SOSPECHAS Y SOLEDAD

1042 Words
Cecy: Había algo que no encajaba. Lo sentía en la forma en que Alex me miraba, en cómo su atención parecía desvanecerse cuando hablábamos, en las excusas que comenzaban a acumularse como hojas en otoño. Al principio, quise ignorarlo. Después de todo, habíamos tenido semanas buenas en el apartamento, semanas en las que pensé que las cosas finalmente estaban mejorando entre nosotros. Pero ese sentimiento de incomodidad, esa voz persistente en mi cabeza, no me dejaba en paz. La nueva secretaria no había pasado desapercibida para mí. Era imposible ignorar la manera en que Alex parecía iluminarse cuando estaba cerca de ella, cómo su tono cambiaba ligeramente cuando le daba instrucciones. No era algo obvio, pero para alguien que lo conocía tan bien como yo, era suficiente para levantar sospechas. Un día, mientras trabajaba en mi escritorio, noté que Alex y ella estaban en la sala de reuniones del tercer piso. Había algo en la forma en que ella salió minutos después, arreglándose el cabello y evitando las miradas, que hizo que mi estómago se revolviera. Esa noche, decidí confrontarlo. Cuando llegó al apartamento, fingí que todo estaba normal, preparando la cena como solía hacerlo. Pero mientras cenábamos, no pude contenerme más. —¿Qué tal estuvo tu día? —pregunté, intentando sonar casual. —Cansado, como siempre. Muchas reuniones y papeleo interminable —respondió, sin levantar la vista de su plato. —He notado que pasas mucho tiempo con la nueva secretaria. Parece que confías mucho en ella. Fue sutil, pero vi cómo su cuerpo se tensó. Levantó la mirada y me lanzó una sonrisa que no llegó a sus ojos. —Es buena en su trabajo, y necesito que alguien me ayude con tantos detalles. No hay nada más, Cecy. Su respuesta fue rápida, demasiado rápida. Quise creerle, quise convencerme de que estaba siendo paranoica, pero no podía ignorar lo que sentía. En los días siguientes, intenté encontrar pruebas, algo que confirmara mis sospechas. Revisé su teléfono cuando se duchaba, pero no encontré nada incriminador. Observé cómo interactuaba con ella en el bufete, pero todo parecía dentro de lo profesional. Y, sin embargo, mi intuición me decía que algo estaba mal. Finalmente, una noche, la frustración y la duda me consumieron. No podía seguir en el apartamento, no podía soportar la sensación de que me estaba volviendo loca. Me arreglé rápidamente y salí, sin decirle a Alex adónde iba. Terminé en un bar del centro, uno que solía frecuentar antes de conocer a Alex. Me senté en la barra y pedí un whisky, dejando que el alcohol calmara mis nervios y aclarara mi mente. El ambiente era bullicioso, lleno de risas y música, pero yo me sentía como si estuviera en una burbuja, aislada de todo. Mientras tomaba mi segundo trago, un hombre se acercó y me sonrió. —¿Puedo invitarte a otro? —preguntó, con una confianza que me resultó casi desconcertante. Lo miré, evaluando la situación. Era atractivo, con una sonrisa fácil y ojos que parecían sinceros. Por un instante, consideré aceptar, consideré dejarme llevar por la idea de olvidarme de Alex, aunque solo fuera por una noche. - Puedes, pero solo un trago que ya pronto me tengo que ir – le contesté - Claro, solo con uno me conformo para conocer semejante belleza – me halagó y su halago me sonó falso. Le indicó al barman que nos diera los tragos y se sentó junto a mí, muy cerca para mi gusto, pero solo sentirme de nuevo deseada me subía la autoestima que todas estas semanas Alex me había tirado al piso. - ¿Y como se llama esta belleza? – me dice pícaro. - July – le mentí, no quería que supiera mi nombre real si pasaba o no algo. - ¿July?, bonito nombre – me dice - ¿y que hace tan sola una belleza como tú en este bar? - Pues, quería despejarme un rato – le confesé la verdad - Bueno, pero si quieres más diversión podemos ir a un lugar más tranquilo – Dios este hombre va con todo, no me ha dicho ni su nombre, ¿será que cree que soy una prostituta? Pensé. Entonces algo en mí se detuvo. No era quien era, no realmente. No quería caer al nivel de Alex, no quería traicionar lo poco que quedaba de nuestra relación. Así mi rabia de solo pensar que se estaba revolcando con la secretaria se hicieran realidad, hoy no quería caer al mismo nivel. —Gracias, pero estoy bien —respondí, ofreciéndole una sonrisa educada antes de volver mi atención a mi vaso. - OK, tú te lo pierdes – me dijo con sarcasmo – disfruta tu trago, y se levantó y se fue. Esa noche, regresé al apartamento más tarde de lo habitual. Alex estaba dormido, o al menos fingía estarlo. Me acosté a su lado, sintiendo la distancia entre nosotros como una pared invisible. Las dudas seguían ahí, más fuertes que nunca. Sabía que algo estaba ocurriendo, algo que Alex estaba intentando ocultar. Y aunque no tenía pruebas, me prometí a mí misma que no descansaría hasta descubrir la verdad. Los siguientes días en la oficina me la estaba tirando de detective, observando todo lo que pasaba a mi alrededor, viendo si algún empleado tenia cara de contarme algo, o si descubría algún encuentro raro entre Alex y la secretaria. Pero nada, los empleados me trataban como siempre y ellos dos se comportaban por lo menos frente de mí y tal vez de los demás como jefe y empleada. Lo único que noté es que, si me llego a desplazar ella como asistente de Alex, él me daba trabajos más importantes que antes, como reuniones con los socios sin él, que llevara acuerdos con clientes importantes, siendo como su mano derecha en las negociaciones importantes, no se si la verdad es para tenerme ocupada o si me esta dando el puesto ya de su pareja formal. Igual todos en el bufete me ven como tal, después de aquella pelea con el Padre de Alex donde Alex me puso como su pareja, todos me tratan ya como si fuera su esposa, cosa que nuestra relación no llega ni a novios formales como van las cosas.
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