El sol brillaba intensamente sobre las arenas doradas de la playa de Nueva York, y el sonido de las olas rompiendo en la orilla creaba un ambiente perfecto para una escapada. Jacqueline había decidido que todos necesitaban un descanso después de las tensiones del hospital y había organizado un viaje a un lujoso resort costero. Camila, Rey y Leah la acompañaban, emocionados por la idea de disfrutar de unas vacaciones cortas en la playa.
Al llegar al resort, el grupo quedó deslumbrado por la vista. Las palmeras se mecían suavemente con la brisa marina, y el aroma del océano llenaba el aire. Cada uno se dirigió a su habitación para dejar sus cosas antes de reunirse en la piscina.
—¡Vaya! ¡Este lugar es increíble! —exclamó Camila mientras salía de su habitación, admirando el lujoso vestíbulo.
—No puedo creer que estemos aquí —dijo Rey, ajustándose sus gafas de sol mientras miraba a su alrededor—. Después de todo lo que hemos pasado, esto es justo lo que necesitábamos.
Leah sonrió, sintiendo la emoción en el aire. A pesar de que la relación con Rey seguía en exploración, todavía había una tensión agradable y divertida entre ellos que se hacía más evidente en ese entorno relajado. Sus habitaciones estaban una al lado de la otra, y Leah no podía evitar sentirse algo nerviosa por la proximidad.
Después de dejar sus cosas, se encontraron en la piscina, donde se lanzaron al agua de inmediato. La risa llenó el aire mientras se chapoteaban entre ellos, jugando y tratando de zambullirse mutuamente.
—¡Cuidado, Rey! —gritó Camila, tratando de hacerle una bomba al agua, pero terminó empapando a Jacqueline en el proceso.
—¡Hey! —Protestó Jacqueline, riendo mientras se sacudía el agua de su cabello, quien lucía un bikini blanco haciéndola resaltar—. ¿Así que así es como me tratan mis empleados?
—Es solo una pequeña venganza por las horas extra —dijo Rey, mientras trataba de no reírse.
La risa se convirtió en una competencia amistosa entre ellos, y pronto se retaron a ver quién podía hacer la mejor bomba en la piscina. Camila con un bikini n***o, fue la primera en intentarlo, ejecutando un salto espectacular que dejó a todos boquiabiertos.
—¡Eso fue impresionante! —dijo Leah, aplaudiendo—. Ahora me toca a mí.
Leah corrió hacia el borde de la piscina, se lanzó al agua y salió a la superficie riendo, satisfecha con su salto. Rey, viendo la competencia y como el azul celeste del bikini de Leah relucía con el agua, no se quedó atrás. Corrió hacia la orilla y, con un gran salto, hizo una explosión de agua que causó más risas.
—¡Eres un showman natural! —bromeó Camila, mientras los tres flotaban en la piscina.
Después de un rato, decidieron salir del agua y secarse al sol. Se acomodaron en tumbonas, disfrutando del calor del sol y de las charlas despreocupadas.
—¿Qué les parece si después de esto vamos a la playa? —Sugirió Jacqueline, estirándose en su tumbona—. Hay un bar de playa que dicen que tiene los mejores cócteles de frutas.
—¡Suena genial! —respondió Camila, mientras se aplicaba protector solar.
—Yo solo quiero asegurarme de no quemarme como un camarón —dijo Rey, aplicándose su protector solar con un poco de torpeza, lo que provocó que Leah y Camila se rieran.
—¿Quieres que te ayude con eso? Pareces un niño —preguntó Leah, tratando de contener la risa al ver cómo Rey luchaba con el envase.
Rey la miró con una sonrisa pícara, haciendo que Leah nerviosa encogiera sus hombros nerviosa.
—¿Te gustaría ser mi asistente de playa? Creo que necesito más ayuda de la que pensé.
Leah se acercó, observando su piel ahora casi bronceada. Mientras le aplicaba protector en la espalda sintiendo sus músculos definidos, para ahora explorar el de sus hombros y brazos, normalmente Rey siempre se mantenía en forma. La conexión entre ellos comenzó a intensificarse, como si el sol y la brisa amplificaran lo que había estado surgiendo en sus corazones. Cuando terminó, Rey se giró para agradecerle, y sus ojos se encontraron, un momento suspendido que ambos sintieron.
—Gracias —dijo él, un poco más serio ahora—. Pero creo que no es justo que yo sea el único al que ayudes. ¿Te puedo ayudar a ti también?
Leah rió, sintiéndose un poco nerviosa. Aceptó su oferta, dándole el frasco y girándose para que él pudiera aplicar el protector. Rey lo hizo con cuidado, sus manos apenas tocando su piel, como si tuviera miedo de romper el hechizo que los rodeaba.
—Eres muy buena en esto —dijo Rey, mientras sus dedos pasaban suavemente por su piel, como si estuviera trazando su figura corporal. Leah sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Supongo que he tenido mucha práctica —respondió ella, tratando de mantener la voz ligera mientras sus pensamientos se precipitaban.
Jacqueline, al ver el momento entre ellos, sonrió con complicidad, pero decidió darles un poco de espacio. Se dirigió a la playa para asegurarse de que tuvieran suficientes toallas y bebida para el resto del día.
La playa era un espectáculo deslumbrante. Las olas rompían suavemente, y el sonido del agua era relajante. Camila corrió hacia la orilla, dejando que el agua le acariciara los pies.
—¡Vamos, chicos! —gritó ella—. ¡Esto es increíble!
Rey y Leah la siguieron, riendo mientras se mojaban los pies en el agua fría. Camila hizo una carrera hacia el agua, y cuando se sumergió, el agua salpicó por todas partes, causando más risas entre ellos.
