Había pasado ya un tiempo, Ludmila tenía 3 meses y cada día estaba más hermosa, tenía unos papás que estaban tan enamorados de ella, la habían esperado tanto que esa pequeña era sus vidas por completo.
Emma ya había empezado con los preparativos para la boda, Amanda con la bebé y sus estudios no había tenido cabeza para eso.
—Me falta ir a probarme el vestido nada más—bromeaba Emma.
—Perdón señor arquitecto por no tener esos horarios tan flexibles como usted.
—No te perdono nada—fingiendose ofendido—pero de verdad, tenes que ir a elegir vestido, después ya no va a haber tiempo y te vas a tener que conformar con cualquier cosa.
—Mañana me va a acompañar Maca a una boutique nueva que tiene esas cosas. ¿Novia sexy o novia princesa?
—Yo creo que sos una princesa sexy, y eso no lo vas a poder ocultar ni de monja.
La besa apasionadamente, con el tema del bebé, no habían intimidado desde hacía tiempo, asique no fue difícil para Amanda encenderse con ese beso, y menos sintiendolo tan cerca, Emma se sentía igual, recorría el cuerpo de ella con sus manos mientras besaba su cuello, podía sentir como comenzaba a erizarse su piel.
Al día siguiente por la tarde fue a ver vestidos, no se decidía por ninguno, finalmente ingresaron a una tienda de grandes ventanales, se podían ver a las ansiosas novias mirándose en el espejo, analizando cada detalle de sus modelitos.
—Esta vidriera pone en riesgo esa superstición de que el novio no puede ver a la novia con el vestido antes de la boda—dijo Amanda mirando a una chica que lucia un hermoso vestido.
—No, es para que pase tu ex y se de cuenta de lo que perdió—contestó Maca divertida.
Entraron, Amanda se enamoró de un vestido estilo romántico griego, se lo midió, resaltaba su cintura, su cuerpo parecía hecho para ese vestido, cada detalle de este resaltaba en ella a la perfección.
—¿Te gusta?
—¡Me encanta! Dicen que no hay que quedarse con el primero, pero amiga ¡estás tan perfecta!
Se miraba en el espejo, analizando cada detalle, giraba, se hacia morisquetas. De repente sus ojos se cruzaron con los de él, la observaba embobado del otro lado de la vidriera. Ella le sonríe.
—Te dije que para eso servía la vidriera—dijo Maca.
—Nada que ver Maca—confundida.
—¿Ah no? Mirá-le muestra la foto que le había sacado mientras se miraban.
—¿Le tomaste una foto?—sorprendida
—Sí, obvio. ¿No ves esa cara? Parece que el hombre estuviera reconociendo que cometió el peor error de su vida.
—¡Qué exagerada!—dijo Amanda, aunque por dentro admitía que haberlo visto en esa situación, había conmovido algo dentro de ella.
Facundo por su parte, sólo sentía que había visto a la novia más hermosa, no había podido quitar sus ojos de ella y ahora no podía quitarla de sus pensamientos.
—¿Te casas?—escribió en un mensaje.
—Sí, el mes próximo—contestó ella.
—¿Me puedo robar a la novia?—escribió pero no se animó a enviarlo, aunque había empezado a analizarlo.