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Venganza a la italiana

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Blurb

Rica Nolton está desesperada, su mejor amiga ha desaparecido sin dejar rastro alguno. Las sospechas de inmediato recaen en su pareja, pero no hay evidencia que respalde su corazonada. La policía no quiere escuchar sus gritos de ayuda, porque sin cuerpo, no hay crimen, entonces, cuando todos los medios han sido agotado, sólo queda una cosa.

Vengarse.

Con ayuda de un amigo de la infancia a quien considera tan cercano como un hermano, traman un plan.

Lorenzo Sicciliani dirige el restaurante de comida italiana heredado por su padre al morir, en paralelo al negocio de apuestas, venta y trafico de partes de coches de lujos, armas, y más. En su mundo oscuro, es un aterrador, despiadado matón que no vacila al momento de apretar el gatillo. Sin embargo, tiene una debilidad.

Rica Nolton.

Y no desaprovechará esta oportunidad para demostrarle lo que significa tenerle como cómplice en el crimen como en su cama.

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CAPITULO 1
Empujó la puerta de cristal entrando al restaurante. Buscó con la mirada alrededor y la encontró sentada en una de las mesas del centro. Con una sonrisa, se dirigió a ella. El lugar estaba repleto como habitual martes en la noche en que se reunían para cenar con unas copas de vino. Cuando llegó a la mesa notó que Stella ya se había ordenado una copa de vino. -Has empezado sin mí.-le tocó el hombro al pasar a la silla de enfrente. –Imperdonable.- bromeó riendo. Dejó el bolso en el suelo y mientras se acomodaba en la silla, su mirada se desvió involuntariamente a la barra donde los meseros se reunían, esperando, escribiendo recibos. Su ojo atrapó a Lorenzo, el dueño del restaurante, dándole órdenes a los meseros. Alto, moreno, con barba incipiente en su mandíbula cuadrada y cabello oscuro suelto y salvajes. Vestía unos pantalones oscuros con una ajustada camiseta negra que se tensaba alrededor de sus musculosos brazos y hombros, estaba abierta a la altura del pecho exponiendo pectorales perfectos y piel canela. La verdadera razón por la que su restaurante era tan popular. El tipo desprendía una belleza peligrosa e indomable que todas las femeninas querían montar. Rápido regresó su atención a Stella que estaba por servirse otra copa de vino. Frunció el ceño. Le agarró la botella de la mano y se la alejó.-Stee, cariño, ¿qué pasa, es tu misión convertirte en borracha esta noche? –dijo con humor enmascarando su preocupación. Stella sacudió la cabeza haciendo que su larga melena de rizos rubios rebotaran a su alrededor.-Tengo sed, es todo.-estiró el brazo para que se la devolviera. No lo hizo. Dejó la botella en la mesa cerca suyo como rehén, y la miró seria.-Stella, ¿Qué sucede?- Stella sacudió la cabeza negando que algo pasara, pero luego lágrimas empezaron bajar por sus mejillas y rompió en llanto. Se cubrió el rostro con manos. Se levantó de inmediato para ir a consolarla.–¿Qué pasa, Stee? –le pasó el brazo alrededor de su espalda. –Dime. Sabes que puedes contarme lo que sea.