Eran las diez de la mañana cuando aterrizaba un jet privado en el gran aeropuerto internacional.
Del cual bajara un apuesto joven, estaba pulcramente vestido con su traje hecho a la medida.
Todos volvían a ver mientras él caminaba serenamente como si nada perturbara su existencia.
Este joven caballero no era otro que Jorge Lenards. El venia a quedarse en la gran ciudad y de paso iba a tomar control de la gran multinacional empresa de su Padre.
Era una regla en esta familia que a los veinticinco años el joven de la familia tomara sucesión. Jorge Lenards se había preparado para este momento.
Sólo había un pequeño problema, el había perdido parte de su memoria, la última ves que estuvo en esta gran ciudad, había sufrido un accidente.
Cuando Jorge llegó, pasó por el centro comercial ubicado en el mismo aeropuerto, quería llevarle un ramo de flores frescas a su madre.
Buscando un adecuado arreglo floral, se encontró cara a cara con la joven Kaila.
Entró en la floristería, captó a una joven mujer atendiendo, era Kaila que también se desempeñaba aquí por tres horas al día.
Era uno más de sus trabajos parciales que ella tenía para sustentar su vida.
Kaila inmediatamente reconoció a Jorge, enseguida recordó aquella noche en que la invitó a bailar, se puso muy nerviosa.
Jorge era más serio e inexpresivo que en aquel entonces. Lo que realmente no le decía a Kaila es que aunque no la recordaba, si su corazón estaba tamborileando como si actuara por si sólo.
Sólo que nunca se había sentido así y estaba evitando mostrar sus emociones.
Pronto Jorge pagó por lo que se llevaba y dio la vuelta para marcharse, en ese momento Kaila gritó:
—¡Jorge Lenards has vuelto! —Jorge se volvió lentamente y la miró con unos ojos penetrantes. Luego dijo:
—¿Nos conocemos? —Kaila se sintió avergonzada ante su pregunta y negó con la cabeza.
—Sólo te acabo de confundir con alguien mas ahora mismo —dijo Kaila viendo para otro lado.
Jorge salió de allí, el chofer de la familia ya lo estaba esperando. Se fue con el rostro de la joven pegada en sus ojos, pensó en ese momento, ella dijo mi nombre sin embargo negó conocerme, por qué?
Al otro lado de la gran ciudad Magda andaba haciendo compras, derrochaba el dinero a diestra y siniestra. Si tuviera un marido rico, rápido lo enviaría a la quiebra al pobre, por que era una persona inactiva en asuntos de producción.
Sólo sabía gastar más no ganar. En su mente, desde hace mas de tres años atrás, ella esperaba que al heredero de los Lenards que volviera para poder conquistarlo y casarse con él.
En ese preciso momento pasaron un grupo de mujeres conversando que decían.
—"¿viste al heredero de los Lenards? ¿ ay tan guapo como nadie?
—¡Si! Lo vi hace unas horas en el aeropuerto. Volvió el príncipe de vuelta, ¡quien será la elegida! Buscará una esposa por que tomará las riendas del gran grupo multinacional. —las chismosas siempre sabían, hasta al revés las cosas que pasaba entre los más influyentes.
Pronto Magda se llenó de alegría y corrió a comprar ropa ostentosa para impresionar a Jorge y su familia.
Luego corrió al salón y se hizo muchos arreglos, más tarde buscó a su tía y le pidió a que lo ayudara a tener una visita a la familia Lenards.
Ella estaba muy decidida a llegar al corazón del joven heredero, mmhh pensó Kaila ni te atrevas a interponer entre mi galán y yo, si no quieres que te destruya y tengas que ir a acompañar a tu abuelo. Se decía entre dientes.
Así lo hizo la tía de Magda, a petición de su sobrina mandó una invitación a invitar a cenar a la familia Lenards, estos se negaron afirmando que estaban adaptando a muchas cosas y que debía ser para otro momento.
Aún no se dió por vencida Magda y se presentó al día siguiente a la empresa multinacional.
Jorge estaba muy muy ocupado. Tras bastidores él solo quería ponerse al tanto de todo lo relacionado con los negocios de la empresa, entre ratos recordaba el rostro de la joven de la tienda y sonreía.
Le satisfacía recordarla. Las mujeres de su empresa se estaban volviendo locas por su presencia, Jorge salió y les llamó la atención, les dijo que él no era una estrella o actor y que tampoco era músico, que sí querían conservar sus empleos, debian comportarse y guardar la compostura.
En ese momento entró Magda con unos tacones de 10 centímetros lucia alta, estaba muy bien vestida y llena de joyas.
Pidió a la secretaría ver exclusivamente al nuevo director. Jorge nisiquiera había tomado el mando, pero Magda llegó con aires de suficiencias... Jorge no la conocía y el aún no manejaba los asuntos de la empresa, así que se negó a recibirla.
Pidió que alguien más la atendiera, pero Magda se puso frenética y de mal humor. Jorge ordenó que la echaran afuera.
Seguía intransigente con las mujeres embusteras como Magda.
Todas las mujeres locas antes por él, estaban sudando pues no se habían percatado que su jefe no le gustaba las locuras con las que se manejaban las mujeres hormonales cerca de él.
Lo que muchas no sabian es que el corazón indomable de este caballero ya tenía dueña.
Magda salió refunfuñando de aquel lugar, no se sentía satisfecha por lo que acababa de pasar, para ella, era la indicada, se creía rica aunque no tenia crédito de nada.
Ni siquiera sabía servir un vaso con agua a alguien, Magda no buscaba el crecimiento personal nunca, no se esforzaba para nada, en buen plan, cuando miras bien alto, lo menos que puedes hacer es, merecer y estar a la altura de la persona que quieres.
Magda no preveía eso, solo era fuah fuah y ya, sanvengue y sanvengue nada más.
Así es como pasara Jorge las primeras dos semanas de su llegada.