Sophia Scott
El fuerte golpe de una bofetada invadió todo el salón en la residencia Scott. Instintivamente Sophia Scott agarró la falda de su vestido floreado. Apretó sus manos con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos.
—!paft!
El estruendo de otra bofetada volvió a resonar.
—¡Criatura desvergonzada!— Gritó fervientemente Katherine Benet.
La rabia se irradiaba por sus ojos color jade, provocando que se oscurecieran de la ira.
Katherine era una belleza pelirroja, su cabello hasta los hombros y sutilmente decorado, se ondeaba con cada movimiento por el salón.
La mujer, colocó sus manos en la cintura y con la punta de su dedo señaló a su hermana, Amelia Scott.
—!¿ Es así como educas a tu hija?!—grito con despotismo hacia la mujer tras ella.
Amelia Scott, mostró preocupación en sus ojos al ver el cuerpo temblar de Sophia. Ella deseaba detener a su hermana, pero su cuerpo se mantuvo congelado.
En el salón, Zacary Scott se mantuvo en completo silencio. Sentado cómodamente en el sillón color caqui. El mantenía su presencia tranquila y sin cambios. Como el agua mansa.
Los gritos de su cuñada detrás de él, parecían no importarle. Amelia miro con disimuló a su marido, su actitud calmada le parecía aterradora.
Él levantó lentamente su taza de café y continúo bebiendo satisfactoriamente. Sin importarle lo más mínimo los reproches lanzados a su hija y esposa.
Frente a él se encontraban Isabella Scott y Héctor Ashford , su belleza como pareja contrastaba muy bien con el lugar. Parecían una pareja regia, creada en el mismo cielo.
Después de varios segundos, bajo su taza y soltó un suspiro de cansancio.
—¡Katherine! Es suficiente. ¡Piensa en el señor Ashford e Isabella!— Dijo Zacary con cierto descontento.
Amelia giro su rostro ligeramente pálido y miró a las dos personas junto a su marido. En verdad hacían muy buena pareja. La joven belleza Isabella Scott destacaba con su dulzura e inocencia. En la familia Scott era la primogénita y la más adecuada para liderar el grupo ZAIS. Conocida por ser un prodigio académico y haber sido aceptada en una prestigiosa universidad en el extranjero, era sin duda una mujer única. A su tierna edad de diecinueve años ya poseía todo en la vida. Incluyendo un futuro marido espectacular, no solo por apariencia, sino también por estatus.
Katherine suspiro con pesar y miro con ternura a Isabella
—¡Cariño! ¡Lo siento mucho! Tu hermana…
Antes de que pudiera continuar con su disculpa Isabella la interrumpió.
— ¡Lo se! Se que no es tu intención montar este espectáculo, sobre todo, hoy.— Aunque las palabras de Isabella sonaban inocentes y consideradas, tenían amargura en cada una de ellas.
—Es solo, que Sophia . Bueno.— antes de poder continuar hablando giro su mirada al hombre a su lado.
Héctor Ashford, vestía un hermoso traje gris perla, tenía una apariencia majestuosa. Sus facciones apretadas por el disgustó, lo hacían lucir más masculino. Su mandíbula apretada y sus pobladas cejas dobladas, eran como un elixir excitante. Incluso sus labios doblados hacia abajo, eran tentadores.
El único hijo de la familia Ashford y heredero, a sus veintitrés años ya poseía el asiento presidencial de la compañía de su familia. Además del control sobre todo Windsor.
—‘ ¿ Podría existir un hombre más perfecto?’— se preguntó Isabella en su interior mientras lo observaba. Un brillo obsesivo se deslumbro en sus ojos, sin ser percibido.
Después de su aturdimiento, aclaro su mente y suavizó su voz. Ella intentaba mostrarse tímida y un poco avergonzada sobre lo sucedido. Una perfecta dama angelical.
Sabía que si se mostraba débil, Héctor la protegería como siempre. Toda su voz tenía que hacerla parecer mediocre e inofensiva. Como un pequeño animalito siendo intimidado.
—¡Tía Kathy! Se que estás enfadada ... pero es suficiente!— Dijo Isabella mientras apretaba una mano en su falda blanca y la otra descansaba sobre Héctor.
—Se que mi hermana … bueno .. lo hizo sin pensar .. así que olvidemos .. ¿De acuerdo?— dijo Isabella con una voz rota por momentos. Como si el llanto se hiciera presente en cualquier momento.
Amelia vio el espectáculo y le pareció escalofriante. Había visto una actuación igual en su juventud, nunca imagino que su propia hija, Isabella, atacaría a su hermana de esa forma.
Los ojos de Amelia volvieron a posarse con tristeza sobre Sophia. Deseaba poder consolarla, pero ¿Acaso tenía ese derecho?
Amelia Scott era solo una mujer decorativa, una invitada temporal en esa gran mansión.
La frustración hizo que Amelia apretará su vestido azul. Sus delicadas manos marcaron venas azules, por la fuerza que ejercía. —‘¿Cuánto más debería soportar?’— pensó Amelia con dolor.
Ya había conseguido salir del infierno, pero ahora había sido llevada nuevamente a la residencia Scott. Su dolor de cabeza se volvía intenso contra más insultos oía, contra más golpes resonaban. Era como revivir una vieja pesadilla.
Sus delicados ojos color jade brillaron y se posaron sobre el tierno cuerpo de Sophia, esa tierna niña que una vez le sonrió y la llamo mamá.
En el salón, Héctor apretó la mano de Isabella, mientras la sentía temblar. Como si eso le influyera la fuerza de su apoyo. Ante los ojos de Hector, Isabella era una chica que había sufrido mucho. Siempre siendo comparada con su hermana , solo por el simple hecho de tener su mismo rostro.
Él había visto innumerables veces, como Isabella había deseado no nacer, eso le hería el corazón.
—! Papá! ¡ Yo no fui, estuve todo el tiempo con Héctor en la escuela! Cómo podría yo estar en un club jugando—las lágrimas y súplicas de Isabella para que la creyeran habían hecho hincapié en su memoria. Ese día comprobó como Sophia usaba a su hermana de tapadera y se escapaba, como alguien podía perjudicar así a su propia sangre. No lo entendía.
Desde pequeños le hizo la promesa de que la protegería, y que ante sus ojos sería la única, sin importar nada. Pero, ahora Sophia había intentado interponerse en su amor, ¿Cómo podría él perdonar eso? Aunque aún le parecía extraño el comportamiento de la silenciosa Sophia, no podía perdonarla.