- Los hombros de Stella temblaban y sacudían, llorando inconsolablemente. Se le rompía el corazón verla de ese modo. No hubo sonido de sus pasos o algo que le delatara en absoluto, pero sintió su presencia aproximándosele, y sabía de inmediato quién era. Le frotó el brazo a Stella susurrándole calmantes palabras. Una masculina mano con venas surcando de lo tan fuerte era, apareció a su lado sosteniendo una caja de pañuelos. Rodó internamente a la manera en que Lorenzo siempre parecía poder anticipar los movimientos o pensamientos de las personas. Era casi sobrenatural. Tiró un par de veces del mechón de papel y se los pasó a Stella. Los tomó con mano temblorosa y se secó las lágrimas. Ella volvió el rostro a Lorenzo transmitiéndole con la mirada gracias y que ya estaba todo bien. Su habitual expresión feroz e inescrutable que hacía temblar a cualquiera, le devolvió la mirada y se dio la media vuelta regresando a trabajar. Era innegable la fuerte imponencia que generaba. Stella se sonó la nariz, y regresó su atención a ella.-¿Mejor?- le preguntó frotándole la espalda. Sacudió la cabeza en un no. -¿Quieres contarme lo que está pasando?- Stella tomó una honda inspiración, llenando de aire sus pulmones y despacio lo soltó. Trabó sus ojos rojos y llorosos en ella antes de que con voz débil dijera:-Creo que hay algo más.- Arrugó el ceño sin entender lo que quiso decir. -¿Algo más?-repitió.- ¿A qué…-Stella la interrumpió:-El merlot.- De nuevo estaba sin poder comprenderla. Parecía que hablaba en acertijos. Se mordió el interior del labio sintiendo las piernas acalambradas de tanto estar agachada a su lado, pero lo ignoró.- ¿El “merlot”?- Stella asintió. –No es el mío el que lleva en sus labios. Es más colorado.- -Vale, espera, no comprendo nada…- -Y las cuentas tampoco cierran…-continuó Stella, pero rápido ella le interrumpió:- Espera, frena, no te sigo, cariño, ¿por qué no empiezas por el principio?- Stella se tomó otra profunda inspiración. -Desde hace un tiempo he tenido esta…-se llevó la mano al estómago. -sensación rara, desagradable de que está con alguien más.- En menos de un segundo, su mente ató cabos. -¿Dave?- Stella asintió.- ¿Crees que Dave te está engañando?- Stella volvió a asentir con la cabeza. -Hace varias semanas que viene llegando bien tarde a la casa. Él dice que es por trabajo, pero no se lo ve sucio ni traspirado. Ya sabes como es en la siderúrgica.- Asintió con la cabeza. Dave trabajaba en una fundidora de metal en Hartfield, por eso no era raro verle sucio y desaliñado. - Pero, eso no significa que él…-Stella le interrumpió de nuevo:-Huelo perfume. En su ropa. Y encontré rastro de labial rojo en su camiseta.- Eso la dejo sin palabras. Stella continuó:-Y en nuestras cuentas conjuntas hay enormes gastos, compras de joyería que yo jamás vi.- Abrió la boca intentando decir algo como “no, estoy segura de que no es lo que piensas” pero, era no había modo, la evidencia estaba más que clara. Aun así, le era difícil creer que alguien como Dave, siempre tan sonriente, amable y predispuesto a darte una mano cuando sea que lo necesitarás y que conocía desde los cinco años que ellos empezaron a salir, hiciera algo como esto. Por el otro lado, no quitaba que la creyera. Stella no era la clase de novia celosa que alzaría dedos con tal de llamar la atención. Si ella vio las señales era porque allí estaban. -¿Se lo has preguntado?- Stella negó con la cabeza.-Aun no. Pero lo voy a hacer.-su voz salió con determinación. Se le quedó mirando pensativa, intentando procesarlo todo, su mente rápidamente intentando analizar cada comportamiento de Dave en los recuerdos de momentos, cosas o actitudes, y ver si había algo que no vieron, que pasaran por alto. Pero, luego de pensar, nada saltaba. Suspiró. Se puso de pie, haciendo caso omiso al crujido doloroso de sus rodillas, y la abrazó por encima de su espalda, mejilla con mejilla.-Vale, todo estará bien, amiga, se resolverá, ya verás. No te preocupes. – Era lo único que se le ocurría decir. Stella sorbió por la nariz, dejando caer su cabeza contra la suya. –Gracias.