Capítulo III

1385 Words
Dos días habían transcurrido. Dos terribles días sin su hermana y ya sentía como si una parte de ella muriera, los policías aun no encontraban nada entonces Ekaterina pensó en deshacerse de su estúpido orgullo e ir en busca de la ayuda de quien siempre había huido, del único hombre que procuraba alejarse. Porque ella lo conocía, sabía bien quién era Damon Bélanger y de solo recordarlo su cuerpo se estremecía de forma involuntaria. Se había colocado debajo de una cazadora de cuero negra una camisa lisa blanca. Un jeans color oscuro y sus acostumbrados tenis, no iba para seducir a Bélanger sino para pedir su ayuda, aunque desconocía cuál iba a ser su pago porque estaba segura de que pediría alguno, sin embargo estaba dispuesta a caminar por las brasas del infierno si con esto conseguía traer de vuelta a su hermana. Cerró los ojos subiendo el cierre de la cazadora y antes de salir de casa dejó salir un suspiro tratando de ganar fuerzas. Caminó hacia Nightmare con las rodillas temblando tanto de la ansiedad como de la angustia, sabía que allí se juntaban todos ellos por lo que había jurado que nunca pisaría ese lugar pero todo fuera por recuperar a su hermana, porque sentía que Félicité estaba en peligro y ella no había huido de casa o eso trataba de convencerse. Sus pasos se detuvieron hasta estar frente al bar de donde escuchaba música rock, sus rodillas temblaron aún más no obstante se tragó su estúpido miedo y abrió la puerta enseguida. Como si la hubieran olido, y probablemente lo habían hecho, todas las miradas se dirigieron a ella poniéndola alerta y más inquieta de lo que estaba, trató de calmarse porque ella sabía que ellos podían oler su miedo entonces se fijó en una fría mirada al fondo del local, no veía bien pero tampoco lo necesitaba ya que el predecible estremecimiento en su cuerpo lo delató enseguida, así que con paso un poco más firme y con la mirada de todos persiguiéndola se encaminó hacia su mesa de donde él no dejó de verla con el ceño fruncido probablemente preguntándose qué hacía ella ahí. Al llegar sin siquiera hablar tomó asiento evitando quitar su vista de él y Damon hizo lo mismo, incluso no tuvo que espetar sonido alguno para que Colin abandonara la mesa en silencio. Ambos parecían estar tan ensimismados uno en el otro que no se dieron cuenta de las miradas curiosas a su alrededor y del fuego abrazador que despertaban, las chispas saltaban pero ellos al parecer eran incapaces de verlas, o por lo menos, ella. Damon no lo pudo creer cuando la observó entrar nerviosa a Nightmare, no había podido apartar sus ojos de ella, nunca hubiera imaginado ver entrar a Ekaterina en primer lugar porque huía continuamente de él y en segundo lugar porque Nightmare no era un sitio para una mujer como Ekaterina. Pero verla entrar ahí había confirmado lo que sospechaba, el motivo de su odio era debido a que ella conocía su naturaleza y lo rechazaba por eso. Su corazón dolió ante el descubierto, sin embargo, ¿Qué hacía Ekaterina ahí entonces? Cuando abrió la boca para hablar ella se adelantó. —Te necesito Damon, ¡Es decir, necesito tu ayuda! —Corrigió ruborizada. Cuando mencionó las tres primeras palabras algo dentro de él quiso saltar así que no se esforzó mucho por ocultar su decepción aunque Ekaterina al parecer no logró notarlo. Él se levantó dejando unos billetes sobre la mesa y caminó dejándola con la palabra en la boca ocasionando que Ekaterina se sintiera humillada por ser ignorada, casi dejó salir las lágrimas de desesperación por su hermana perdida, ¿Cómo había podido creer que él la ayudaría? No obstante Damon sorprendiéndola se dio la vuelta mirándola con su acostumbrado ceño fruncido paralizándola por un momento. — ¿No piensas levantarte? Este no es un buen sitio para hablar. Aliviada con sus palabras