Confundiendo al enemigo.

1632 Words

El reloj marcaba las once de la mañana cuando la pantalla del móvil de Nicolás vibró discretamente sobre su escritorio. Era un mensaje encriptado, de uno de los empleados leales que aún conservaba dentro del círculo empresarial. «Matteo estuvo preguntando sobre su itinerario de viaje. Parece que quiere saber a dónde irá exactamente». Nicolás apretó los dientes y dejó el teléfono boca abajo. No hizo ningún gesto que delatara su molestia. Respiró hondo y se levantó despacio. Caminó hasta la pared de cristal de su oficina, observando el horizonte de la ciudad. No podía cometer errores. No podía darles ni un centímetro más. Presionó el botón del intercomunicador. —Lucía —dijo con voz firme—, consígueme un boleto para Roma, primera clase, para esta misma tarde. Que parezca oficial. Hazlo

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