Tal vez era esa maldita diferencia lo que la hacía especial y quizás por eso es que estaba tan obsesionado por que dijera que sí.
Creo que es casi inevitable que mi interés por ella siga creciendo, ya que algo me dice, que mi vida con ella presente, será de todos, menos aburrida.
Y eso es algo que me intriga pero que a la vez me parece peligroso, lo que no sé es si es por ella o por mí.
Debo reconocer que al principio, todo esto fue solo un juego de poder por querer tener un control sobre ella, sobre sus ojos, sobre su pasado y sobre quienes estaban involucrados en el, principalmente su madre.
Aquella mujer que casi me está llevando a la locura.
Y como deseaba ejercer poder. Ella tiene un problema, yo le ofrecí una solución, una forma de resolver un problema económico a través de algo tan simple como una firma en un contrato, de matrimonio pero un contrato al final del día.
Pero a medida que pasaban los días, las horas, los segundos, empecé a ver en Kira algo más que solo una pieza en mi ajedrez para conseguir mi propósito.
Había algo en su mirada, una chispa de rebeldía, que despertaba algo en mí que no había experimentado antes y no era que me gustara, no aún, pero era intrigante, me provocaba más desafíos y eso era algo a lo que estaba dispuesto hacer.
Quizás está confundiendo las cosas. Quizás piensa que lo que le ofrecí es más que un simple contrato.
Pero bueno, si me hubiera dado la oportunidad de explicar las cosas, probablemente no habría recibido aquella cachetada.
¡Maldita mujer! Me acarició la mejilla, ya que todavía logro sentir sus dedos en ella.
La relación entre nosotros iba a ser un trato de negocios, pero en mi mente ya empezaba a formar escenarios más complejos. Imaginaba cómo sería verla ceder ante mí, cómo caería en mis manos, como todas las demás que han pasado por mi vida.
Pero lo que no me esperaba era que mi mente comenzara a hacer preguntas sobre si esa caída sería tan satisfactoria como había supuesto, si me gustaría ver el final de todo este camino y que pasaría si las cosas terminaran completamente diferente a lo que deseo.
Quizás lo era, pero tal vez no.
Me sacudí la cabeza, no podía pensar en eso, no tenía el maldito tiempo para pensar en eso ahora, porque necesitaba concentrarme en lo que estaba en juego.
Si Kira no aceptaba mi propuesta, pues bueno, tendré que ver que hacía después de eso.
La noche caía cuando mi teléfono volvió a sonar.
Esta vez no era uno de mis empleados, alguien de trabajo, sino Kira.
Por un momento, me quedé inmovil, sentí un leve vacío en el estómago, el pulso se me aceleró, la boca se me seco y el corazón me comenzó a latir, situación que me sorprendió pero que controlé rápidamente.
Al fin había decidido llamarme, sonreí ante eso.
— Enzo…— su voz sonó más firme de lo que había anticipado. —...Necesito hablar contigo - Vaya, si que tiene coraje la muchacha. Eso me hizo sonreír.
A pesar de la firmeza con la que me habló, podía notar la tensión en su voz era evidente en ella y yo sabía que ya no podía huir.
El miedo sobre todo lo que podía perder la estaba alcanzando, y ya no tenía muchas opciones. Sentí un pequeño destello de satisfacción y volví a sonreír pero más ampliamente.
Estaba empezando a ganar este juego entre los dos.
— Claro, Kira…— Contesté, manteniendo mi tono suave pero seguro — Hablemos. Te escucho - le digo pero ella no dijo nada por unos segundos, y su silencio me confirmó que estaba procesando lo que acababa de decir.
La tensión se podía cortar con un cuchillo. Finalmente, escuché su respiración más profunda y hasta podía imaginar su postura y su rostro en estos momentos.
— Necesito más tiempo…— La frase fue dicha con una cierta vulnerabilidad que no me había esperado. Era como si una pequeña grieta hubiera aparecido en su fachada y de la que me aprovecharía —...Este no es un contrato cualquiera. Es mucho más que eso. ¿De verdad crees que puedo aceptar esto tan fácilmente? ¿Qué en solo unos días puedo decidir mi futuro? No es tan fácil como crees - suelta y ah, ahí estaba, la duda.
La duda era peligrosa, pero también reveladora y yo con mi propuesta estaba tocando la esencia de lo que realmente importaba: la idea de perder el control sobre su vida, sobre sus decisiones, sobre su presente y más que eso, sobre su futuro.
Y lo que no sabía Kira era que ya había perdido ese control mucho antes de que llegara este contrato. Pero el proceso de convencimiento no había terminado, aún quedaba mucho camino por recorrer antes de que todo tomara el camino que quería.
— Kira…— respondí, con voz suave pero cargada de autoridad, no debió de confundirse —...Entiendo que sea difícil, pero debes ver la realidad. La vida de tu hermana está en juego, y tú sabes que no tienes otra opción, solo lo que yo te estoy ofreciendo. Lo que te ofrezco es la única solución viable. Si quieres salvarla, necesitas hacer lo correcto y aceptar mi propuesta - le digo con esa confianza que me caracteriza.
Hubo un largo silencio desde el otro lado de la línea, y pude casi escuchar el sonido de su mente girando a mil por hora, pensando en todas las posibilidades, en todas las consecuencias. Estaba tomando la decisión más difícil de su vida y, en el fondo, sabía que solo había una respuesta posible.
Sonreí ante eso.
— Lo sé…— respondió finalmente, y aunque su tono era más bajo, no hubo duda en su voz, algo que me resultaba nuevamente fascinante. Esta chica es una caja de sorpresas —...Pero necesito pensar en esto. Tres días no son suficientes. Necesito más tiempo - dice dejando salir un suave suspiro.
Me quedé en silencio, dejando que sus palabras calaran hondo en mí, sabía mi respuesta pero todo esto era una jugada, un intento de ganar tiempo. Pero, por alguna razón, me agradaba su determinación, ya que quería que todo esto fuera más complicado, que ella realmente cuestionara su elección antes de ceder quería que supiera cuán lejos llegaríamos, los dos, en esta danza de poder en la cual los dos estábamos bailando.
— Está bien, Kira. Tienes tres días. Pero recuerda, el reloj está corriendo y no queda mucho tiempo más - dije y sin esperar su respuesta, colgué y me recosté en mi silla, mirando nuevamente la ciudad a través de la tormenta, las luces de los edificios reflejaban una imagen distorsionada de lo que estaba por venir, una juego que estaba por ponerse en marcha, y ahora todo dependía de la jugada final.
El poder siempre está en las manos del que sabe jugar con los tiempos, y yo, sin duda, sabía jugar, porque perder, jamás ha sido una opción.