UN JUEGO PELIGROSO

1217 Words
Cecy: El bufete nunca había parecido tan hostil como ahora. Cada rincón, cada mirada de los compañeros de trabajo, incluso el sonido de los teléfonos sonando, se sentía como un recordatorio constante de mi dilema. Las sospechas sobre Alex y Natacha no solo me robaban el sueño, sino que me mantenían atrapada en un laberinto emocional del que no sabía cómo salir. Por un lado, si enfrentaba a Alex con lo que creía saber, me arriesgaba a perderlo todo. Mi relación con él, por complicada que fuera, se había convertido en el eje de mi vida. Había soportado sus altibajos, sus momentos de frialdad y sus repentinos gestos de afecto. Separarme de él significaría enfrentar el vacío que ya había experimentado antes, ese abismo de soledad que casi me consume cuando nuestra relación tambaleó en Bariloche. Por otro lado, si me quedaba callada, permitía que él continuara viéndome como alguien a quien podía manipular, alguien a quien engañar sin consecuencias. Pero ¿cómo podía actuar sin destruir todo lo que habíamos construido, por frágil que fuera? Esa tarde, mientras estaba sentada en mi escritorio revisando documentos, una idea comenzó a formarse en mi mente, lenta pero implacable. No podía competir con Natacha en términos de lo que ella parecía ofrecerle: novedad, emoción, el peligro de lo prohibido. Pero quizás no necesitaba competir. Quizás podía tomar un enfoque diferente, algo que pusiera a Alex en una posición vulnerable, algo que lo hiciera sentir lo que yo sentía: inseguridad, celos, miedo. Decidí que jugaría con sus emociones, pero no como una venganza directa. Sería más sutil. Haría que se cuestionara su control sobre mí, que sintiera que podía perderme. La pregunta era: ¿cómo? Esa noche, en el apartamento, me serví una copa de vino y me senté en el sofá, observando la ciudad a través de las ventanas. Alex estaba trabajando tarde, o al menos eso decía. Mi mente repasaba las opciones. Necesitaba a alguien que pudiera llamar la atención de Alex, alguien que pudiera despertar en él el temor de que yo estaba buscando algo que él ya no podía ofrecerme. Pero no era tan sencillo. No podía ser alguien demasiado cercano a nosotros; eso levantaría sospechas inmediatas. Tampoco podía ser alguien del bufete, porque el riesgo de arruinar mi reputación profesional era demasiado alto. Pero tenía que ser alguien con quien pudiera establecer una conexión creíble, alguien que pudiera hacer que Alex se sintiera amenazado. El destino pareció responder a mis dudas al día siguiente. Mientras salía de una reunión, me encontré con Lucas, un consultor externo que había trabajado con nosotros en algunos proyectos recientes. Era guapo, con una sonrisa fácil y una confianza que irradiaba en cada palabra que decía. Habíamos tenido interacciones cordiales en el pasado, pero nunca nada personal. —Hola, Cecy —dijo, deteniéndose en el pasillo con una sonrisa—. ¿Cómo estás? —Bien, gracias, Lucas. ¿Y tú? —Un poco abrumado, como siempre, pero sobreviviendo. ¿Tienes un momento para discutir algo del caso Miller? Aproveché la oportunidad, invitándolo a mi oficina para hablar. Mientras discutíamos los detalles del caso, noté algo interesante: Lucas era observador, atento, y, lo más importante, no parecía tener problemas en coquetear sutilmente. Su manera de inclinarse hacia mí cuando hablaba, el contacto visual prolongado, incluso los pequeños comentarios halagadores, todo indicaba que podía ser exactamente lo que necesitaba para poner en marcha mi plan. Decidí que ese mismo día sería el inicio de mi juego. Durante el almuerzo, esperé a que Alex y Natacha salieran juntos de la sala de reuniones, algo que ya se había vuelto habitual. Me aseguré de estar en el pasillo en ese momento, riendo suavemente con Lucas mientras él me contaba una anécdota divertida. El efecto fue inmediato. Alex se detuvo por un segundo, su mirada pasando de Lucas a mí con una mezcla de curiosidad y desconfianza. —Cecy —dijo, acercándose con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos—. ¿Todo bien aquí? —Perfectamente —respondí, manteniendo mi tono ligero—. Lucas y yo solo estábamos comentando algunos detalles del caso Miller. Lucas, ajeno a la tensión subyacente, le ofreció a Alex una sonrisa amistosa. —Es un caso interesante. Cecy tiene algunas ideas brillantes, por cierto. —Eso ya lo sé —respondió Alex, su voz firme pero contenida. Mientras Lucas se alejaba, pude sentir la incomodidad de Alex. Sabía que no diría nada en ese momento, pero la semilla estaba plantada. En los días siguientes, comencé a interactuar más con Lucas, siempre asegurándome de que Alex estuviera cerca para verlo. Era un equilibrio delicado: no podía ser demasiado obvia, pero tampoco demasiado sutil. Cada sonrisa, cada carcajada, cada vez que Lucas se inclinaba hacia mí para hablar, era un pequeño golpe a la seguridad de Alex. Una tarde, mientras revisaba unos documentos en mi oficina, Alex entró sin llamar, algo que rara vez hacía. —¿Lucas pasa mucho tiempo contigo últimamente, no crees? —preguntó, su tono casual, pero con un filo subyacente. Levanté la vista, fingiendo confusión. —Es parte de su trabajo, Alex. ¿Por qué lo preguntas? —Solo curiosidad —respondió, pero su mandíbula apretada decía otra cosa. Me sentí una mezcla de satisfacción y culpa. Parte de mí disfrutaba viéndolo sentir algo de lo que yo había estado sintiendo durante semanas. Pero otra parte se preguntaba si este juego realmente valía la pena. Esa noche, mientras Alex dormía a mi lado, me encontré mirando el techo, preguntándome si estaba yendo demasiado lejos. Sabía que Alex no era el tipo de hombre que aceptaría fácilmente sentirse vulnerable. Lo estaba empujando a un territorio desconocido, y no estaba segura de cómo reaccionaría. Sin embargo, cada vez que recordaba la forma en que él miraba a Natacha, la forma en que desaparecía durante horas sin explicaciones, mi determinación se fortalecía. No estaba dispuesta a ser la única que luchara por esta relación. Si Alex realmente quería estar conmigo, tendría que demostrarlo. Lo que no esperaba era que Lucas comenzara a mostrar un interés genuino en mí. Una tarde, mientras trabajábamos juntos en una sala de conferencias, se detuvo de repente y me miró con una intensidad que me tomó por sorpresa. —Cecy, no sé si debería decir esto, pero... hay algo en ti que me fascina. Mi corazón dio un vuelco. No era parte del plan que alguien más se involucrara emocionalmente. Intenté reírme para restarle importancia, pero él continuó. —No estoy diciendo esto para complicar nada. Solo quería que lo supieras. De repente, mi juego se había vuelto más complicado de lo que había anticipado. No solo estaba jugando con Alex, sino también con Lucas, y la culpa comenzó a instalarse en mi pecho. Mientras salía del bufete esa noche, sentí que las paredes comenzaban a cerrarse a mi alrededor. Había desatado algo que ya no podía controlar completamente, y aunque parte de mí disfrutaba el poder que sentía al tener a Alex celoso y a Lucas interesado, otra parte temía las consecuencias de este peligroso juego. Sabía que estaba caminando sobre una cuerda floja, y que un solo paso en falso podía hacer que todo se viniera abajo. Pero una cosa era segura: no estaba dispuesta a perder sin luchar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD