Nuestro viaje fue en completo silencio. La señora Emperatriz casi no se despegó de su laptop y cuando lo hizo fue para colocarse sus audífonos y dormir. Yo por mi parte no paraba de pensar en el señor Thompson. Por un leve momento me distraigo recordando su cara complacida al manejar la arcilla y como por primera vez lo vi sonreír tranquilo. Después de algunas horas por fin llegamos a un lujoso hotel en Florida. La señora Emperatriz bajó del taxi con su peculiar elegancia mientras yo corro detrás de ella con su equipaje que poco después entregué a un botones. Mientras la señora se registra yo miro con admiración el lujoso lugar. El vestíbulo era impresionante, con altos techos adornados por un candelabro de cristal que brillaba con una luz cálida. Las paredes estaban decoradas con obras de arte contemporáneo que contrastaban con la opulencia clásica del lugar. Las palmeras se mecían suavemente a través de los grandes ventanales, dejando entrar la brisa marina que impregnaba el aire con un aroma salado. Me perdí en los detalles: los mosaicos en el suelo, el suave murmullo del agua de una fuente cercana y el suave susurro de los huéspedes que pasaban. Cada rincón del hotel parecía contar una historia, y yo no podía evitar sentirme fascinada por la atmósfera de sofisticación que me rodeaba. Mientras la señora Emperatriz firmaba en el mostrador, yo me dejaba envolver por la magia del lugar, ansiando descubrir más de este refugio lujoso. Entonces su voz autoritaria me disuadió de seguir explorando y corrí tímida hasta ella.
Poco después, entramos en el ascensor, y las puertas se cerraron con un suave deslizamiento, aislándonos del bullicio del vestíbulo. El interior era igualmente lujoso, revestido de paneles de madera oscura y espejos que reflejaban la luz suave de las lámparas doradas. Un suave tapiz cubría el suelo, amortiguando nuestros pasos.
A medida que el ascensor ascendía, miré a la señora de reojo; su porte elegante y sereno contrastaba con mi nerviosismo. Las luces del panel digital parpadeaban, marcando nuestro camino hacia el piso superior, y el suave sonido de la música ambiental llenaba el espacio, creando una atmósfera de calma. Respiré hondo intentando encontrar motivos para no pensar que estaba siendo conducida a un oscuro lugar sin retorno por una terrible psicópata con rostro angelical. Trataba de no recordar las palabras de mi amiga Julieta dónde me decía que mi jefa era muy parecida a una criminal sin escrúpulos que desde hace mucho busca el FBI. Para desviar mi mente de un escenario sangriento y aterrador segui deleitándome en lo que me rodeaba.
El ascensor se detuvo suavemente en nuestro piso, y las puertas se abrieron, revelando un pasillo elegante con alfombra suave. La señora Emperatriz salió primero, y yo la seguí, sintiendo que cada momento en este lugar era una experiencia digna de ser recordada. Al menos en eso me quería enfocar. Noté que era un pasillo largo pero solo habían dos habitaciones. Nos estuvimos frente a una de ellas.
—Esta es la suya señorita — dijo el botones abriendo la puerta y dejándome entrar. Ni siquiera traje suficiente equipaje. La señora no me dejó preparar una maleta acorde a las circunstancias. Así que tomé mi valija vieja y descolorida y de igual manera me sentí aliviada al entrar a mi habitación, un refugio temporal de la agitación que había dejado atrás al imaginarme escenarios hostiles junto a la señora Thompson. Mientras desempacaba, mi mente se llenaba de preguntas sobre la misteriosa Emperatriz y en esa aura de sofisticación y secretos que la envolvían.
mientras doy un recorrido por la habitación explorando un poco más, el pitido de mi celular me hace devolver al recibidor. Deje mi celular en el bolso. Es una llamada entrante del señor Thompson. Enseguida atiendo.
"Jessica, ¿cómo va todo? "preguntó, su tono era directo, como siempre.
"Todo bien, señor. Acabo de llegar a la habitación del hotel"respondí, sintiendo una punzada de nerviosismo.
"Que bien. Alguien dejará algo en tu habitación con algunas instrucciones. Necesito que instales unos micrófonos en la habitación donde se instaló mi esposa.
Tragué saliva. La idea de espiar a mi jefa me hacía sentir incómoda, pero la curiosidad me consumía. También necesitaba saber que estaba pasando y si mi jefe solo estaba paranoico o si tenía razón en pensar mal de su esposa. Pero la idea de hacer algo así me parecía riesgoso y me asustaba.
