Durante toda la noche Ekaterina no había podido dormir pensando en el atractivo roce que Damon le había dado la noche pasada. El solo recordar su calidez, su sabor, la delicadeza en la que sus labios habían tomado los suyos la hacía temblar, se estremecía de forma involuntaria pues sentía que de alguna manera algo estaba cambiando en ella y eso era lo que más la asustaba.
No le gustaba para nada todo ese cúmulo de sentimientos y sensaciones que estaba haciéndole sentir Damon.
Por eso llevaba tanto tiempo evitándolo.
Porque sabía que si se acercaba a él en primera instancia caería en sus redes. Porque sí, Damon tenía algo intoxicante, algo que la atraía, pero no era una atracción simple.
Era algo más.
Algo trascendental.
Mágico.
Intenso que no había sentido por ningún otro hombre.
Quizás se debiera a eso.
Damon no era simplemente un hombre.
Era un hechicero.
Lo sentía con que él solo la mirara, lo veía en sus pupilas.
Esa era la causa principal de porqué ella lo evitaba, su madre era una bruja, todos en su línea de sangre lo eran y cabe destacar que no son las mejores personas. De hecho, son todo lo contrario.
Eso era todo lo que ella misma había visto de niña.
Su madre la había abandonado y su tío… Había intentado violarla cuando apenas era una niña de catorce años, obviamente había tomado a mi hermanita de esa infernal casa largándome con ella ¿Quería más pruebas de lo malos que podían llegar a ser los hechiceros?
Se había enfocado en que Damon era malo.
Su presencia era abrumadora y le hacía cosas extrañas a su cuerpo.
No quería gastar más su tiempo pensando en él pero era inevitable de alguna manera así que colocó una almohada en su cabeza antes de gritar deseando que esta amortiguara el sonido de su grito.
Y ahora estaba mucho peor.
Ni siquiera podía alejarse de él por los peligros que eso podía suponer.
Necesitaba aprender a defenderse.
No iba a depender toda la vida de Damon. Ella misma tenía que abrirse camino aunque solo había una forma de aprender y eso era por medio de Damon.
¿Se atrevería a pedirle ayuda?
Después de todo ya estaba en su casa sin hacer nada.
Pero… ¿Y si se negaba?
Ella se sintió frustrada al darse cuenta de que en vez de estar pensando en su hermana e ideando un plan para rescatarla estaba gastando su cabeza en pensar en Damon.
Un hombre con el que nunca iba a estar porque ella misma no lo permitiría.
¿Cuán absurdo era eso?
Pero es que cada segundo que pasaba con Damon se sentía más atraída a él.
Y ahora con ese…
Se permitió fantasear en qué hubiera paso si ella hubiera correspondido a Damon y no se hubiera quedado petrificada como una niña.
En su anhelo secreto ella deslizaba sus manos por su cuello fuerte hasta llegar a su nuca y comenzar a deslizar sus dedos por su cabello lacio, su boca había correspondido a la suya en un roce invasivo, atractivo y posesivo. Su lengua se atrevería a colarse dentro de su boca al principio con timidez y luego sería más apasionada.
Más atrevida.
Vergonzosamente sus pezones se estaban mostrándose bajo su camisa blanca de lino y sintió la humedad entre sus piernas al imaginarlo de forma más íntima.
Se encontró deslizando sus dedos por su vientre cremoso hasta el botón de su placer y al hacerlo gimió desvergonzadamente de placer.
Dios.
¿Hace cuánto tiempo no había hecho eso?
Y de pronto la respuesta automática cruzó por su cabeza.
Hacia un par de semanas cuando Damon pasó junto a Colin por su casa sin camiseta y mojado de sudor. Fue inevitable para ella no fijar sus ojos en él, la atracción fue devastadora, increíble. Tanto que la sacudió de pies a cabeza y fue peor cuando sus ojos conectaron con los suyos haciéndola sonrojar al punto de que tuvo que salir prácticamente corriendo al interior de su casa.
Pero antes de que esto hubiera sucedido ella detalló con deleite silencio cada parte de él. Comenzando por sus inquietantes pero hermosos ojos hielo que siempre parecían estar sobre ella, como si pudiera leer su alma con tan solo una mirada.
Su nariz era perfectamente masculina, poseía unos pómulos altos mientras que su boca carnosa era el pecado. La mandíbula que normalmente estaba apretada era también como el resto de su cuerpo el cual miró aún más tiempo.
Su torso sudoroso estaba marcado por músculos absolutamente atrayentes y apetecibles.
Estaba acalorada.
No iba a negarlo aunque jamás lo admitiría ante nadie más, a duras penas aceptaba que Damon era endiabladamente masculino y atractivo.