- Al cabo de un momento, le palmeó suavemente el brazo.–Voy a arreglarme el maquillaje.- La soltó y se levantó de su silla tomando su cartera del respaldo. Soltando otro suspiró la observó dirigirse al tocador. Se pasó una mano por la frente apartándose sus largos mechones rojizos de la cara. Regresó a su asiento, angustiada. Oyó su celular sonando en la cartera y exhalando con cansancio, se dobló para agarrarla. Cuando se incorporó, había alguien parado junto a la mesa.-¡Carajo!-chilló llevándose una mano al pecho. -¡Lorenzo! ¡¿Eres un maldito fantasma o qué?!- Él estaba de pie con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, el rostro mirando hacia donde se había ido Stella. -¿Qué le pasa a Stella?-preguntó ignorando el susto de muerte que le había dado. Abrió el cierre de su cartera y buscó el celular.-Drama de mujeres. Tú no lo comprenderías.- Lo encontró y rápidamente deslizó el patrón para bloquear la pantalla. Vio tres llamadas perdidas de la oficina. Gruñó por lo bajo. -¿Necesitas tampones?- la voz grave de Lorenzo llegó a sus oídos.- Porque aquí las chicas tienen. Siempre suelen ponerse emocionales cuando están en la regla y nosotros debemos usar cascos.- Rechinó los dientes, ahora no sólo fastidiada por el trabajo sino por él. Alzó la mirada a su rostro, cosa que era como alzar la vista a una montaña de lo tan alto que era. E imponente con su gran cuerpo y expresión mortal. Le impartiría temor si no fuera que le conocía toda su vida, desde que ella tenía 8 y él, 9. Sus padres se convirtieron en mejores amigos, cuando su papá descubrió el restaurante del papá de Lorenzo, el Señor Mario, como siempre le llamó ella cariñosamente, y quedó encantado con su cocina italiana. Desde entonces habían sido como hermanos. -Sí, Lorenzo, porque tú sabes un montón de mujeres, ¿verdad?- Él le torció una media sonrisa.-Pues…- -Agh, ahórrame los detalles macabros, ¿quieres? –le sacudió la mano.- Vete, tengo que revisar mi teléfono.- Terminó de mensajear y llamar a Harry, su compañero y solucionar el pequeño lío que había hecho. Trabajaba en una oficina de asesoramiento financiero. Ganaba bien y no era de grandes lujos así que tenía bastante ahorrado para que en poco pudiera cumplir su sueño de comprarse su propia casa y no tener que pagar alquiler nunca más. Luego de eso, le faltaría encontrarse un buen hombre. Stella regresó del baño. Estaba más compuesta. Llenó sus copas de vinos y alzó la suya para un brindis.-Por las amistades. Que nunca fallan y nunca engañan.- Stella rió, pero su mirada seguía muy triste.-Brindo por ti, hermana.-chocó su copa y bebieron. Luego de eso, no volvieron a tocar el tema de Dave o su posible infidelidad, no porque no estuviera en extremo curiosa por indagar más, sino porque sabía que Stella necesitaba desembarazarse del tema aunque sea por un momento. Podía imaginarse que su mente habría estado en ese tormentoso viaje desde que empezó a sospechar y no habría parado ni hasta que se despidieron en la puerta del taxi para irse a sus casas. Un taladrante sonido intentaba atravesar su cabeza. Abrió los ojos y quedó cegada por la luz de sol. Gimió a sus retinas quemadas. Ese penetrante ruido no cesaba. Estiró el brazo a la mesa de noche donde su teléfono sonaba sin parar.-¡Agh, maldito!-deslizó el botón apagando la alarma del despertador, y se volvió en la cama dándole la espalda. Se volvió a dormir. Al poco rato, se incorporó abruptamente con el corazón acelerado.-¡Rayos!