Capítulo 5 parte 3

1042 Words
Terminamos el día exhaustos y aseamos como de costumbre el local. Marshall salió en su auto y se despidió de mí, mientras que yo simulé caminar hacia mi casa pero a medio camino me detuve cerca al parque, pues allí estaba el tipo que espiaba los niños,así que decidí observarlo por un momento. Me ayudé de un cigarro y una cerveza para generar distracción y que no se enterara que en realidad lo estaba vigilando a él.  El hombre, en pequeños descuidos tomaba fotos a lo lejos de cada menor que lograba encontrar en el parque, parecía hacer unas anotaciones en su teléfono  —lo cual me pareció sumamente extraño —, y después, guardó su teléfono y siguió observando sin mencionar palabra a los niños. Sin duda, era un depravado que pronto pagaría por ser un ser tan miserable. Continué caminando hasta casa, y al llegar, como era de esperarse, Babou salió a recibirme emotivamente  y aproveché y de paso lo llevé a hacer sus necesidades. Llegamos nuevamente al apartamento y mientras me disponía a preparar la cena, recibí una llamada de mi madre.  —Kris, ¿qué tal estuvo tu día?  —Hola mamá, bastante agitado, hace un momento llegué a casa.  —¿Y qué tal te fue?  —Bien mamá, ¿cómo está Frank?  —De maravilla Kris, estamos muy bien.  —Me alegra eso mamá. Jane, tengo una noticia para darte.  —¿Una noticia? Por favor, no me digas que seré abuela.  —¿Abuela?  —pregunté con sorpresa —, claro que no mamá ¡enloqueciste!.  —Y tú me asustaste. Ahora, dime qué tienes por contarme.  —Hoy recibí un llamado de la Universidad, y fui admitida mamá.  —¿De verdad Kris?  —preguntó con euforia —. Me alegro muchísimo por ti; eres una gran  estudiante y estoy segura de que sacarás muy buenas notas.   —Gracias mamá, no imaginas lo feliz que estoy. ¡Cuéntale a Frank!  —Claro que sí, en un  momento que llegue a casa le cuento.  —Y tú mamá, ¿qué tienes por contarme? ¿Qué has sabido del caso de Melannie?  —Ah, sí, el caso de Melannie… Hoy escuché que el hombre que tenían como sospechoso, salió limpio. Ahora dicen que sospechan de que haya sido envenenada.  —¿Envenenada? ¿Quién haría algo así?  —No lo sé Kris, lo que sé es que probablemente archiven de nuevo la investigación pues es imposible realizarle pruebas toxicológicas al cuerpo después de tanto tiempo.  —Comprendo mamá  —sentí un fresquito increíble —, cuídate mucho de esos locos que andan sueltos.  —Por supuesto, tú sabes que siempre me cuido. Además, ¿para qué más protección que el musculoso Frank?  —Tienes razón mamá, con Frank es suficiente.  —Así es, y cuéntame, ¿cuándo empiezan tus clases?  —En una semana mamá, mucho más pronto de lo que creí pero estoy muy emocionada.  —¿Y tú trabajo?  —El gerente me dará la oportunidad de trabajar  y estudiar a la vez. Hará ajustes a mi horario.  —Mucho mejor aún Kristen, valora mucho ese empleo que hoy son pocos los empleadores que te permiten hacer eso.  —Sí mamá, lo sé. El señor Marshall se ha portado de maravilla conmigo y estoy muy agradecida por ello.  —Así debes ser siempre pequeña. ¿Qué tal va Babou?  —Excelente mamá, es la mejor compañía que puedo tener. Está creciendo muy rápido.  —Ya imagino cómo ha de estar. Recuerda no dejarle cerca cosas que pueda destrozar.  —¿No podías hacerme la advertencia antes? Hoy arruinó mis audífonos. Pero como sea, lo amo.  —Es algo que debías prever tú. Te dejo Kris, ya llegó Frank así que cenaremos  —dijo mi madre.  —Está bien mamá, yo también cenaré ahora. Dale saludos de mi parte a Frank. Cuando colgué, medité un momento mientras la cena estaba lista, en lo feliz que me hacía ver el progreso de mi madre con Frank. Ahora, la podía ver tan feliz como no la pude ver durante tantos años al lado de mi padre; realmente la vida con él era un tormento. Sé que muchos de ustedes quizás me entiendan porque el alcoholismo es algo que está presente en muchas familias. Pero para los que no, sólo imaginen una vida llena de gritos, golpes, malos tratos y abusos; esa era nuestra vida con mi padre y por eso hice lo que hice. Mamá merecía ser feliz, y yo también. Para no alargar la historia contándoles cosas poco interesantes, me adelantaré a ocho días después donde por fin empecé mi universidad. El primer día había más gente en el campus que la que logré detallar el día que fui a firmar los documentos, pues sólo habían unos cuantos estudiantes haciendo sus cursos de verano. Gente entraba y salía; podía escuchar personas hablando en distintos idiomas, realmente era asombroso. Me dirigí hacia el salón donde recibiría mi primera clase y tomé asiento.  La profesora hizo una breve introducción del curso y de quién era ella y posteriormente todos y cada uno debimos presentarnos ante el curso, mencionando nuestro nombre, edad, de dónde veníamos y por qué habíamos elegido la carrera. En el momento, no tenía interés en hacer amigos. Sin embargo, presté atención a la presentación de cada uno, para tenerlo en cuenta en un futuro si quizás deseaba conocer personas. Luego de que cada uno se presentara, la profesora nos otorgó a cada estudiante una bata de laboratorio con el fin de darnos un breve recorrido por los laboratorios en los que trabajaríamos, e irnos familiarizando con ellos. De inmediato pensé que sería la oportunidad perfecta para tomar uno o algunos de los reactivos del laboratorio sin que se dieran cuenta. Por fortuna, siempre he sido muy ágil con las manos. Ingresamos organizados en fila, pero el interior del laboratorio era tan sorprendente y novedoso que todos corrían de un lado a otro detallando todo lo que allí encontraban. En uno de esos ajetreos, mientras las personas miraban una cosa y la otra, aproveché y tomé un frasco que estaba marcado con una etiqueta de altamente tóxico y peligroso —justo lo que necesitaba—.
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