Ekaterina se despertó por el sonido de la regadera de la habitación, aturdida dio una mirada por el lugar y pronto recordó dónde estaba y enrojeció visiblemente dándose cuenta de que la persona que estaba ocupando el cuarto de baño era Damon.
Suspensamientos giraron en torno a él, al pensar en su cuerpo mojado y tan condenadamente excitante y grande hizo que cierta zona prohibida de su cuerpo se tensara.
Damon era peligroso para su bienestar bien lo había sabido la primera vez que lo vio sin embargo ahora no podía apartarse, no cuando lo necesitaba para encontrar a su hermana.
La puerta del baño se abrió dejando pasar a la habitación ese gran y definido cuerpo tan imponentemente guapo.
¡Maldita sea estoy en el infierno!
Pensó Ekaterina al verlo.
Ante ella tenía a un precioso ángel caído tentadoramente excitante, él lucía mejor de lo que ella había creído.
Su cabello corto goteaba, una de sus fuertes manos se aferraba a su toalla que tapaba muy poco de él. Ekaterina pudo deleitarse con su torso descubierto y sumamente músculo, demasiado para un hechicero que tendían a ser delgados.
Sospechoso.
Vio como sonreía con autosuficiencia lo que hizo que frunciera el ceño, no había sido su intensión quedarse embobada por ese Adonis frente a ella.— ¿Te gusta lo que ves? —bromeó él dándose la vuelta para buscar algo dentro de sus cajones.
Ekaterina casi gimió al tener la visión de su perfecto trasero abrazado a esa maldita tela.
No tienes ni una idea de cuanto me gusta.
Casi ronroneó como una gata en celo.
Al sentir su silencio Damon volvió a encararla quemándola con su abrazadora mirada.
Su instinto lo estaba volviendo absolutamente loco, aún más cuando podía verla allí, recostada sobre su lecho.
Mía.
Susurró algo dentro de él pero no hizo caso.
— ¿Has dormido bien?
Antes de que pudiera hablar Damon dejó caer su toalla sin vergüenza, no pudiendo evitarlo Ekaterina gimió sorprendida.
¡Malditamente hermoso!
Loc onfirmaba, todo respecto a Damon Bélanger era grande e incitador.¡Concéntrate Ekaterina!
Se reprendió.
¿Por qué tenía que estar pensando en esas cosas?
— ¡¿Qué se supone que haces?! —gritó como una chiquilla tratando de mantener su cordura.
Sin embargo su mirada no dejó de deleitarse con la figura expuesta de Damon quien ensanchó su sonrisa insinuante.
— ¿Qué crees que hago preciosa? Vestirme ¿O quieres que me quede como estoy?
Su sonrisa se amplió.
Él era un provocador.
Lo vio dar un paso hasta ella y su respiración se dificultó.
—Voy a... ¡Haré el desayuno! —gritó con rapidez antes de que pudiera llegar a ella.
Entoncescorrió como si su vida dependiera de ello escuchando de parte de Damon una carcajada que hizo que se enrojeciera más, si eso era posible.
*
— ¿Puedes dejar de llorar? —Gruñó el hombre frente a ella—, me irritas, tu hermana es la última hechicera que me falta para finalmente tener lo que quiero, ya deben haber ido a buscarla mientras yo también me alisto para su encuentro.
—Por favor, no le hagas daño.
Él rió con malicia haciendo sollozar a Félicité una vez más.
—Solo depende de ella.
— ¿Qué vas a hacerle? —preguntó temerosa a la respuesta.
—No tengo porque decirte mis planes, niña, no incumben, confórmate con saber que tú te irás sana y salva a casa, si ella viene.
Félicité lo vio salir con él corazón agitado, era su culpa que su hermana estuviera en peligro, no le importaba si a ella le hicieran daño pero era otra cosa si se trataba de Ekaterina.
—Voy a salir de aquí Ekaterina, no vengas por mí —susurró con aflicción.
*
Cuando Damon se sentó en la mesa Ekaterina se tensó visiblemente y él cuestionó si ella estaría pensado en su reciente encuentro, no había querido asustarla de ninguna manera, lo que más quería era que ella pudiera encontrarse tranquila con él a su alrededor, lo necesitaba por sobretodo.—Luces muy linda esta mañana —soltó de golpe y casi se golpeó a sí mismo por su estupidez.
No quería ahuyentarla, pero estaba logrando exactamente todo lo contrario.
—Yo...gracias...necesito ir a casa, tengo que buscar un poco de ropa, en serio lo necesito.
—No puedes —negó Damon automáticamente consiguiendo irritarla.
Ekaterinalo miró comer tan relajado que casi no pudo contener sus ganas de golpearlo.
Sorprendentemente contrario a la noche anterior Ekaterina había podido dormir tranquilamente y eso estaba martirizando su conciencia, ¿Su hermana había podido dormir como ella lo había hecho? Necesitaba saber cómo estaba Félicité y eso no tenía discusión.
Noimportaba lo que dijera Damon pero bien sabía que no la dejaría ir así que esperaría para escapar.
Lo vio arquear una ceja en su dirección y en ese mismo momento se dio cuenta de que había estado mirándolo en silencio después de su negación.
— ¿No gritarás?
— ¿Es lo que quieres que haga? —gruño ella.
La intensidad brilló en su mirada y pronto Ekaterina se sintió cohibida, nadie nunca la había mirado como él, simplemente no era el momento para eso.
—Malditamente si, cariño, pero no de esa manera.
El vello de su cuerpo se hizo ante la mezcla entre su voz seductora y su olor varonil al acercarse.
Acto seguido ella se levantó como si tuviera un resorte y por segunda vez en el día Damon rió.
Vaya sorpresa, y yo que pensé que él no lo hacía.
Se planteó casi burlona en su cabeza.
—Enviaré a alguien por tu ropa, debo salir… por primera vez hazme caso y quédate en casa o estarás en peligro cariño —suplicó y ella casi se derritió ante su mirada.
¿Qué te pasa Ekaterina?
…Bueno, soy humana y creo que ninguna se resistiría a la mirada Bélanger.
Aunque por alguna razón aquello último no le había gustado demasiado.
—No hay problema.
Trató de que su mentira no fuera descubierta y al parecer él creyó en ella pues después de recoger los platos enseguida se fue.
Al verse sola suspiro y esperó un tiempo a que Damon no estuviera cerca, entonces salió, porque era lo que debía hacer.