Me desperté antes del amanecer, la brisa de la mansión Piamonte acariciando mi rostro, y escuché a Cris moverse en la habitación. Me sonreí por dentro; la felicidad todavía me abrazaba después de todo lo que habíamos pasado. Entonces escuché su voz: —Ámbar… despierta, te tengo una sorpresa —dijo, con ese tono que me derretía. —¿Otra vez tú con tus sorpresas? —le respondí medio dormida, arrastrando los pies hasta donde él estaba—. A ver, ¿qué invento ahora? Me tomó de la mano, y antes de que pudiera reaccionar, una venda cubrió mis ojos. Mis sentidos se agudizaron: el aroma de la mañana, el viento, la emoción… y la risa de Cris que me guiaba con seguridad. —Tranquila, confía en mí —susurró cerca de mi oído, y sentí un escalofrío que me hizo sonrojar—. Vas a alucinar. Avanzamos unos pas

