El sol apenas despuntaba y la luz se colaba por las cortinas de la habitación del hotel. El sonido de cremalleras y maletas llenando el vestíbulo era el telón de fondo de mi mañana. Todos estábamos empacando, con la emoción y la melancolía mezcladas en el aire. Era nuestro último día en el resort, y el ambiente se sentía cargado de despedidas y de recuerdos recién creados. —Ámbar, ¿ya terminaste de doblar todo? —preguntó Carola desde su cama, mientras acomodaba su ropa en la maleta. —Casi… —dije, ajustando el cierre de mi maleta—. No puedo creer que se nos acabó todo tan rápido. Cris estaba al otro lado de la habitación, guardando su ropa de manera meticulosa, y Peyton parecía distraída, hojeando algo en su teléfono mientras movía la cabeza al ritmo de su música mental. Mi paciencia con