Ekaterina le siguió hasta la salida donde por fin dejó de sentir las curiosas miradas fijas en su persona. — ¡¿Acaso te has vuelto loca?! —Gruñó él cuando se dio la vuelta para encararla. Y ella dio un salto en el sitio por la impresión de su regaño inesperado. — ¡Con un simple no en Nightmare hubiera bastado! —Soltó molesta. Pasó por su lado y comenzó a caminar hacia su casa roja de la furia, era una estúpida ¿Cómo se le había ocurrido pedir ayuda a un salvaje como él? ¿Por qué había escuchado a sus amigos? Está bien que Damon tuviera muchos amigos y estúpidos que lo seguían y hacían lo que él quisiera pero no tenía porque rogarle a ese hombre nada, si era posible… ¡No! Eso jamás lo haría, ni siquiera Félicité la disculparía. Su cabeza se llenó de pensamientos contradictorios pero lo que sí estaba segura era que no pediría la ayuda de su madre ni de su amante. Entonces sintió un tirón en su brazo que la hizo girar para después colisionar con un torso sólido e inevitablemente soltó un jadeo. — ¿No escuchas cuando te hablan? —Le gruño cerca de su oreja. ¿Ese hombre nunca se cansaba de gruñir? ¿Y de ser endemoniadamente atractivo? ¡No! —Chilló aterrorizada en su interior—, ¿Qué te está sucediendo Ekaterina? No puedes referirte a él de esa manera. Era casi un pecado. —Ya dijiste lo que tenías que decir. —No, aún no lo he dicho —murmuró sin apartar los ojos de ella—. Me refería a que estás loca porque has ido a Nightmare sola. —Por mi hermana vendería el alma al mismísimo diablo si fuera necesario. Damon observó sus labios con deleite y pasión contenida pese a que sabía que con esas palabras se refería a él, ¿Aún creía que le pediría algo a cambio por salvar a Félicité? Muy bien. Si así lo quería. —Ahora puedes soltarme —cortó sus pensamientos viendo que Damon aún la sostenía y que estaba tan pegado a su cuerpo. Su cercanía era peligrosa y por ello debía dar un paso atrás. Él la soltó a duras penas a la espera que ella hablara pero la verdad era que al estar tan cerca de Ekaterina apenas podía controlarse. Aún más por su naturaleza. —Tú sabes a lo que he venido, estoy volviéndome loca por saber de mi hermana, tus tienes contactos, mueves a todos a tu antojo así que te pido que me ayudes a encontrarla. Ya estaba dicho, ella, pidiéndole ayuda a Damon Bélanger, cosa que nunca creyó hacer en su vida. Esto sí parecía una paradoja. —Ya he averiguado sobre ella —soltó sobresaltándola. Ekaterina abrió los ojos y un brillo de esperanza resplandeció en ellos lo que lo hizo sentirse fatal. Quería traer de vuelta a su hermana para que volviera a ser feliz. Y sobretodo quería tomarla en sus brazos y consolarla. — ¡¿Cómo está?! ¡¿Dónde está?! —Necesito que mantengas la calma, supongo que si has ido a Nightmare a buscarme es porque sabes que… —Si lo sé, pero ¿Qué tiene que ver mi hermana? —Preguntó confundida—, ¡No te desvíes! Dime ¿Cómo está ella? —El problema es que sí tiene que ver, Colin el chico que estaba sentado conmigo allí dentro ha averiguado que hace más de tres meses han estado desapareciendo brujas hermanas de grandes hechiceras ¿Entiendes ahora la relación? La cara de Ekaterina se puso tan pálida que Damon temió que fuera a desmayarse maldiciéndose por su poco tacto, se acercó a ella pero Ekaterina se negó a ser tocada dando un paso atrás para alejarse de su palma. —No… no puede ser —Murmuró tan bajo que él apenas pudo oír. —Es verdad, tú sabes que es así, debes sentirlo por el vínculo de hermanas que comparten. Ekaterina parpadeó confundida hasta que volvió a alzar la vista para mirarlo otra vez. —Pero no entiendo, yo no soy… hechicera. Damon por milésima vez en el día frunció el ceño confundido por las recientes palabras, sin duda eso no tenía sentido. Ekaterina no podía estar diciendo eso de verdad.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD