Noelia dejó el plato frente a él y se sentó con cuidado. Su mano reposó sobre su abdomen aún plano, aunque sus pechos sensibles y el leve mareo matutino le recordaban cada día que el bebé estaba ahí. —Quizás dinero —murmuró ella—. Naomi siempre fue ambiciosa. —Y Matteo aún más —añadió Nicolás, bebiendo un sorbo—. Pero no me cuadra algo, Noelia… Si Naomi quería tanto mi apellido, ¿por qué no se presentó el día de la boda? ¿Qué cambió para que ahora sí quiera casarse conmigo? Antes de que ella pudiera responder, la puerta de la cabaña se abrió de golpe. Ambos se sobresaltaron al ver a Andrea de pie en el umbral, con la respiración agitada y el rostro serio. —Yo sé los motivos —dijo con voz firme, clavando los ojos en Nicolás. Andrea avanzó unos pasos dentro de la cabaña, sin quitarle l