"¿ Es necesario? Puede descubrirme señor y la verdad es que me preocupa que lo haga"
" Por favor Jessica, ni que lo fuera usted a hacer frente a sus narices"
" No, tampoco soy idiota señor, Pero..."
" Bah, no me diga que tiene miedo"
" Pues, si usted duda de su esposa, ¿que puede esperar de mi?. Ya me contagió sus temores.... Además..." Muerdo mi labio con inquietud.
" ¿ Que pasa Jessica? ¿ Acaso hay algo que no me has contado?" Iba a abrir mi boca y decirle lo que me contó Julieta pero debo primero estar segura de ello..
" Nada señor, haré lo que dice" Entonces oigo un ligero toque a la puerta. Me levanto un poco ansiosa. " Alguien toca" digo.
" Bien, avísame cuándo lo hayas hecho, adiós" dice y corta sin más.
Al llegar a la puerta de la habitación, saqué la llave y la introduje en la cerradura. Con un suave giro, la puerta se abrió y, para mi sorpresa, vi en el suelo varias cajitas cuidadosamente dispuestas. Me agaché para inspeccionarlas y reconocí al instante los micrófonos y las instrucciones que el señor Thompson había enviado. Un escalofrío recorrió mi espalda; no podía permitir que la señora Emperatriz descubriera esto. La idea de espiar sus llamadas avivaba mi nerviosismo, pero estaba decidida a hacerlo para descubrir la verdad. Con el corazón latiendo con fuerza, miré a mi alrededor, asegurándome de que nadie me viera, y recogí las cajitas con manos temblorosas.Mientras cerraba la puerta detrás de mí, una mezcla de temor y determinación me invadió. Sabía que debía actuar con cautela; cada paso que daba me acercaba más a un secreto que podría cambiarlo todo. Creo que es muy tarde para salir corriendo.
Más tarde un room service toca a la puerta para dejarme la cena. Tengo mucha hambre así que pedí Pollo a la parrilla: marinado en hierbas y especias, servido con puré de patatas y verduras asadas. Quería comer muy bien para tener fuerzas para lo que estoy por hacer. Además no tengo que pagar por nada así que ¿porqué habría de limitarme?
Poco después me dejó caer en la cama sintiendome ansiosa por lo que me espera y mi celular suena de nuevo.
" Jessica, mañana tenemos una junta a las ocho de la mañana y a las tres es la exhibición de joyería en el hotel Fontainebleau Miami Beach, saldremos de compra luego de la junta para que estés presentable " la señora Emperatriz me envía un texto detallando los planes a seguir al día siguiente.
" Me parece bien, estaré lista señora... ¿ Ya va a dormir?" Pregunto por impulso intentando descifrar el momento justo en el que puedo entrar a su habitación y colocar los micrófonos. Ignora mi mensaje y decido repasar las instrucciones para entender bien cuál es mi misión y no echar a perder el plan.
Estoy sobre la cama y casi me quedo dormida, me levanté rápidamente y me coloco ropa cómoda y mis zapatillas. Tomo unas llaves de respuesto que también estaban en una de las cajas y salgo con cautela para tratar de hacer lo que el señor Thompson me pidió..
La habitación parece oscura. Así que probablemente ya se ha dormido, enseguida introduzco la llave mirando a cada lado del pasillo. Abro la puerta con cuidado y entro sigilosamente cerrándola detrás de mi con cuidado. Alumbro con la luz de mi teléfono y recuerdo las instrucciones. Saco el primer micrófono de su caja y lo coloco en la mesita de estar, lo oculto entre unas figuras decorativas. Ahora debo ir a la habitación y poner uno cerca del teléfono de la habitación. La señora Emperatriz respira profundamente y tiene unos antifaz puestos. Solo espero no hacer ningún ruido. Coloco el micrófono y compruebo que quede encendido . Enseguida con mi corazón acelerado salgo de puntitas de la habitación y sin darme cuenta tropiezo con la lámpara que está en la mesa de estar y esta cae al piso. Enseguida se enciende la luz en la alcoba y la señora grita: "¿ Quien está ahí?" Sin percatarme corro hasta la puerta y salgo refugiandome en mi habitación. Cierro la puerta con llaves y siento todo mi cuerpo temblar. Entonces corro hasta la cama pero pronto oigo a la señora golpear mi puerta con insistencia. No puede ser.