Capitulo 4

2276 Words
Se ajusta los tacones de color blanco con apenas siete centímetros, sobre la falda aperlada entallada como para amoldar las curvas de una sirena, se coloca un listón en la cintura anudándoselo para dar la forma de un moñito. Hoy decidió ponerse la blusa azul marino de cuello cuadrado, con pliegues sobre el busto y de holanes cortos en la manga que su padre no le había permitido comprar; pero al ser auto suficiente pudo adquirirla cuando el no le acompañaba, aún cuando era una mujer sus padres tenían la determinante obsesión que debían restringirla. El escote lucía un pecho coqueto, dejando ver el inicio del canal que tenía que ser un secreto oculto para los hombres, un mundo sin descubrir, para no escandalizar a su familia se coloca una phasmina en el cuello. Revisa por última vez su cabello y eleva unos deliberados cabellos que se han desacomodado de sus filas, se coloca un labial rojo en los labios. Sabe que es hermosa y es extremadamente vanidosa. Sale de su habitación con una cartera larga, un sombrero extravagante y unas gafas de sol camina varios metros por un pasillo de paredes blancas, pilares rosas y techos abombados. Sus tacones traquetean contra el piso marmolado, avisando que la hermosa primogénita descendía por aquellas escalera en forma de media luna, y mientras baja se observa el recibidor redondo con un enorme piano que solo sirve de adorno pues nadie sabe tocarlo en esa casa. Llega justo a la puerta... —¿A dónde vas Hasret? —se detuvo antes de abrirla, ansiaba esa bocarada de aire que le daría una suave brisa fresca de aire. Su padre le llamaba desde el comedor esperando por ella para comenzar a desayunar. Sus hermanas estaba también en ansias por poder hacerlo. Cuando se acerco, ahí estaban todos, su padre, su madre, Sus hermanas y el nuevo m*****o de la familia. Quien aún no hablaba español, pero por respeto hablaban su lengua nativa. —Papá, ya voy tarde, hoy recibiremos a algunos embajadores y debo supervisar que todo esté bien. Que las reservaciones estén completas, la comida del restaurante los arreglos de flores, y que decir de toda le reestructuración del hotel… —contaba con los dedos mirando el enorme candelabro que estaba en el techo. —Me gustaría que dedicaras más tiempo a tu familia. —argumento Gizem, su madre cada día se enfrentaba a su hija para hacerla entender que ese hotel no era su lugar, lo que deseaba es que pronto fuera su matrimonio. La miraba de arriba abajo, con la ropa que usaba provocándole un desagrado enorme. El trabajo no era para una mujer, eso le correspondía a los hombres. Esmerag miro a Erdogan quien en silencio recorría las curvas de su cuñada, mil pensamiento pasaron por su mente; no era precisamente el más fiel de los hombres, Esmerag le dio un codazo, era el su esposo el único que en la intimidad le llegó a decir lo hermosa que era, aunque no logro llevarla al cielo como lo hizo Tarkan no permitiría que su hermana le quitará a otra cosa mas. Gizem, Esmerag y Reyhan vestían conforme era en Reine, eran túnicas que desdibujaban su figura, debajo un pantalón largo hasta los tobillos. Reyhan deseaba cambiar como su hermana tener un estilo propio, demostrar que era mujer Inteligente, linda y coqueta. Acudir a las escuelas en vez de recibir clases en casa. —No deberían desgastarse en está mala hija, debería prestar su atención y energías en Reyhan, nuestra hermana menor tendrá mejor educación que Hasret Habia una rivalidad entre ellas, aunque Hasret trato de llevarse bien Esmerag siempre la atacó y juzgo muy severamente. Y veía la emoción en la ojos de su pequeña hermana. —Cuando padre muera yo seré quien dirija está cadena hotelera, tu sigue sentada bordando y atendiendo a tu esposo, mientras yo te mantengo un plato de lentejas calientes, un buen vestido y calzado… —Era arrogante y altanera. La guerra la había iniciado Esmerag. Al comenzar una discusión, Reyhan aproveche la distracción y tomo un trozo de pan y comenzó a comerlo. —Crees que eres mejor que yo, ¿pero como te atreves a desear la muerte de nuestro padre? —se levantó de la silla bastante furiosa. —Yo jamás he deseado nada. Pero es una verdad desafortunada, mi padre solo a tenido hijas y una debe