A la mañana siguiente, desperté con un poco más de motivación y disposición para ir al trabajo pues después de mi primer día, sentía algo más de seguridad para hacer las labores correspondientes en la heladería. Además, con la ayuda de Marshall todo se hacía aún más sencillo.
Seguidamente tomé el teléfono y llamé a mi madre, pues el día anterior no lo hice después de salir de trabajar.
—Mamá, ¿cómo estás?
—¡Hola Kris!, me quedé esperando tu llamada ayer, ¿cómo estuvo tu primer día?
—Sí mamá, lo siento, salí algo cansada y dormí temprano. No fue tan complicado como pensé, ¿sabes?
—¿No lo es? —cuestionó—, ¡mejor aún!
—No mamá, además puedo comer del helado que desee dos veces al día ¡me encanta!
—Delicioso para ti que amas el helado Kris, me alegra escuchar que te fue bien, y ten por seguro que hoy te irá mucho mejor.
—De eso estoy segura madre, gracias por tus deseos.
—Sabes que siempre deseo lo mejor para ti, mi pequeña.
—Y, ¿cómo está Frank? ¿qué me cuentas de nuevo?
—Frank está muy bien, y te extrañamos mucho Kris. Y nuevo, no hay mucho por contar.
—También los extraño mucho.
—¡Ah!, casi lo paso por alto.
—¿Pasar por alto qué cosa mamá? —pregunté.
—Escuché mencionar que abrirán nuevamente la investigación por la muerte de tu compañera Melannie —respondió.
—¿De Melannie? —pregunté con sorpresa—, ¿qué pistas tienen o qué?
—La verdad no sé mucho Kris, creo que sospechan de un tipo, pero no estoy segura.
—Ahh, ya entiendo —respondí un poco nerviosa—. Pues espero que sí puedan encontrar al responsable, avísame cualquier cosa que sepas.
—Claro que sí, en cuanto sepa algo serás la primera en enterarte.
—Dale mamá, yo te llamo después que debo alistarme para ir a trabajar. Dale saludos a Frank y cuídense mucho.
—Cuídate tú también, hablamos pronto. Dale besitos a Babou.
Terminamos la llamada y una sinergía de emociones me abatían. Sentí mucha preocupación al escuchar sobre la reapertura del caso, pero enseguida pasé a la tranquilidad cuando mencionó que el sospechoso era un hombre —aunque sólo era una suposición—.
«Necesito más información, tengo que asegurarme de no estar bajo el radar de la policía» pensé mientras encendía un cigarro para intentar calmar la ansiedad que me generó la conversación con Jane.
¿Saben? yo no podía ser la sospechosa. Cuando cometí el crimen me aseguré de ser lo suficientemente cuidadosa para no dejar algún rastro, pista o testigo. Seguramente, la persona sospechosa era algún tipo que hubiese estado relacionado con Melannie. Ella salía con gente muy extraña y mucho mayor que ella —claramente ellos no eran los culpables—, pero a mí me servían como distracción.
Decidí ocuparme en otros asuntos y tratar de ignorar el tema mientras tenía novedades del asunto. Al fin y al cabo las malas noticias siempre eran las primeras en llegar.
Mientras tanto, Babou presentía que pronto me iría del apartamento hacia el trabajo, así que intentaba llamar mi atención para que jugara con él y le dedicara algo de tiempo antes de dejarlo sólo todo el día.
Jugué con él, le di sus croquetas con leche de desayuno y por último lo conduje hasta un pastizal cercano para que hiciera sus necesidades.
Lo solté y mientras miraba a mi alrededor, me sorprendí al ver que el tipo sospechoso del parque —sí, el morboso —, se encontraba allí cerca, desde muy temprano, observando a todos los pequeños que pasaban por el lugar con rumbo a sus escuelas.
Realmente era desagradable verlo, sus intenciones no parecían para nada puras, ¿qué diablos tienes que estar haciendo vigilando niños todo el día?, claramente el tipo era un enfermo así actuara a lo lejos. Pero esto, pronto iba a terminar... Quizás, sí habían personas indeseables en el vecindario.
Seguí con mi camino, mirando de reojo al sospechoso para detallar sus movimientos, pero a la vez aceleré el paso procurando llegar a tiempo para no tardarme en salir al trabajo.
Regresé al apartamento y rápidamente terminé de alistarme para salir hacia la heladería.
—Babou, tendrás que acostumbrarte a quedarte sólo, perdóname —mencioné mientras atrancaba la puerta que daba a la calle.
Llegué al local y allí, muy puntual se encontraba Marshall esperándome para empezar la jornada laboral.
—Buenos días Kris, ¿lista para empezar hoy? —preguntó enérgicamente.
—Hola Marshall, claro que sí, ¿y tú, listo?
— ¡Por supuesto que sí!, además, el pronóstico del clima dice que hoy será un día más caluroso de lo habitual, esperemos y se refleje en las ventas.
—Genial, esperemos que así sea.
Inmediatamente nos pusimos manos a la obra, aseando en primer lugar la heladería, las afueras de la misma y finalmente abrimos al público, a las 9:00 a.m como de costumbre.
Momentos después, recibí a un grupo de ciclistas que decidieron entrar al local a tomar algo frío para calmar la sed después de un largo recorrido en sus bicicletas, acompañado del exasperante sol que golpeaba la ciudad.
Mientras me disponía a limpiar la mesa de los ciclistas, recibí una llamada de un número que no tenía registrado, así que le pedí permiso a Marshall para contestar.
—¿Es la señorita Kristen Roberts? —preguntó la voz detrás del teléfono.
—Sí, soy yo. ¿Qué ocurre?
—Señorita Kristen, la llamo de parte de la Universidad de Oklahoma City para informarle que su inscripción fue aceptada.
De inmediato, quedé perpleja con la noticia y permanecí en silencio algunos segundos, hasta que la persona retomó:
—¿Hola, se encuentra ahí?
—Sí señor, aquí estoy. Perdón, la emoción del momento me dejó en shock.
—No se preocupe, es entendible.
—Y bien, ¿qué debo hacer ahora y cuándo empezaría clases?
—Excelente pregunta. Por ahora, lo que debes hacer es acercarte a una de nuestras oficinas acá en la Universidad en el transcurso de la tarde, y firmar una documentación para agilizar el proceso de matrícula.
—Perfecto, en un momento paso. Muchas gracias por informarme.
Tan pronto como colgué, corrí a contarle a Marshall la noticia. Creo que fue tal la emoción que vio reflejada en mis ojos y en mi voz mientras le contaba, que no dudó en darme permiso para llevar los documentos necesarios y firmar lo que requería en la Universidad.
En definitiva, parecía un excelente comienzo para mí. Oklahoma, se veía prometedor y estaba dispuesta a sacar el mayor provecho de ello.