Trató de calmarse pero esa noche había terminado tocándose como otras noches con su rostro y cuerpo en la cabeza.
Tal y como ahora mismo ocurría.
Con su otra mano tiró de su pico cada vez más excitada mientras sacudía sus caderas en torno a sus dedos, los mismos que jugaban con su clítoris con el pensamiento de que era Damon Bélager quien lo hacía por ella.
Ekaterina se arqueó ante la atractiva imagen de ese hombre arrodillado entre sus piernas probando su cuerpo de arriba a bajo pero concentrándose específicamente en su botón de placer. Su boca estaba sobre este succionando y tanteando a la vez que sus dedos penetraban su zona íntima con golpes certeros que llegaban su punto de placer.
Casi podía sentir su boca también en su busto, su aliento en su piel lo que la hizo estremecer de pies a cabeza.
Su respiración cada vez era más fuerte y sus gemidos más notorios. Trató de morder su labio inferior para no dejar escapar ningún sonido para que ni Damon ni Colin pudieran oírla sin embargo a medida que se acariciaba y entornaba las caderas al son de sus dedos el placer la golpeaba.
De repente este estalló en ella como nunca antes convulsionando del placer devastador que sus dedos y la imagen de Damon le habían causado.
Debía estar avergonzada pero solo por un momento no lo estuvo entonces cerró los ojos y así se quedó dormida.
Damon iba a tocar su puerta para que fuera a cenar al comedor.
Desde que la conocía la había imaginado miles de veces en esa misma casa, la que por cierto había comprado en medio de su anhelo de vivir con ella, pero no era esta la habitación en la que dormía en sus pensamientos.
Era la misma que la de él.
Donde le hacía el amor con pasión y desenfreno.
Donde le mostraba cuánto la amaba, donde la hacía gemir…
De repente ese sonido se reprodujo en su cabeza y su cuerpo se tensó de inmediato ante el sonido más dulce e intoxicante que había escuchado en la vida.
Su corazón se detuvo por unos segundos y efectivamente el sonido volvió a reproducirse dentro de la habitación a la que estuvo apunto de tocar.
Ella estaba gimiendo y era una cosa sublime, celestial.
Su m*****o se puso erecto enseguida ante el sonido y miles de imágenes de ella se reprodujeron en su cabeza al punto que sintió su m*****o latir en sus bóxers.
Cerró los ojos apoyando su frente en la puerta que lo separaba de ella y como un estúpido psicópata sin dudar sacó su m*****o de sus pantalones y lo envolvió en su puño haciendo justo lo que necesitaba.
Tocarse.
Frotar su m*****o de arriba a abajo con movimientos rápidos al mismo tiempo que los chapoteos que se escuchaban dentro de la habitación de Ekaterina.
Se imaginó abriéndole las piernas deleitándose primero en la belleza de su tesoro escondido. Los rizos de entre sus piernas, quería inclinarse y saborear lo que por mucho tiempo le había negado y era suyo. Ambos lo sabían.
Penetrar su humedad con mi boca embriagándose con su aroma y sabor, mientras hacía esto sus manos pellizcaban sus pezones sonrojados.
Haciéndolo casi gruñir de placer ante la visión pero no sé lo permitió.
No quería que lo escuchara y dejara de tocarse.
Sus sonidos sonaban como la gloria misma por lo que no podía dejar que se detuviera.
Escucharla era como música para sus oídos.
¿Cómo se sentiría estar enterrado en su calor lo más profundo posible convirtiéndose en uno mismo?
Esa era la pregunta que llevaba haciéndose desde que la conoció.
Pero él bien sabía que su unión no sería solo física.
Sus almas conectarían y no de manera simbólica, el vínculo quedará establecido sin dar marcha atrás.
Se reclamarían quedando completamente claro que eran uno y el mismo.
Que habían nacido para pertenecerme aunque ella aún no estuviera lista para esa conversación.
Había mucha cosas que ella desconocía probablemente por miedo pero que no tardaría en averiguar.
Damon casi perdió el control de sí mismo cuando oyó como ella trataba de ahogar un gemido culminante no obstante no pudo hacerlo dejando salir el sonido más intenso que él había escuchado y con su culminación llegó la suya como su estuvieran en una perfecta sincronía.
Damon de sintió en el jodido paraíso y se preguntó cómo sería sentirla de verdad, probar su piel, estar encerrado en lo más profundo de su ser y reclamarla como suya.
Porque ella le pertenecía.
Ambos se pertenecían.
Estaban hechos para estar juntos y Ekaterina estaba a punto de descubrirlo.
Bajó su mirada y vio su mano manchada de su esencia e imaginó que un día se vaciaría en el interior de Ekaterina para embarazarla y marcarla como suya.
Porque ella lo era aunque lo desconociera.