- Apartó las sabanas a las patadas y se levantó de un salto. Tomó el celular y miró la hora. Maldijo de nuevo. Eran pasadas las nueve y llegaba requeté tarde al trabajo. Las copas de la pasada anoche no la habían emborrachado pero cerca. Abrió el armario, y tomó una falda y blusa antes de correr al baño para una veloz ducha. Salió de su departamento a los trompicones mientras terminaba de ponerse los tacones. El celular en su cartera empezó a sonar. De seguro era Harry dándole aviso de que la iban a regañar. Nunca había llegado tarde desde que pasó de ser una limpia suelos a una empleada temporaria a donde ahora estaba como asistente financiero, y estaba segura de que Donovan, su jefe, adoraría señalarle la falta. Atendió diciendo:-¡Estoy de camino!- -Woa, ¿así te despiertas en las mañanas?-era la fastidiosa voz de Lorenzo. -¡¿Qué rayos haces llamándome?!-gruñó a los gritos. Terminó de bajar la escalera, era un bloque de tres pisos sin ascensor con escalera de material al exterior. Balanceó el brazo para que algún taxi se detuviera. Mal momento para que su coche estuviera en el garaje esperando ser reparado el carburador. -Si sigues así, jamás encontrarás pareja y como buen amigo que soy…- - ¡¿Quieres tragarte mi puño, imbécil?-escuchaba su risa al otro lado del teléfono.- Entonces, te sugiero que cierres esa enorme bocota que tienes y me dejes en paz.- -Me preocupo por ti, sole mio*.-dijo en italiano llamándole de esa manera como cuando eran niños sólo para fastidiarle más. -Adiós.-alejó el teléfono para colgar. -Su coche aún sigue aquí.- Se detuvo. -¿Qué?- -Stella no ha pasado a recoger su coche y te lo recuerdo para que se lo digas.- -Llámala tú. –vio un taxi con el cartel de “libre” y sacudió con fuerza el brazo llamando su atención. El coche se arrimó a ella. - Mira, llego tarde al trabajo.- -Lo hice pero no me contesta.- Abrió la puerta y subió. Le dio la dirección al taxista y volvió con Lorenzo. -Vale, yo se lo diré. Adiós.- -Espera, tengo algo más para decirte.- Exhaló, apretándose el puente de la nariz.-Vale, ¿Qué?- -¿De qué color son tus bragas para el trabajo?- Colgó sin más. Apretaba tan fuerte los dientes que crujían. El corazón palpitándole fuerte y acelerado. “Imbécil” *Sol mío. Eran pasadas las 6.30 cuando salió del trabajo. Había estado mensajeándose con Stella y le había pedido que recogiera su coche del restaurante porque ella no se sentía bien para hacerlo. Lo que no le sorprendió por como había estado bebiendo y todo lo de Dave. Esperaba que pudiera reponerse de esto. Stella era fuerte pero muy sensible. Cuando amaba, lo hacía con todo su corazón, y cuando conoció a Dave fue como si se encontrara con su alma gemela, por eso le era difícil asimilar la idea de que él, quien adoraba el piso que Stella caminaba, le engañase. Debía haber algo más, quizás le iba a proponer matrimonio y por eso actuaba de ese modo extraño. Pero, por el otro lado, no explicaba el asunto del labial y el perfume. Suspiró. No sabía, sinceramente, no sabía. Tomó un taxi hasta el restaurante y vio el Prius plateado de ella, aparcado. Pagó al taxi y se bajó caminando directo al coche. Stella le había dicho que había una llave de repuesto en la guantera y que lo había dejado sin traba, muy conveniente para ese momento, pero totalmente imprudente. Se sentó en el asiento de conductor y se inclinó abriendo la guantera. Tal como dijo, allí estaban las llaves. Puso en marcha el motor y condujo hasta su casa. Stella y Dave se habían mudado juntos haces unos 3 años. Vivían en una casa residencial muy bonita, en un barrio familiar, agradable, sin necesidad de cámaras de tránsito o vigilancia, donde podías criar a tus niños lejos de la inseguridad y ajetreo de la ciudad. Aparcó de frente al garaje y antes de que abriera la puerta, Stella salió de la casa. Era un desastre. Sus rizos rubios despeinados, no se había quitado el maquillaje, y llevaba una bata encima de la ropa de anoche. Se dirigió a ella y la abrazó.