Deseo llevar al señor Thompson a un lugar que disfruté mucho de niña: la alfarería de la costa sur. Quería aprovechar que se tomó el tiempo de venir hasta aquí, pero no sabía cómo mostrarle hospitalidad y asegurarme de que lo disfrutara. Así que le supliqué que viniera conmigo.
El señor Thompson se mostró al principio confundido y renuente. Me puso miles de excusas. Luego le preguntó a su guardaespaldas la hora y finalmente accedió.
...
Sonreí mientras miraba a mi jefe, sentado en el asiento trasero a mi lado mientras su chófer conducía. Creía que la alfarería le ofrecería una experiencia única. No podía permitir que viniera de tan lejos y se fuera sin pasar un momento diferente. La idea de que pudiera disfrutar de algo tan táctil y sensorial me emocionaba. Llegamos al lugar y con entusiasmo pido al chofer que se detenga. El señor Thompson luce serio.
—Espero que le guste este lugar —le dije poco después, mientras el señor Harry aparcaba el coche y lo ayudaba a salir.
—Confío en tu elección, Jessica. ¿Qué vamos a hacer aquí? —preguntó, tocando la puerta del coche antes de salir.
—Vamos a hacer un jarrito de cerámica. Le prometo que será divertido —respondí, guiándolo suavemente hacia la entrada. Al entrar, el aroma a arcilla húmeda y el sonido de las herramientas resonando en el aire crearon una atmósfera acogedora. Los alfareros trabajaban concentrados, creando formas elegantes en sus tornos. Me acerco a un mostrador.
—Sienta esto —le dije, llevando su mano a un trozo de arcilla. Él la tocó, sintiendo la textura suave y fría.
—Es fascinante. La arcilla tiene una vida propia, ¿no? —comentó, su voz se sentía llena de curiosidad.
—Exactamente. Vamos a moldear algo juntos —sonreí, guiándolo hacia una mesa de trabajo. Nos sentamos, y le mostré cómo tomar un poco de arcilla y formar una bola. Él siguió mis instrucciones, sintiendo la textura y la forma en sus manos.
—Ahora, vamos a hacer un jarrón. Use sus dedos para presionar suavemente en el centro —le dije, guiando sus manos. Mientras trabajábamos, noté cómo su rostro se iluminaba con cada pequeño avance, como si estuviera descubriendo un nuevo mundo. Lo ayudé a elevar la arcilla, y él se concentró en la sensación, dejando que sus otros sentidos se agudizaran.
—Vaya, creí que sería algo estúpido y le confieso que vine por no parecer grosero, pero...
—Me alegra que lo haya hecho, señor. Solíamos venir aquí en grupos desde la escuela. Era muy divertido—Él sonrió de un modo que nunca había visto. Suspiré.
—¿Siente cómo la arcilla responde a sus movimientos? —le pregunté.
—Sí, es como si me estuviera hablando —respondió, su voz sonaba llena de asombro.
—Sí, aunque parezca tonto, cada giro y presión es una conversación —sonreí, sintiendo que este momento nos unía de una manera especial. Mientras moldeábamos el jarrón, compartimos historias de nuestra infancia, risas y anécdotas. De pronto le dió por hablar de temas que jamás creí que tratariamos. El señor Thompson, fascinado, me reveló su amor por los diseños de interiores; le fascinaba remodelar espacios simples y transformarlos en hermosas obras de arte, pero desde su ceguera se dedicó más a los bienes raíces. Yo, por mi parte, le hablé de mi amor por la cerámica. Antes de pensar en ser enfermera creía que me dedicaría a esto. Pero papá creía que era perder tiempo y que una verdadera profesión como la enfermería sería más ventajosa.
—Gracias, Jessica —Me dijo en un momento donde lo vi revivir algún recuerdo importante. Su mirada parecía mostrar un brillo que nunca había podido notar. —Mamá, como tú, disfrutaba de esto. Era algo que había olvidado por completo —compartió, recordando a su madre, quien también disfrutaba de trabajar con arcilla.
Finalmente, el jarrón tomó forma, y lo ayudé a alisarlo.
—Este será un recuerdo bonito —dijo él, tocando la superficie del jarrón con ternura.—Un símbolo de nuestra colaboración, no solo por hacer esto juntos, Jess, también porque sé que, así como en este momento, podré tenerte a mi lado para cosas muy importantes y decisivas. Desde hace mucho no sentia esta conexión con nadie.
—Sí, lo sé. También será un recuerdo de cómo podemos crear algo hermoso juntos, a pesar de las dificultades, aunque no contemos con alguno de nuestros sentidos , no podemos darnos por vencidos—respondí, sintiéndome más conectada a él que nunca. Cuando terminamos, el alfarero se acercó para hornear nuestra creación. Mientras esperábamos, sentí que ese día se quedaría grabado en nuestros corazones. Era un recuerdo que nos uniría siempre, un testimonio de la belleza que se puede encontrar en la conexión humana. Pero sobre todo este día era un recordatorio de que lo que empezaba a sentir por mi jefe era algo más que simple lealtad y más que pura empatia.
Esa noche, lo despedí frente a mi casa, donde me dejó con la promesa de que el lunes volvería a la mansión y trabajaríamos juntos en su misión más importante: descubrir los secretos turbios de su esposa. Al menos, eso es lo que él asegura, y ¿quién soy yo para contradecirlo?.
Llego el lunes. La señora Emperatriz luce atareada. Ya estaba saliendo de casa y subiendo su equipaje al auto.
—Por Dios es bueno verte querida. Pero no tenemos más tiempo, el avión adelantó su vuelo , Jessica llegaremos tarde si no nos apresuramos — dice casi arrastrándome al vehículo. Quería ver al señor Thompson. Saber cómo estaba y despedirme. Pero sin darme cuenta ya estoy montada en el auto. Este avanza hasta la salida y miro la mansión, allí en el tercer piso. Al mirar a la ventana está el señor Richard. Siento un escalofrío recorrerme cuando alza su mano en despedida. Cómo si me estuviera mirando. Sonrió levemente y vuelvo mi mirada al frente.
— Gracias Jessica por aceptar ir conmigo. Será un viaje muy emocionante, ya lo verás — dice y me muestra una sonrisa que luce más macabra que amigable. Trago hondo y sonrio forzado. "Espero regresar completa". Pienso recordando las palabras de Julieta.
" Tu jefa se parece muchísimo a una asesina serial buscada por el FBI " volteo a verla. ¿ En verdad será posible?