El aeropuerto estaba lleno de gente, pero nuestro jet privado nos esperaba tranquilo, como un santuario solo para nosotros. Cris me tomó la mano mientras caminábamos hacia la puerta de abordaje; su mirada me llenaba de seguridad y calma. Ernesto y Tamara iban a nuestro lado, conversando sobre los detalles del viaje y asegurándose de que todo estuviera perfecto. —Ámbar, amor, ¿estás lista para volver a casa? —preguntó Cris, entrelazando sus dedos con los míos. —Sí, Cris —le respondí con una sonrisa—. Quiero que todo siga como hasta ahora, felices y sin dramas. Los amigos y amigas de ambos también subieron al jet, pero era claro que cada uno regresaría a su casa al final del viaje. Peyton y Carola charlaban con risas, Rodrigo y Carlo bromeaban mientras acomodaban sus cosas. Yo solo podía