-¿Ni siquiera te has bañado?- Stella gimió.-No puedo. He intentado ser fuerte, pero…-apretó los labios. - no puedo. Anoche regresó mucho más tarde que yo y olía…-sus labios temblaron.- olía a…-un sollozo la sacudió. - ¡A sexo!- se cubrió el rostro con las manos, llorando. -No…-le frotó la espalda. - Estoy segura de que no es así. Bebimos mucho anoche y está jugando con tu mente.- Stella sacudió la cabeza.- Vale, haremos esto. Te darás una ducha, cambiarás a unas ropas limpias y comeremos algo mientras pensamos estrategias para averiguar qué rayos está pasándole, ¿de acuerdo?- Stella asintió débilmente, y entraron a la casa. Estaban en el comedor. Stella se terminaba una empanada china de la tonelada de comida que había ordenado para que comiera algo, aunque muy poco tocó. Mientras, ella hacia un poco de trabajo de espía revisando la cuenta de f*******: de Dave que se había dejado abierta en la laptop, y a su i********:. La esperanza era encontrar comentarios o mensajes sugerentes por parte de mujeres. Pero era en vano, sólo había fotos de ellos en pareja. Lo normal. -Quizás lo estoy imaginando.-la voz baja y débil de Stella le hizo apartar la vista de la pantalla. Sus dedos jugueteaban con el repulgue de la empanada. Se recostó en el respaldar de su silla cruzándose de brazos. -No lo sé. Quisiera decirte que sí o que no, pero no hemos encontrado nada que respalde nuestras sospechas.-hizo una pausa mirándola con cuidado por lo que iba a decir a continuación: - Y, no me parece justo acusarle cuando en realidad no hemos visto nada por lo que en verdad acusarle.- rápidamente agregó: -No niego la existencia del labial y el perfume en su ropa pero aun así…-se mordió el labio.-eso podría significar cualquier otra cosa. Quizás se ensució la camisa y un compañero se la prestó y la marca es del labial de su novia.- -¿Y, anoche…?- Suspiró.-No lo sé, no tengo respuesta a eso. Creo que tienes razón. Deben hablar, dejar sobre la mesa las dudas y aclararlo todo.-estiró el brazo alcanzando su mano.-Estoy segura de que todo tiene una explicación sencilla y de la que nos reiremos.- la sombra de una sonrisa curvó los labios de Stella.-¿Quieres que me quede?- Stella sacudió la cabeza y le dio un apretón a sus manos unidas.-Te lo agradezco, pero esta es una conversación que prefiero tenerla con él solo. Si son juegos de mi mente, no quiero que sepa que conté mis dudas y temores a otras personas, y se sienta avergonzado. ¿Entiendes?- Le devolvió el apretón con una suave sonrisa.-Por supuesto.- Se despidieron en el umbral de su casa con un fuerte abrazo, y subió al Uber que le esperaba. Era viernes en la noche y estaba en el club tomando unas copas con sus compañeras de trabajo. Revisó por centésima vez el celular y seguía sin haber contestación de Stella. Desde ese miércoles que tuvieron la charla se habían estado mensajeando y Stella le había dicho que todo estaba todo bien con Dave pero no se adentró en detalles de cómo fue la conversación, cosa que le intrigó aún más, pero no se vio capaz de entrometerse. Stella le contaría cuando se sintiera que pudiera hacerlo. Pero las respuestas de sus mensajes se habían vuelto cada vez más cortas y esporádicas, Stee:“Todo bien, nos vemos la próxima.” Yo: “¿Segura de que todo está bien? ¿Quieres que vaya?” Nada. No hubo respuesta. …y desde hoy a la mañana que le había escrito invitándola a unirse a ellas, porque pensaba que le podría venir bien salir de la casa, no había tenido respuesta. 