Dos: Mi cumpleaños

1351 Words
Caminé junto a Tatiana largo rato, no sabia para donde íbamos, no tenía la menor idea de hacia dónde nos dirigíamos ni cuándo regresaríamos a la cafetería. Yo debía regresar a la casa, seguramente en aquel momento alguien estaría preocupado por mí y se habría percatado de que yo… Detuve mis pensamientos porque era una tontería. Nadie iba a pensar en mí. Aunque los ojos se merecieron y amenazaron con un derramar las lágrimas, me las contuve, no iba a llorar en mi cumpleaños número dieciocho. Había esperado demasiado tiempo por aquel momento y ahora no iba a dejar que se me arrumbar a por tan solo darme cuenta de que estaba sola, más sola que nunca, tan sola como que si desaparecía en determinado momento a nadie le haría falta. — Quita ya esa cara de preocupación, no pareces que estés de cumpleaños. — No tengo ninguna cara. — refuté cuando Tatiana se detuvo frente a mí y me levantó la barbilla con uno de sus dedos. — Mírame a la cara y dime que no estás pensando en que alguien va a salir a buscarte. — Te he contado demasiadas cosas, Tatiana. — Aunque no lo quieras aceptar, soy tu amiga Milly. Por supuesto que le había contado bastantes cosas. Si por lo menos tres veces a la semana me escapaba de casa para ir a verla a la cafetería para tomarme un café de 50 centavos y escuchar las historias que Tatiana tenia para contarme a través de ella, sentía que vivía, sentía que formaba parte de algo. Sin darme cuenta le había contado mis miedos, mis temores y preocupaciones sin saberlo, le había dado los detalles más importantes de mi vida. Soy más que una simple huérfana, soy más que una simple joven que apenas comienza a vivir. Estoy segura de que he vivido más de lo que muchas personas han hecho a mi edad. — Tenemos que celebrar tu cumpleaños, debemos de celebrar que finalmente podrás irte de esa casa. — No son tan malos como se escucha. — Defiendo a los Pérez de inmediato. — son una de las mejores familias con las cuales me ha tocado vivir, por no decir la mejor. — Te escabulles casi cada noche y ni siquiera se percatan de que no estás allí. — dijo ella, destacando lo obvio. — Tampoco tienes que ofenderme. — No es una ofensa, Milly, es la verdad, te estás arriesgando demasiado a salir cada noche tan solo porque no te sientes bien en esa casa. — No es la casa, no son ellos. — le digo mientras levantó los brazos con indiferencia. — Hay muchas peores cosas que, sencillamente, una familia no note tu ausencia. —¿En serio crees que hay peores cosas que la indiferencia, que la frialdad, que el no notar cuando una persona no está y que no te haga falta? Por supuesto que yo no tenía respuesta para eso. Volví a caminar en silencio detrás de ella hasta que llegamos a una edificio ligeramente viejo de color Rosa pálido. Estaba segura que en algún momento habrá sido rojo o quizás de un Rosa más intenso, pero aquel color se le notaba que no había sido retocado en más de 10 años. No conocía el lugar, había pasado por la misma calle muchas veces, sin embargo, nunca había notado el edificio. Tatiana llama a alguien por lo que veo es una especie de bocina telefónica, y una voz femenina le habla en un idioma que no conozco. —Vamos. — me dice ella cuando la puerta se abre con un sonido estridente. —¿Vives aquí? — Pregunté, Confundida, pues tenía todo un mes conociendo a Tatiana y, tratándola con leves conversaciones cada noche, pero jamás había cruzado la línea de saber dónde vivía ni tampoco preguntarle. —¿Crees que voy a estar tocando puertas de cada edificio al que le paso por el lado? — fue su respuesta. Así que, en silencio, volví a seguirle los pasos. Después de haber subido cuatro niveles, llegamos hasta la puerta en la cual ella se detuvo. Allí sacó una llave del bolsillo trasero de su vaquero y abrió la puerta. —¿No pensaras que iba a dejar que te fueras con esa ropa tan fea al club, verdad? ¿No había razón para ofenderse, por qué hacerlo si ella tenía razón? — No tengo ropa para ponerme. — fue lo único que le dije. — Por eso estamos aquí. — Ella se hizo a un lado y señaló hacia adentro para que yo entrara dentro del apartamento. —¿Vives aquí? — Volví a preguntarle una vez dentro, al notar que el apartamento estaba mucho más lujoso por dentro que la fachada, que se veía desde afuera. ¡Rayos! Una mujer de pelo rubio, se acercó a Tatiana y le dio un abrazo difusivo y un beso en la coronilla. Tatiana era por lo menos 3 pulgadas más pequeña que ello. Y aunque yo llegaba casi al metro 80, Tatiana parecía haberse quedado en 1 m 50. — Supongo que ella es Milly. — La mujer se acercó a mí y me dio un abrazo. — es un placer conocerte. Finalmente, Emily, mi nombre es Yuri. Con la mujer alrededor de mi espalda. Abrazándome como si me conociese de toda la vida. Entré en calor de forma automática, como si mi cuerpo hubiese estado esperando aquel gesto. — Gracias. — murmuré, con la voz rasposa, pues apenas salió por mi garganta. —Sé que quizás estás un poco abrumada. Tatiana suele ser un poco intensa cuando se vuelca en una amistad. —¿Cómo dice? — Ya está mamá, has hablado suficiente. Voy a conseguir algo de ropa a Milly para que podamos salir. —¿Hoy es tu cumpleaños, no es así, Milly? Me sorprendí tanto que mi boca formó un perfecto o mientras abría los ojos de par en par y miraba tanto a Yuri como a Tatiana. ¿En qué momento mi vida comenzó a filtrarse de tal forma que todos sabían cuando era mi cumpleaños? Quizás había frecuentado demasiado la cafetería, a lo mejor me había sentido demasiado rápido en confianza con Tatiana y me había dejado seducir por su carisma, por su forma de tratarme. Miré de una a la otra sin saber hacia dónde dirigirme. Quería escapar de allí. Tanta atención comenzaba a molestarme. Me sentía como en un conejillo de Indias, como una rata de laboratorio que apenas comenzaban a hacer experimentos con ella. Jamás había tenido tantos ojos observándome, ni siquiera cuando había estado en el sistema adoptivo dentro del orfanato, allí donde las parejas iban buscando a los hijos perfectos con los cuales habían estado soñando durante años, ni siquiera allí yo fui la más observada, la que más buscaba a la que quería. Nadie me había prestado tanta atención nunca. Tatiana Soltó un sonido exasperado y se dirigió hacia una puerta, seguí sus pasos sintiéndome incómoda con la mirada de su madre. Al menos eso imaginé, que Yuri era su madre. Al entrar a la habitación, Tatiana cerró la puerta con seguro en silencio, se dirigió hacia el closet y de allí al abrirlo me dejó boquiabierta. Caminé hacia el closet en silencio también y con los ojos abiertos de par en par comencé a tocar cada una de las blusas que estaban allí colgadas en perchas perfectamente colocadas por colores. — Wao. — fue lo único que salió de mis labios. — Espero que ese sea un Wao positivo. — Jamás había visto tanta ropa bonita Junta. Ella me sonrió y colocó un brazo alrededor de mis hombros. —Pues bienvenida a mi habitación, eres libre de seleccionar lo que quieras, pues esta noche es tu noche especial. Vamos a celebrar tu cumpleaños por todo lo alto y será algo para recordar el inicio de una nueva vida. Finalmente podrás largarte y ser independiente. Así que con eso en mente comencé a probarme cada pieza que veía que me gustaba. ¡Estaba en el paraíso de las ropas!
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD