La madrugada trajo consigo el silencio espeso de un operativo cuidadosamente planeado. Andrea, con una gorra baja y mirada alerta, acompañó a Noelia hasta un auto oscuro estacionado en la parte trasera del edificio. Dos hombres de confianza la esperaban, listos para conducirla a la casa de campo que nadie conocía. Noelia abrazó a Andrea antes de subir. —Gracias, no sé cómo voy a pagarte esto. —No digas eso. Solo protéganse tú y ese bebé —respondió Andrea con un dejo de emoción contenida—. Yo me encargo de distraer a los buitres. Vamos. El vehículo partió en silencio, perdiéndose en la niebla de la madrugada. *** Horas después, Nicolás entró a la clínica donde Naomi estaba internada. Llevaba puesta una camisa sin arrugas, el rostro rasurado, los ojos entrenados para mentir. Debía ha