6.45 pm “¿Estás en casa? Deberías salir. Ven conmigo, estoy en el club con amigas.” Nada. 7.15 pm “Stee, ¿estás bien?” Nada de nuevo. 8.05 pm “No quiero ser insistente pero ¿estás bien? ¿Por qué no contestas?” 8.25 pm “Dame una señal y voy ahora mismo.” Y, eso le extrañaba. Stella era adicta al teléfono. Podía perder un brazo pero no el teléfono. No quería decir que estaba preocupada, pero…sí, lo estaba. Era sábado cuando hubo un cese completo de contestación por parte de Stella a través de cualquier medio. Mensajes, llamadas, f*******:, i********:, no había modo de contactarla. Lo que hacía que su preocupación creciera más y más. Temía que quizás no hubiera sido del todo honesta en sus mensajes y en realidad las cosas no hubieran salido bien, quizás Dave sí la había engañado y se sentía avergonzada, o quizás, no lo había hecho pero igualmente, ella se sentía mal respecto de acusarle de ser infiel. Por lo que decidió ir personalmente y ver qué pasaba. Pasó a buscar su coche ya reparado del garaje, y fue directo hasta allí. Había parado de llover, pero el cielo se mantenía oscuro y tormentoso alegando continuar. Las farolas de las calles eran las únicas que proveían una escasa luz. No había nadie fuera, todos adentro disfrutando del clima con palomitas y una buena película. A medida que fue arribando a la casa, empezó a tener una mala sensación en las tripas. No sabía de qué o por qué, pero la sentía como un puñal retorciéndose. Apagó el motor y se bajó. Tomó una honda inspiración antes de encaminarse a la puerta. Al pasar junto a la entrada del garaje, notó que el coche Nissan Versa de Dave estaba, por lo que asumió que él debía estar en casa. Sin embargo, otra cosa también le llamó la atención. Se detuvo delante del vehículo mirando al parachoques. El día era innegablemente asqueroso, lodoso, hojas caídas de los arboles creaban una capa molesta en las llantas, capó y parachoques de cualquier vehículo. Sin embargo, no el de Dave. Estaba completamente limpio, reluciente, a decir verdad, como si fuese…nuevo. Frunció el ceño estudiándolo con más detenimiento. Las ruedas… también parecían nuevas. Las bandas no estaban desgatadas como sería normal de esperarse con el uso habitual. ¿Se había comprado un coche nuevo? No recordaba que Stella mencionara algo de eso. Entonces, ¿conservó el mismo coche pero se cambió las llantas y el parachoques? Raro. Sin embargo, dejó a un lado esos pensamientos y tocó timbre a la casa. Hubo una espera de varios minutos hasta que se abrió con Dave saludándole con expresión triste.-Hola, Rica, ¿cómo has estado? ¿Qué te trae por aquí?- -Vengo a ver a Stella. ¿Ella está aquí?-preguntó dando un paso hacia dentro, pero Dave se puso delante, encorvado y con las manos en los bolsillo, impidiéndole avanzar. Le miró raro. -Mira, no sé cómo decirte esto, pero…-exhaló pasándose una mano por el pelo castaño. En su muñeca resaltó su reloj pulsera que Stella siempre le regañó por comprar algo que equivalía a un pago de la hipoteca. -Pero, ¿qué?-demandó saber, la impaciencia empezando a roerle. Dave suspiró haciendo una pausa que la mataba.- Stella me ha dejado.