Narra Miguel
No pude evitarlo en cuanto la vi me derretí, ahí estaba hermosa como siempre, una mujer bella con esos ojos verdes como los de un gato, siempre fue alta ahora lo estaba más y ese cabello Dios mío en ondas que la hacían lucir mucho más adulta, teníamos 17 años cada uno, y si, como había cambiado no era la niña delgada que conocía, era una mujer con unas caderas increíbles, y entonces mis pies se movieron solos y me llevaron hasta ella, la bese, si, la bese como siempre había querido hacerlo al sentir su respiración junto a la mía sentí como mi mundo se descontrolaba, amor, dolor, culpa… dios había dejado a mi novia en casa para verme con Mariangel.
Pero no pude evitarlo necesitaba verla, me sentía vacío y se que no amaba a mi novia Kendra, siempre mi Mariangel fue mío amore, dios ¿Como haría de ahora en adelante? Definitivamente debía terminar con Kendra no podía seguir engañándola y mucho menos engañándome más… despegue nuestros labios por unos segundos y ella volvió a tomar nuestros labios intensamente, y le seguí el beso, Dios mío como anhelaba sus besos, le mordí el labio inferior varías veces, la oí suspirar, estábamos tan concentrados que perdimos la noción de tiempo y sobre todo del espacio, porque por lo menos a mi se me olvidó que estaba en la cafetería con ella en mis brazos. Oímos que alguien se aclaró la garganta y era el mesero, escuché la risita nerviosa de mi Mariangel y sentí su rostro en mi pecho, escondiéndose apenada y volví en mi. Entonces le dije:
- Discúlpame necesitaba mucho de esto. -Señale nuestros labios. -Ven vamos a sentarnos, todos nos miran, a parte de que nuestro amigo mesero creo que vino a eso a buscarnos ¿No? - voltee y mire al chico y este se sonrojó y asintió, yendo detrás de nosotros, vi los hermosos ojos de Mariangel mirar a todos lados y luego se sonrojó, que bella es, dios sigo enamorado de ella. Ella asintió y tomamos asiento. El chico se volvió a aclarar la garganta y nos pidió disculpas pero que lo habían enviado porque estábamos en toda la entrada del local, y que si deseábamos pedir nuestras órdenes, Mariangel fue la que le respondió que pronto lo llamaríamos porque yo me quede embobado mirándola…
-Miguel…yo… bueno estoy nerviosa no lo puedo evitar. -me sonrió pero tímidamente, siempre la había visto ser tan audaz…pero tímida no sé cómo explicarlo pero ella tenía toda mi atención cuando estábamos cerca. - Le pregunté:
-¿Quieres un café? ¿Un refresco? O puedo seguir besándote, no me importaría hacerlo de nuevo. - Sonreí al ver su sonrojo, dios que linda es, esos ojos verdes rayados como una gata me quitan hasta el aliento… se le notaba muy apenada sobre todo por la situación anterior, y el mesero que llegó a separarnos. - ella respondió-
- No me importaría que siguieras besándome, pero créeme que estoy que salgo corriendo al ver cómo nos miran, y ya no tengo tu pecho tan cerca para seguir escondiéndome. - solté una sonora carcajada que no pude evitar, y todos volvieron su atención a nosotros, si es que en algún momento dejaron de tenerla, mi Mariangel tan bella otra vez se sonrojó, esta iba a ser una cita prometedora. Y lo mejor de todo es que me estaba dejando llevar y así quería seguir. -llamamos al mesero e hicimos nuestros pedidos, quedamos en un silencio que no era incómodo, mientras esperábamos al chico con nuestra orden. Y entonces la miré y hablé:
-Mariangel, ¿Cómo has estado? ¿Cómo está tu familia?, estás muy linda, siempre supe que serías más alta que yo… jajajaja estamos casi iguales, te ves muy bien- ví como su color se tornó un rojo hermoso, y aquí iba mi corazón acelerándose cada vez más, si seguía mirándome así… no sabía si aguantaría para besarla otra vez. -Ella respondió-
-Miguel… haces que me sonroje, pero gracias, tú te ves muy bien con ese uniforme de militar, lo que siempre quisiste, te sienta excelente. - y ahora era yo quien sentía que se me subían los colores al rostro, que tierna cuando hablaba pero a la vez tan audaz, que provocaba un calor en mi cuerpo que sentía que me quemaría entero, y pensar que alguien estaba esperando por mi… no quiero pensar en ella, no ahora no. Respondí:
-Mi vida… yo… no he dejado de pensar en ti, en todos estos años mis sentimientos cada vez crecían más, yo quiero preguntarte algo, ¿Puedo?
- ella asintió- Tu… ¿Tienes novio? O ¿Estás con alguien?- ella me observo entrecerrando sus hermosos ojos antes de responderme:
-Miguel, respondiendo a tu pregunta, no, no tengo a nadie, es decir, no salgo con nadie, pero… ¿A que se debe que volvieras a buscarme?, porque sé muy bien que tienes a alguien en una relación, y no te atrevas a mentirme- me quede de piedra, pero enseguida reaccioné, no ella no podía saber eso y menos si iba a dejar a Kendra… - dije-
-No, no tengo nada con nadie, si, salí con alguien, pero… ya no, hace tiempo que no sé de ella, y si fue Rafael no deberías creerle, te dije que él estaba interesado en ti. - y así comencé a mentirle a Mariangel, y me sentía terrible, pero no quería perderla, a ella no, no lo permitiría, esperaría unos días para terminar con Kendra y quedarme con Mariangel eso era lo que debía hacer, pensé y pensé antes de venir aquí y sé que debo tomar la decisión. La oí decirme:
- ¿Estás seguro Miguel?, ¿No hay nada más? - me quede mirándola sin saber que responder- pero me arme de valor y le dije:
-Si, Mariangel estoy seguro… no tengo a nadie. Que tonto fui no debí mentirle, ella no merecía eso, y sé que me hubiese entendido y que me habría apoyado al decirle que la dejaría…