Me quité el delantal que utilizaba para atender en la heladería y salí de allí en un taxi con rumbo a la Universidad; los nervios me embargaban pero debía apresurarme.
Llegué al campus en cuestión de unos quince minutos y allí pedí la indicación a un vigilante para saber hacia qué oficina debía dirigirme para firmar los documentos restantes. Muy amablemente me guió hasta el lugar, y en menos de cinco minutos me llamaron para atenderme.
—Bienvenida señora Kristen, reciba un cordial saludo de parte de la Universidad de Oklahoma City —mencionó la secretaria encargada de la oficina de admisiones.
—Muchas gracias por la bienvenida —contesté nerviosa—, es un placer estar aquí. He escuchado muy buenas referencias de este lugar.
—Podemos considerarnos una de las mejores universidades de Filadelfia—respondió la mujer— A continuación finalizaremos el proceso de matrícula.
—Perfecto. ¿Debo pagar algo?
—Claro que sí, pero es algo mínimo , $50 USD. Puede pagarlos ahora, o en un plazo máximo de 48 horas.
—Los pagaré de una vez —respondí—. ¿Debo firmar algo?
—Sí, permítame un momento —mencionó mientras tomaba unos papeles de una carpeta—. Una firma en cada hoja y eso es todo.
Procedí a firmar, mientras tomaba un vaso de agua que me habían regalado allí en la oficina.
Enseguida, me invitaron a dar un pequeño recorrido por el campus.
—Te va a encantar, esta universidad es realmente hermosa y maravillosa —mencionó un hombre encargado de darme el recorrido.
—No me cabe duda de eso. ¿Sabes cuándo inician las clases? —pregunté.
—En ocho días creo, igual eso te lo notifican mediante correo electrónico.
—Entiendo, gracias.
—No es nada, ahora sígueme. Primero, te llevaré a la zona de la cafetería, es de las más concurridas aquí.
Caminamos hasta la cafetería y efectivamente estaba llena de gente, unos comían, otros estudiaban, otros jugaban juegos de mesa, —cada quién en lo suyo— y eso me agradaba.
Podía notar gran diversidad de personas en el lugar, estilos, gustos, era maravilloso.
—Aquí puedes encontrar compañeros de distintos países del mundo. Tenemos muchos convenios de intercambio a lo largo del mundo.
—¿De verdad? Suena interesante. ¿O sea que si en algún momento decido ir a conocer otro país, puedo hacerlo mediante la universidad?
—Correcto. Para aplicar a ello debes mantener un buen promedio de notas y otros requisitos mínimos. Eso te lo pueden explicar después.
Continuamos, y dimos un vistazo al jardín botánico que tenían. En un apartado tenían un criadero de mariposas; distintos tamaños, colores, especies, ¡parecía el paraíso!, todas se veían hermosas.
—Allí, más adelante puedes encontrar los laboratorios de química y también los grupos de estudio a los que puedes integrarte.
—Genial, ¿podemos entrar al laboratorio?
—En el momento no, no tienes bata ni ningún elemento de protección.
—Está bien, comprendo.
Por último, dimos una ronda por algunos de los salones; eran grandes, acogedores, con sillas acojinadas y pupitres limpios. Además, el tablero era digital y la televisión del salón era enorme. Estaba impresionada con todo lo que allí veía.
—Todos los salones son iguales, ¿no te parece excelente?
—Claro que sí, nunca había estado en un aula así—contesté— No puedo esperar a comenzar.
Terminando el recorrido, salí deprisa rumbo a la heladería. Tomé nuevamente un taxi pues había perdido demasiado tiempo en el campus, así que no era una opción regresar caminando al trabajo.
Al llegar, Marshall se veía más emocionado que yo. Me recibió con un delicioso helado con salsa de chocolate y chantilly, mientras nos sentábamos a contarle los detalles de mi visita a la universidad.
—¿Sabes? Es más de lo que esperaba Marshall, es un lugar hermoso, espero vivir buenas cosas allí.
—Desde que lo desees así será, ¿cuándo empiezas a estudiar?
—La otra semana, debo esperar la confirmación.
—¿Seguirás trabajando?
—Si tú me lo permites claro que sí.
—Por mí no hay problema. Sólo tendríamos que hacer unos pequeños ajustes al horario para que puedas hacer ambas cosas.
—Gracias Marshall. Tan pronto tenga mi horario, te lo hago saber para que hagamos los cambios necesarios, ¿te parece?
—Me parece Kris, ahora, termina tu helado y te pones a trabajar.
Me dispuse a trabajar de nuevo, y en cierto momento de la tarde pude ver al tipo forastero rondando, esta vez un poco más cerca de los niños, así que lo mantuve entre mi vista.
Luego de llevar alrededor de unos quince minutos observando de cerca a los niños que jugaban, el hombre decidió acercarse y hablar con uno de los pequeños.
En realidad, no sé qué pudo haberle dicho porque enseguida el niño salió corriendo hacia donde sus padres.
El hombre, al ver la reacción del menor, salió corriendo y se retiró del parque. Sin embargo, estaba segura de que en algún momento regresaría.
Con esto, confirmé que el tipo realmente era un peligro para los niños —no imaginaba que pasaba por su retorcida cabeza—, y decidí tomar cartas en el asunto.
Kristen Roberts, atacaría de nuevo —estaba decidido—, sólo debía esperar el momento adecuado para hacerlo y estaba segura de que la heladería sería una buena fachada para llevar a cabo algún plan.
Pensé en mencionarle a Marshall sobre el extraño hombre y sus actitudes, pero me detuve al pensar que esto podría contar como sospecha a la hora de hacer algo en contra suya, así que decidí pasarlo por alto, por el momento.
Continué trabajando sin descanso el resto de la tarde pues cantidad de personas entraban y salían; niños, familias, parejas, personas solas, y demás.
Sin duda, el pronóstico del tiempo había acertado en cuanto a lo caluroso que estaría el día y por fortuna, esto nos trajo muchos clientes, y consigo lógicamente, muchas ganancias.