sus cuerpos acercándose más de lo que esperaban. Cada giro y cada paso estaban llenos de risas y química, y era como si el resto del mundo hubiera desaparecido. —Esto es increíble —dijo Rey, mientras ambos bailaban—. Nunca imaginé que podría disfrutar tanto. —Y pensar que todo comenzó con una competencia de kayaks —respondió Leah, riendo—. ¡Qué ironía! Las horas pasaron volando, y cada vez que la música cambiaba, la energía entre ellos se intensificaba. Las bromas y los comentarios graciosos no cesaban. —¡Mira eso! —gritó Leah, señalando a Jacqueline y Camila que estaban en medio de un giro loco—. Creo que van a causar una revolución en la pista. —No se preocupen, estoy seguro de que los demás están disfrutando del espectáculo —dijo Rey, mientras hacía un movimiento de baile exagerado, imitando a las chicas. Leah se rió tanto que casi perdió el equilibrio. La risa era contagiosa, y ambos estaban completamente inmersos en el momento. Finalmente, se tomaron un descanso y se dirigieron a la barra a reabastecerse de bebidas. —¿Qué tal si hacemos un brindis? —sugirió Rey, levantando su vaso lleno de un cóctel colorido—. Por las mejores vacaciones de nuestras vidas. —¡Salud! —gritaron todos, chocando sus vasos con entusiasmo. Con el paso de la noche, Camila y Jacqueline continuaron bailando, y pronto, el agotamiento se apoderó de ellas. Ambas cayeron en un mar de risas, tratando de recordar cómo habían subido a sus habitaciones. —¿Quién diría que el baile puede ser tan agotador? —dijo Jacqueline, entre risas. —Nosotros, ¡obviamente! —respondió Camila, mirando a su amiga con complicidad. Leah y Rey, aún bailando, se miraron y comenzaron a compartir momentos más íntimos. La química entre ellos se volvía palpable. —¿Quieres bailar solo tú y yo? —preguntó Leah, sintiéndose un poco nerviosa. —Claro, me encantaría —dijo Rey, mientras se acercaba a ella, envolviendo su brazo alrededor de su cintura. Bailaron juntos, perdidos en su propio mundo, sintiendo cómo el ritmo de la música resonaba en sus corazones. La conexión era intensa; sus cuerpos se movían al unísono y cada paso parecía acercarlos más. —Es asombroso cómo nos hemos acercado en tan poco tiempo —dijo Leah, mirándolo a los ojos. —Sí, pero me gusta —respondió Rey, su mirada intensa—. Siento que realmente te conozco ahora. El momento se alargó, y cada uno de ellos se sintió inmerso en la conexión que compartían. La música se desvaneció en el fondo, y lo único que importaba era su presencia. Finalmente, se separaron un poco, sus rostros a pocos centímetros el uno del otro. El aire estaba cargado de emociones, y Leah sintió que el mundo a su alrededor desaparecía. —Gracias por ser parte de esto —dijo Rey, su voz suave y sincera. —Gracias a ti por hacerlo tan especial —respondió Leah, sonriendo, sintiendo que algo más profundo se estaba desarrollando entre ellos. A medida que la noche avanzaba, y la música continuaba sonando, Leah y Rey se dieron cuenta de que esta escapada no solo era unas vacaciones, sino el inicio de algo especial entre ellos que en cualquier momento les iba a tocar conversar.
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