- Hubo un silencio tras sus palabras. No tenía ningún sentido. Stella no haría tal cosa. Además se estuvieron mensajeando, lo habría mencionado de planear hacer algo así, le habría preguntado de quedarse en su casa si necesitaba distanciarse de Dave, de su relación, o lo que sea. No tenía lógica lo que decía.-Dave, ¿qué dices? Stella no te ha dejado.- -Rica, sé que para ti es difícil de creer porque era tu amiga…- Arqueó las cejas.- ¿Era? Dirás “es”, Dave.-le salió la voz enfadada.-Vamos, Dave, ¿qué rayos está pasando?-esperó por una respuesta pero él tan sólo se le quedó mirando con esa cara de perro apaleado. -¡Vale, cómo sea! Déjame pasar.-intentó empujarse por su costado, pero él la agarró de ambos brazos con una fuerza que le hizo doler. Su rostro se había arrugado muy enfadado, cosa que jamás le había visto ponerse, pero rápidamente la limpió, volviendo a su emoción triste y desamparada. La apretó contra su pecho en un abrazo que le resultó incomodo e inapropiado.-Lo lamento, Rica, pero lo hizo, se ha ido, -sollozó en su hombro.- dijo que necesitaba tiempo, que regresaría cuando sintiera que pudiera, pero honestamente…- Ella se hizo para atrás, poniendo espacio de nuevo entre ellos y no había ni una lágrima en su cara. -¿Qué?- Dave la miró con ojos vidriosos.-Creo que se ha ido con otro.- Arrugó el ceño. Imposible. No había manera de que nada de lo que estuviera diciendo fuera cierto. Lo peor era que no comprendía por qué él actuaba así. - Dave, ¿por qué dices eso…-él la interrumpió:-Me ha dejado una carta. Mira.-sacó del bolsillo trasero un papel doblado en tres y se lo tendió. Lo desplegó y leyó. “Querido Dave, lamento mucho hacerte pasar por esto, has sido el amor de mi vida por largos años, pero ya no puedo continuar fingiendo. Amo a otra persona. Él me hace feliz. Lo lamento. Adiós, Stella.” Estaba entre la perplejidad y el asombro. Releyó de nuevo la carta, buscando algo que le hiciera dudar de su autenticidad, pero era la letra de Stella. ¿Ella escribió esta carta? No tenía sentido. Jamás le mencionó que hubiera conocido a alguien. Todas las sospechas siempre fueron sobre él, no del revés. -No puedo creerlo.-dijo en estado atónito. -Lo sé, yo tampoco y duele…-dijo Dave llevándose la mano al corazón, la cabeza caída, sus hombros temblando en un sollozo. -Jamás pensé que Stella fuera capaz de engañarme…-se secó una lágrima que no le vio derramar.- pero, lo ha dejado claro aquí…-señaló la carta que ella aún sostenía. -Vale, dame un segundo para pensar.- se pasó la mano por la frente apartándose el cabello de la cara.- ¿Estás seguro de que la escribió ella?- -Por supuesto.-dijo, y le dio una mirada que no cuestionaba su palabra. -Reconozco su letra.- Se mordió el labio, pensando más duro. -¿Se ha llevado algunas de sus cosas? ¿Su documentación, pasaporte, ropa, sus cosas favoritas?- -Se ha llevado todo lo suyo, Rica, sólo quedo yo. Y, quisiera tener tiempo a solas para poder procesar esto…- Le ignoró y cortó con un: - ¿Has ido a la policía?- Dave frunció el ceño. - ¿A la policía? ¿Para qué? Se fue.- -No me lo creo, Dave. Algo ha pasado. Algo le ha pasado. Quizás la secuestraron.- Dave resopló una risa.-Rica, no seas tonta. No ha sido secuestrada, simplemente se hartó de mí y nuestra vida, y me dejó. Ahora, si me disculpas, tengo que recoger los pedazos rotos de mi corazón.- Retrocedió para dentro de la casa cerrándole la puerta en la cara. Ella se quedó estupefacta, totalmente incrédula al actuar irrazonable de él. Alzó el puño para golpear la puerta, pero se detuvo. Algo olía mal, muy mal y en su interior temía descubrir la procedencia.

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