atender el hotel o crees que Erdogan será capaz de dirigir la administración, o el mismo Tarkan, por qué yo no confío en ninguno de los dos. —Erdogan se levantó de la silla y salió del comedor, pues hablo de modo que este entendiera. Cuando el se caso con Esmerag esperaba que su suegro le diera un buen puesto pero nada de eso sucedió y el tuvo que buscar por su lado consiguiendo un empleo solo para demostrar que no era un parásito pero no conocer el idioma de España su trabajo le duraría poco. —Haz visto!, ofendiste a mi esposo… —Hasret tendrás que confiar, cuando te cases Tarkan él tendrá la dirección del hotel o es que ya olvidaste nuestro trato. – le recordó su padre, y la sonrisa se le desvaneció. —No comiencen a discutir. Es demasiado pronto, por otro lado Hasret, tu padre tiene razón, ya no falta nada para que te unas en matrimonio entonces todos esos asuntos los llevará Tarkan…. —Pues no, hagan como deseen yo no deje mi vida por servirle de esclava a un hombre…. Hasret tomo su bolso y se dio la vuelta, le provocaba un terror el casarse, veía un panorama siniestro. Esmerag fue la única que sonreía con esa actitud perdería a Tarkan y ella podría enamorarlo —Hasret, hoy me prometiste llevarme de compras, quiero que me ayudes a buscar un buen traje para tu boda. Reyhan se levantó para alcanzarla —En serio, que te ayude Esmerag, ella está más al tanto de las tradiciones de nuestro país que yo y que decir que no tiene nada que hacer —Es que ella no tiene buen gusto y es muy gruñona, quiero vestirme más como tú y ella no me dejara probarme tantos vestidos como yo quiera. —Hasret sonrió, tenía que ayudarla a salir adelante. Y apoyarla si deseaba estudiar como ella lo había logrado. Aun no la comprometían y seria, si la suerte estaba de su lado, la única que podría contraer matrimonio con quién ella deseara —Esta bien mi pequeña hermanita, en la tarde iremos. — Gizem suspiró, Hasret encaminado a su hermana por malas costumbres. Y era evidente que Reyhan deseaba las mismas libertades que su hermana. Pero al ser menor de edad sus padres aún controlaban de ella todo aún más —¿¡Hasret!? ¡Hasret vuelve! —su madre fue tras de ella, pero no había quien la controlara. Mesut con la mirada fija en la mesa pensando pero sin expresar ninguna molestia o preocupación. Pidió Sirvieran el desayuno -Espera Hasret, no te olvides que tenemos que volver a Reiner pronto, todos los preparativos está listos. – la familia Demicir ya estaba preocupada, estaba siendo de mal ejemplo y no podían hacer nada, aquí no era su pueblo y conociendo a Hasret si ella no obedecía Aslan la demandaría para que cumpliera su palabra, Solo le quedaba orar por qué recapacitara y cumpliera devotamente las tradiciones y no pasar por ese vergonzoso s hecho. Hasret tenía tanto miedo a Tarkan, no lo conocía realmente pero lo poco que lo habia conocido de él resolvía que era violento, por eso había evadido en lo más posible esa relación con la esperanza que algún día el se diera por vencido y buscara a alguien más con quién contraer matrimonio. Entre más el reloj giraba sus manecillas la desesperanza le ennegrecían sus días. Solo deseaba salir corriendo de sus obligaciones. Las miradas flotaban entre uno y otros con desconfianza, había poca luz y un poco de humo, un hombre que fumaba un puro exhalaba como si estuvieran frente a una antigua locomotora. Aún no termina un puro cuando ya encendía otro. Nadie parpadeaba, las miradas se recorrían entre uno y otro, esperaban que se revelará el contenido de las cartas. Todo estaba en juego. Las únicas monedas que le quedaban en la bolsa y una vieja medalla que a palabras de su madre valía una fortuna. Y estaba derrochándola en una partida de póker. Ayhan Kiliç estaba perdiendo no solo una fortuna en aquella tarde apostando, estaba perdiendo la dignidad y la buena racha que siempre lo había acompañado. Detrás de el estaba su amigo, Kivanç su hermano, su voz de conciencia que le dice que pare y que por supuesto siempre ignora. Quien siempre daba la cara por el y lo sacaba de cada aprieto, y líos con las jovencitas del pueblo. Ayhan es pagado de si mismo, y detesta perder. Desde pequeño careció de muchas cosas, de juguetes, ropa, calzado, comida