—¡Aguanta! —gritó Leah, y justo en ese momento, una ola llegó y empapó a Camila. — ¡Es un ataque sorpresa!
Camila salió del agua riendo, con el cabello revuelto y el rostro lleno de felicidad.
—¡Esto es lo mejor que me ha pasado! —exclamó mientras se sacudía el agua.
Rey, viendo la diversión, decidió unirse a la locura. Comenzó a correr hacia Camila, solo para ser detenido por Leah, quien lo agarró del brazo.
—¿Qué estás planeando? —preguntó Leah, sonriendo traviesamente.
—Nada, solo quería ver si podía hacerle una bomba a Camila desde aquí —dijo él, apuntando hacia la orilla.
Leah sonrió, sabiendo que no podía dejarlo ir solo. Juntos, comenzaron a correr hacia Camila, pero ella se dio cuenta de su intento y salió corriendo hacia el agua, tratando de escapar.
—¡No! ¡No me atrapen! —gritó, riendo mientras se sumergía en el océano.
Rey y Leah se miraron y, sin pensarlo, se lanzaron tras ella. La persecución terminó en una caída en la arena, donde todos tres cayeron riendo, cubiertos de arena y agua.
—¡Esto es una locura! —exclamó Camila, mientras se incorporaba y trataba de sacudirse la arena de su traje de baño.
Leah y Rey se miraron, riendo juntos, y Leah sintió que la química entre ellos crecía con cada momento compartido. Mientras Camila se alejaba para buscar bebidas, Rey se acercó a Leah.
—¿Sabes? Nunca pensé que unas vacaciones podrían ser tan divertidas —dijo él, mirándola con sinceridad.
—Es genial poder desconectar un poco, especialmente después de todo lo que hemos pasado —respondió Leah, sintiendo su corazón latir con más fuerza.
Mientras el día avanzaba, decidieron hacer una pausa y se sentaron en la arena para disfrutar de la vista del atardecer. El cielo se llenó de tonos naranjas y rosas, creando un ambiente mágico.
—Este lugar es increíble —dijo Leah, contemplando el horizonte.
—Lo es —respondió Rey, mirándola—. Pero creo que lo que lo hace especial son las personas con las que estoy aquí.
Leah se sonrojó y se sintió atrapada en su mirada. Fue un momento que pareciera estirarse, como si el tiempo se detuviera. La conexión entre ellos era palpable, y Leah sintió que todo lo que había estado construyendo entre ellos podía ser algo real. Pero en el fondo las palabras de Rey sonaban en ella haciéndola bajar de su nube. Si así fuera ¿Rey la tomaría en serio?
—¿Te gustaría hacer esto más seguido? —preguntó Rey, rompiendo el silencio y desviando la mirada hacia la puesta de sol.
—Me encantaría —respondió Leah, sintiendo una oleada de emoción al pensar en pasar más tiempo con él.
Después de disfrutar del atardecer, Jacqueline los reunió para una cena en el restaurante del resort. La mesa estaba decorada con velas y flores, y el ambiente era alegre y acogedor. Comieron mariscos frescos y bebieron cócteles tropicales, compartiendo anécdotas divertidas sobre su tiempo en el hospital y riendo de los momentos más locos de su trabajo.
—Recuerden cuando Camila casi se desmaya en esa reunión porque pensó que le estaban dando una charla sobre presupuesto? —dijo Rey, provocando risas entre todos.
—¡No! ¡Eso no fue gracioso! —protestó Camila, riendo—. Pero al menos no me quedé dormida como en la última reunión.
—Mejor que eso, ¿qué tal la vez que Jacqueline trajo galletas y se olvidó de ellas en la sala de espera? —dijo Leah, tratando de contener la risa.
Jacqueline se sonrojó, pero se unió a la diversión.
—Sí, eso fue épico. Pero al menos no tuve que lidiar con el catering esa vez.
Rieron juntos hasta que el estómago les dolió, y la camaradería del grupo se sintió más fuerte que nunca. Cuando terminaron de cenar, decidieron dar un paseo por la playa bajo la luz de la luna.
El aire era fresco y fragante, y la arena caliente aún parecía brillar con el calor del día. Camila se adelantó un poco, mientras Rey y Leah caminaban juntos un poco más atrás, disfrutando de la tranquilidad del momento.
—¿Te imaginas cómo sería el hospital si estuviéramos todos aquí trabajando juntos? —preguntó Leah, riendo.
—Tal vez deberíamos considerarlo —dijo Rey, sonriendo de vuelta—. Pero en lugar de un hospital, podríamos tener un centro de vacaciones.
—¡Exactamente! —dijo Leah, riendo—. Podríamos llamarlo "Hospital de Vacaciones" y atender a los pacientes en la playa.
—Y la terapia incluiría sesiones de surf —agregó Rey, riendo—. Tendríamos a todos sanando con la brisa del océano.
Ambos rieron juntos, sintiéndose cómodos y cercanos. Rey, en un impulso, tomó la mano de Leah mientras caminaban. Ella lo miró con sorpresa, pero en lugar de soltarlo, decidió disfrutar de ese momento.
Se sintió bien. Se sentía seguro y feliz, rodeado por la energía positiva del mar y la compañía de sus amigos.
Cuando regresaron al resort, el grupo se despidió, cada uno de ellos yendo a sus respectivas habitaciones. Leah entró en su habitación, sintiéndose satisfecha y llena de energía.
A pesar de que el viaje estaba destinado a ser un descanso, había algo más en juego aquí. Su conexión con Rey se sentía más fuerte que nunca, y mientras se preparaba para dormir, no pudo evitar sonreír al pensar en lo que el futuro podría deparar para ellos.