Acto final

1072 Words
Al recordar cómo Sophia siempre mantenía silencio y nunca aclaraba los sucesos, Héctor se enfureció más aún. —¡No! —gritó Héctor. El cuerpo de Isabella sobresalto. —‘¿Qué? ‘ —‘¿Acaso le creyó a Sophia?’ —‘¿ No? ¡eso no puede ser!’ Muchos pensamientos azotaron a Isabella y por un instante se puso nerviosa. Pero antes de que pudiera angustiarse la voz de Héctor volvió a surgir. — ¿¡Si la perdonas ahora ... que será lo siguiente!? —Héctor... yo... Fueron pocas palabras que surgieron de Isabella. Ella se asustó innecesariamente. Cuando cobro el sentido, volvió a su farsa de damisela débil y dócil. —¡Isa! ¡Amas a tu hermana sobre todo! ¿¡Pero alguna vez has pensado en si ella te ama a ti!?— las palabras de Héctor eran duras y al mismo tiempo amorosas. Él quería hacer entender a Isabella que no importaba como tratará a su hermana ella siempre la odiaría. De repente una carcajada invadió el salón. Haciendo que todos se girarán instintivamente hacia el origen de la misma. —¡De verdad que puedes llegar a ser estúpido! ¡Nunca imaginé que fueras tan tonto! ¡jajaja!—estalló una carcajada intensa de la boca de Sophia. La risa de Sophia era tan clara. Parecía que había perdido la cordura. En ese momento entro en el salón, la ama de llaves, Glen. Llevaba una tetera de cobre muy antigua. Pertenecía a un juego de té muy antiguo. La familia Scott solo la sacaba en momentos muy especiales, es decir solo cuando Héctor Ashford los visitaba. Era una reliquia usada para realizar té, su sabor era exquisito. Por eso muchos invitados deseaban probarlo aunque fuera una sola vez. Por el rabillo del ojo, vio que Glen se colocaba detrás de su madre. Contó los pasos y en su mente susurró. — ¡Más, más, más cerca!— estaba decidida a acabar con su sufrimiento de una vez por todas. Cuanto los pasos se detuvieron aún brazo de distancia de Amelia, el acto final estaba por concluir. —¿¡Quieres saber quién le quitó la virginidad a tu adorada Isa!?— Dijo Sophia con una voz burlona. Todos la miraron nuevamente y apretaron sus ojos con rabia. —‘¡Bien! ¡Las piezas ya están colocadas! ‘—dijo ella en su cabeza. —‘ Es hora de despedirme de estos demonios’ Tomo aire y grito con su último aliento. —! ¡Fue Sebastián Ashford, tú tío Sebastián! Ahora el rostro de Sophia era plenamente visible para todos. Ella se veía horrible. Sus mejillas estaban tan hinchadas que habían cambiado a un verde oscuro. Ahora se veían completamente sus ojos verdes cubiertos por un flequillo desarreglado. Su labios color melocotón estaban cubiertos por su sangre, y lo que parecían marcas de palmas en su rostro. Héctor nunca la había mirado a la cara, dado que su apariencia siempre era confundida con Isabella. Él se rehusaba a verla. Aunque a veces, sus ojos buscaban verla fugazmente. Siempre pensó que los ojos verdes de Isabella brillaban, pero verlos en Sophia despertó en él algo tan intenso, que no podía explicarlo. —‘¿De verdad no hay nada que las diferencie?’—Proclamó él en sus pensamientos. —‘¡No! ¡Isa es diferente! ¡No hay nadie como ella!’ —grito en su interior, con desesperación. Aunque vaciló por unos instantes, solo miro a Sophia como una copia barata, no debía compararlas. Ellas eran diferentes. Había sangre en los labios de Sophia pero a nadie pareció importarle, tampoco el hecho de que su cuerpo estaba a punto de presentar un gran hematoma en su espalda. Sophia miro a su madre y con ojos llenos de rabia le dijo. —¡M-Mamá! Amelia miro a su hija con dolor, no podía creer el aspecto que tenía, quería correr hacia ella, pero el peso de ser la señora Scott se lo impedía. Pero no esperaba que su simple silencio o falta de valor, hubieran herido tan profundamente a su hija. Tanto que sus siguientes palabras rompieron el último hilo de cordura de su madre. —¡Después se acostó con James Volkova! ¡Dijo que nunca había probado a un hombre tan intenso en la cama! Los ojos de Amelia se pusieron blancos y sus venas cubrieron toda su frente. La rabia nublo su juicio y su cuerpo actuó sin pensar. Agarró la tetera de cobre y no sintió el calor que emanaba de ella. La furia era tanta que arrojo todo hacía Sophia, para silenciarla. El miedo a que alguien descubriera su secreto la inundó y su enfermedad nublo su juicio. —! Ahhh! El grito de dolor se oyó por toda la mansión. Los ojos de Héctor e Isabella se tensaron en ese momento. Incluso Zacary se puso pálido del asombro. Sophia se retorcía de dolor y sus gritos eran desgarradores. La tetera contenía agua hirviendo cuando fue lanzada hacia ella. Ahora su acto había terminado y el telón por fin podría cerrarse. Su obra había concluido. La mano de Amelia tembló y soltó la tetera rápidamente cuando vio a su hija pequeña colapsar. —¿! S-Sophia!?— Dijo con miedo. Nadie sabía de la condición de Amelia, era un secreto que Zacary había mantenido oculto. El embarazo gemelar había traído consigo una gran depresión a la madre, ya de pequeñas, Amelia había intentado herirlas. Diciendo que es por su bien, para protegerlas. —! Así, padre no las dañará!—grito cuando fue encontrada en el acto, a punto de ahogarlas con una almohada. Tras varios años de ausencia, Amelia volvió a cumplir como su rol de madre y señora Scott. Pero sus nervios eran volubles, a ratos podía reír o llorar, enfadarse o frustrarse con facilidad. Era un humor caótico. Amelia, nunca espero oír algo tan horrible de la boca de Sophia. Pero tampoco espero, perder la cordura. Verla gritar y retorcerse fue una pesadilla. La piel de Sophia, sensible ya de por si, había sido destrozada. Parte del rostro de Sofía junto a su cuello y una parte de su hombro fueron destrozados. Toda la piel visible estaba roja, su vestido soltaba vapor por la intensidad del calor. Aunque Sophia quería ver cómo su obra estaba acabada, su conciencia se desvaneció a causa del dolor que había soportado.
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