su madre era una vieja partera que con el paso de los años se volvió obsoleta. La tecnología y los conocimientos de personas que se decían sabias de la ciencia adquirieron la confianza de todas las mujeres del pueblo. Y ya nadie llamaba nunca a Fatma la partera. El dinero comenzó a escasear y perdieron la casa por las deudas. Junto con si hermano Kiliç y su madre buscaron asilo en una posada, la dueña le debía unos favores a Fatma así que no a opuso. Pero solo la recibiría por poco tiempo, por muy poco. Despierto a la crueldad de la vida, se las ingenio para robar en el mercado fruta, o carne de cordero para llevarle a su madre. Hasta que esa faltara, la mujer enfermo de una pulmonía unos días después al tener que vivir sus últimos días en la calle y al no poder conseguir un médico. Ella murió en el frío y duro piso. Tenía solo 14 años cuando eso sucedió quedando solo y bajo el cuidado de las estrellas y el apoyo de su hermano que solo era mayor que el un par de años, ambos hijos despreciados que Fatma acogió como suyos, le juro a su madre en la tumba que un día tendría dinero. La tumba que adquirió por caridad de algunos vecinos. Se dedicó a robar, a vagar en las calles, dormir dónde le cayera la noche. Y su hermano Kivanç le enseño formas de ganar dinero jugando cartas, le ayudo a conocer personas las que no eran un verdadero ejemplo; Erder descubrió al muchacho un día jugando en un callejón de la ciudad con una racha perfecta, dejo en blanco a muchos que se acercaron a retarlo. En un inicio jugaba honestamente y ganaba ropa o zapatos. Erder le mostró otro lado divertido de los juegos de mesa donde siempre ganaba el doble y le enseño, las mil maneras de deslizar una carta de debajo del puño de su camisa hasta estar entre sus manos, para estafar y ganar el dinero, pues le aseguro que no siempre tendría la suerte consigo. Le enseño como alterar los dados, y descubrió que era tan satisfactoria la sensaciones de placer que le daban el ganar sentirse poderoso e invencible, esto se le convirtió en un vicio. Conseguía dinero fácilmente, y lo gastaba en comida y ropa. Comenzó a vestirse bien, como si de verdad fuera rico, no tuve educación a penas y sabía escribir su nombre. Ayhan en medida se volvía un experto, Erder lo convenció de que jugará para él en su casa de apuestas con un “comodín” lo que denomina como un as bajo su manga, Ayhan jugaba para que la casa no perdiera cuando un hombre anunciaba desfalcarlos, aquella casa se ubicaba en el centro de la ciudad, era una de las mansiones más vistosas y su mala fama era su carta de presentación. Ayhan lo único que tenía que fingir ser un visitante cada noche y jugar con los peces gordos. Ahí conoció mujeres. Aunque no siempre le apetecía terminar encamado con alguna, si disfruto alguna noche ya que la curiosidad era atractiva. Lo que el más deseaba en esta vida era ser rico, tener tanto dinero que no tuviera que preocuparse por dónde dormir o que comer. Ese hombre le pagaba un parte cuando jugaba contra quién el le ordenaba y solo si ganaba, lo que era casi todo el tiempo. Desafortunadamente tenía últimamente una mala racha que ni con trampas conseguía gana, a los hombres con los que perdió los busco para pedir una segunda mano, estos aceptaron, pero que sería en otro lugar, en la casa de él más anciano de ellos. Los hombres eran ya adultos, uno tenía una barba blanca y algo sucia, el otro tenía la edad para ser su hijo. Ayhan se burlaba diciendo que tenía la sabiduría de una anciano. Y la agilidad de un niño, y la segunda la ocuparía muy pronto. De nuevo estaba perdiendo y estaba tan nerviosos. Que no lograba concentrarse. —Vámonos Ayhan, no juegues… —le aconsejo detrás de él, Kivanç el había notado las armas que tenían a mano sus adversarios. Y claro que la fama de Ayhan era ya una carta de presentación. —No tengo nada que perder- respondió meditando un poco si se rendía o se aventuraba. Siempre en su vida era arriesgarse, era jugar por todo o por nada, nunca a medias. Y sobre la mesa estaba todo lo que se había apostado durante la noche y un poco más, la victoria le devolvía la confianza de Erder, su paga y su tranquilidad.
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